La triple personalidad de Mr Europa

Artículo publicado el 17 de Noviembre de 2009
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 17 de Noviembre de 2009
El tres es un número mágico. Tres son los deseos que concede cualquier hada o genio. Tres son las noches que tuvo que pasar Juan Sin Miedo en la casa encantada y tres son los cerditos del cuento. Las instituciones europeas no se libran del influjo y demuestran una especial predilección por los tríos.
Si tuviéramos que llamar a la Unión Europea, tres son los números que deberíamos marcar: el del jefe de Estado o de gobierno que ostente la presidencia semestral, el del comisario de asuntos exteriores y el Alto Representante, alias Mr Pesc.

Últimamente se habla mucho de la elección de un presidente para la UE y es que para derribar a este monstruo de tres cabezas, ha llegado nuestro héroe de leyenda: el Tratado de Lisboa. Lo suyo ha sido toda una odisea, como mandan los cánones, pero ahora que sólo tenemos que esperar al primero de diciembre para verlo vigente, es hora de repasar sus promesas.

Una representación unificada y visible es una de las asignaturas pendientes que arrastra la aplicada Unión Europea. Lisboa propone solucionarlo introduciendo una nueva figura: el Presidente de la UE.

Sin embargo, el nuevo presidente no va a ser el narrador indiscutible de las gestas comunitarias, pues la tríada se repite: al Presidente le acompañarán el Alto Representante y la presidencia de turno.

Otra vez tres. Sin contar que además, Lisboa institucionaliza una colaboración que ya se ha estado realizando: el Estado que ostente la presidencia de turno de la UE, lo hará en colaboración con el Estado anterior y el posterior.

Para salir del embrollo y saber si seguimos jugando a los tríos será necesario esperar a la entrada en vigor del tratado y a la elección de las figuras de Presidente y Alto Representante, ya que suelen ser cargos, como pasa en estos momentos con Javier Solana como Mr Pesc, que basan sus atribuciones en la personalidad y la capacidad de seducción de quienes los ostentan.

¿Finalmente, ya sólo queda preguntarnos una cosa…¿nos volveremos monógamos esta vez? Y más importante todavía, ¿este gusto por los tríos, será influencia de los franceses?

Texto de Mercè Aguilar.