La UE no es la profesora en clases de democracia

Artículo publicado el 28 de Noviembre de 2005
Artículo publicado el 28 de Noviembre de 2005

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El respeto de los Derechos Humanos en la zona Euromed es cuestionable, según Hélène Flautre, presidenta de la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento europeo.

La eurodiputada francesa y miembro del grupo de los Verdes, Hélène Flautre, de 47 años, se ve confrontada a menudo con la realidad. Se lamenta de la política europea de dos velocidades y del doble rasero en el proceso de democratización, e insiste en la necesidad de instaurar medidas eficaces de presión.

Tras 10 años del acuerdo Euromed en 1995, ¿siguen las declaraciones en materia de Derechos Humanos a la altura de los objetivos fijados en la Declaración de Barcelona?

No es necesario hacer un análisis muy profundo de la cuestión para constatar que el balance del respeto de los derechos contenidos en estas declaraciones es escaso. El desarrollo de la libertad de prensa, la independencia judicial, la democracia de los sistemas políticos o incluso el derecho de asociación, dejan mucho que desear. Sin embargo, este proceso ha permitido introducir instrumentos económicos, y establecer relaciones con las ONG y la sociedad civil a través del dialogo político. En el seno de Euromed encontramos dos problemas europeos esenciales: la gestión de flujos económicos y la lucha contra el terrorismo. Aquí, nuestros parlamentarios y sociedades civiles no han establecido la asociación necesaria para poder evaluar los progresos realizados. Seria necesario crear una red de actores políticos y asociativos regionales para que todos podamos participar.

¿Piensa usted que la nueva política de vecindad es más exigente?, ¿la estrategia de benchmarking competitivo permite cumplir los objetivos propuestos?

La nueva Política Europea de Vecindad (PEV) contempla planes nacionales de acción con objetivos más precisos en materia de Derechos Humanos y de derechos fundamentales, que son, de hecho, muy eficaces. Pero estos objetivos no han sido evaluados de forma clara aún en el seno de nuestra subcomisión, ya que la UE ha aceptado la petición de Israel de que no haya un subcomité de evaluación. Desde entonces, Europa esta llevando a cabo una política de doble rasero y pierde credibilidad de cara a otros socios como Marruecos, Jordania o Túnez. La idea de llevar a cabo un estudio sobre la situación de los Derechos Humanos caso por caso, es todavía una cuestión pendiente de debate. Sigue siendo fundamental que la evaluación en estos países sea de carácter individual, ya que allí los defensores de los Derechos Humanos no pueden llevar a buen término su trabajo. Por desgracia, no queda asegurado que el Parlamento tenga los medios necesarios para esta política.

¿Porque la UE no usa su poder de sanción cuando los Derechos Humanos son ignorados en los países mediterráneos?

La Unión Europea es incapaz de poner en marcha un dispositivo de presión. Túnez es un claro ejemplo al respecto: es el primer país signatario del acuerdo de asociación de la región. A pesar de su tasa de crecimiento y su desarrollo en las libertades de las mujeres desde hace décadas, Túnez hoy en día ha retrocedido en el respeto de los Derechos Fundamentales. La hipótesis que establece que el desarrollo económico es la antesala de la democracia no se mantiene en pie. Desde 1987 no se ha creado ninguna asociación nueva en Túnez, el gobierno bloquea algunos fondos, poniendo en peligro a la sociedad civil tunecina. Como ejemplo chocante está el de la Liga Tunecina por los Derechos Humanos, pues no recibe ninguna subvención estatal. Por lo tanto, es primordial que la UE encuentre las medidas de presión necesarias para evitar el debilitamiento de su imagen en el plano internacional.

¿Qué soluciones propone usted?

Girarían en torno a una Comisión Europea sin trabas y un Consejo que se imponga ambiciosas exigencias. El presidente tunecino Ben Alí, muy preocupado por su imagen, se vería obligado a actuar en consecuencia. Haría falta, por ejemplo, suspender ciertos tipos de fondos, por supuesto sin poner en peligro el desarrollo económico del país. A fin de cuentas, Túnez sigue siendo un desafío para la credibilidad del proceso euromediterráneo.

Acusada de tener un importante déficit democrático e inmersa en un Plan D balbuceante, ¿puede dar la Unión Europea lecciones de democracia?

Hay que dejar a un lado la idea de que la Unión Europea sea la profesora en materia de democracia y hay que evitar actitudes neocolonialistas. Se trata más bien de poner en marcha una base de compromiso común democrático a través de un pacto internacional. Las sociedades civiles de terceros países comparten nuestros valores como las libertades de asociación, de prensa y judicial. Aún más: la UE no debe actuar si no recibe una petición de democratización por parte de ellos. Asimismo, observo que las exigencias derivadas de la lucha contra el terrorismo ponen a prueba la promoción de la democracia y de los Derechos Humanos. Cuando la Unión Europea se muestra capaz de prever fondos financieros para las fronteras de Libia, hogar de terroristas, la credibilidad de la Unión Europea se pone a prueba.