¿La UE como en los tiempos de la RDA?

Artículo publicado el 6 de Abril de 2009
Artículo publicado el 6 de Abril de 2009

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"¡Somos el pueblo!" –más democracia en las elecciones europeas

Cuando hace 20 años los ciudadanos de Leipzig y otras ciudades de la antigua República Democrática Alemana (RDA) salieron a las calles a gritar “¡Somos el pueblo!”, exigían nada menos que libertad y soberanía. Habían entendido que estos son los garantes de la paz, el desarrollo y el bienestar. Ahora pueden viajar por todo el mundo. Pero mientras las oportunidades personales de los ciudadanos aumentaban, la posibilidad de participación democrática de la población se iba limitando de manera continuada.

Según el censo más reciente del Ministerio de Justicia, el 84% de las leyes aprobadas el año pasado fueron motivadas por reglamentos de la Comisión Europea. Dos ejemplos prominentes son la prohibición de fumar y el ampliado almacenamiento de datos personales. Precisamente estas leyes fueron aprobadas contra la voluntad de la mayoría de la población alemana. Con ello se ilustra perfectamente lo influyente que es la Comisión dentro de la UE. Desgraciadamente también es la más importante, dado que el Parlamento Europeo cumple cada vez más un papel consultivo; el Tratado de Lisboa reduce de manera masiva la iniciativa legislativa parlamentaria.

El último Parlamento que fue degradado a suplicante de su Ejecutivo se llamaba Cámara del Pueblo. El Gobierno se llamaba Politburó. 1989 trajo a su justo fin esta situación. Pero uno puede preguntarse por qué los ciudadanos europeos nos damos un Parlamento que no puede representar a su pueblo.

Tal vez se necesite que la gente vuelva a enarbolar el grito: "¡Somos el pueblo, también en Europa!"

Cuando hasta el representante de la fracción socialista en el Europarlamento, Martin Schulz (SPD), confirma en la radio el déficit democrático dentro de la UE, la necesidad de actuar parece insoslayable. Con razón, podemos preguntarle, a él y a otros parlamentarios, por qué hacen tan poco contra esta situación. Tal vez se necesite otra manifestación en Leipzig, pero también en París y Bruselas, en la que la gente vuelva a enarbolar el grito: “¡Somos el pueblo – también en Europa!”.

El autor es miembro de Newropeans, el primero movimiento ciudadano paneuropeo en defensa de más democracia en Europa.