La UE y Rusia engrasan su maquinaria diplomática

Artículo publicado el 23 de Noviembre de 2006
Artículo publicado el 23 de Noviembre de 2006
La cumbre UE-Rusia del 24 de noviembre centrará el diálogo en la mutua dependencia energética de ambas regiones.

Desde que el gigante del gas ruso, Gazprom, cortara el suministro de gas a Ucrania a comienzos de año, existe una creciente preocupación por que Rusia pueda utilizar su primacía energética para cohibir a la Unión Europea, quien en la actualidad importa el 30% del petróleo y el 44% del gas desde rusia. Los medios de comunicación y analistas políticos europeos se han preguntado si la UE debe proteger su suministro energético a través de la diplomacia o si, por el contrario, se deberían buscar socios energéticos alternativos.

Equilibrio de poderes

En realidad, tanto el nivel de dependencia como la amenaza a los intereses europeos suelen descalibrarse. Para empezar, mientras Ucrania recibe energía a un coste casi “subvencionado”, la Unión Europa no goza de tal privilegio. Nuestra compra es costosa y supone para Rusia alrededor de la mitad de sus ganancias por exportación. En segundo lugar, Rusia depende más del Mercado europeo que al revés, con casi dos tercios de su gas y petroleo viajando hacia el Oeste, hacia Estados miembros de la UE. Una decision en el seno de la UE del tipo de restringir las importaciones sería devastadora para las finanzas rusas.

Además, hay que tener en cuenta que Europa es libre de buscar otros proveedores, pero también, como apunta un reciente informe del Centro de Política Europea, “no está claro hasta qué punto las principales alternativas –Irán, Nigeria, Venezuela, Algeria y Libia-, supondrían relaciones más estables, cordiales y de confianzas que Rusia”. Para los rusos, sin embargo, encarar un cambio en su sistema de exportación orientado hacia China o los Estados Unidos entrañaría algunos riesgos. Los costes de producción y transporte serían elevados –en relación al petróleo, las estimaciones apuntan que el barril producido en Rusia cuesta unos 12-14 dólares, frente a los 1-1,5 de Oriente Medio. El transporte por tierra hasta China elevaría el precio unos 5-7 dólares más-, y por tanto, dicho cambio en las exportaciones rusas se produciría sobre un incremento importante de los precios. En el momento en que éstos volviesen a sus niveles anteriores, Rusia volvería a depender del Mercado europeo.

Una balsa de aceite en las turbulentas relaciones con rusas

No obstante, a pesar de la fuerte mano negociadora de la UE, se mantiene la percepción de que Europe se ha acorbardado ante la amenaza de la “diplomacia energética” rusa. Esta situación contrasta en especial con la dureza de los comentarios del vicepresidente estadounidense Dick Cheney el pasado mes de mayo en Lituania, cuando resaltó el fracaso de Rusia en la protección de las libertades.

La realidad, sin embargo, es más sutil. "existe una agenda secreta”, afirma un experto británico en asuntos de Europa Oriental que prefiere no dar a conocer su nombre. “Los líderes europeos aceptan a Putin como una fuerza estabilizadora en la política rusa, con capacidad para cooperar en áreas como la lucha contra el crimen organizado o el terrorismo internacional”.

La UE requiere una entidad estable y cooperadora en sus fronteras mientras se consolidan los procesos de cambio en el Este, y la Rusia de Puntin tiene ambas cosas. Rusia y la Unión Europea están llevando a cabo con éxito un Plan de Acción conjunta para combatir el crimen organizado, así como un compromiso para cooperar en países como Moldavia o Yugoslavia. Europa no sólo ha hecho un considerable esfuerzo para afrontar el desafío que supone la consolidación del poder de Putin. Mientras sienten la desazón de la eliminación de los medios independientes o el tratamiento que reciben oponenentes como Jodorkovsky, en privado muchos líderes creen que este “democracia controlada” de Putin es la peor forma es la peor forma de gobierno para Rusia, con excepción de todos los “ensayos” anteriores.

Además, los líderes europeos parecen ser conscientes de la limitada influencia que cualquier actor externo, incluida la propia UE, puede tener ahora sobre el desarrollo político de Rusia. Una vez consolidado su poder, Putin mantiene una popularidad desbordante entre los suyos, y sus drásticas medidas contra oligarcas opositores como de Berezovsky o Jodorkovsky la han acrecentado. Incluso el abandono del sillón presidencial cuando expire su segundo mandato en 2008, no será el final de Putin. En palabras de Charles Clover, corresponsal del Financial Times en la antigua Unión Soviética y autor de un libro que está a punto de ver la luz sobre ideología conservadora en la Rusia postcomunista, “su sucesor será casi con total seguridad una persona de confianza cuidadosamente seleccionada, y mientras existe el impedimento constitucional de perseguir un tercer mandato en esta década, Putin estará de nuevo en la brecha para las elecciones en 2012”.

¿Hacia dónde van las tuberías?

De este modo Rusia se ve forzada a trabajar con la emergente entidad europea; y Europa se encuentra dirigiéndose a sí misma, más por elección que por las circunstancias, para tratar con el régimen en sus nuevas fronteras en el Este. Europa tiene ya más fuerzas en sus relaciones de la que se percibe. A través de la diversificación de sus fuentes de energía y de sus buenas relaciones con los Estados que la rodean, puede ver incrementada su influencia.

Lea la entrevista con Piotr Maciej Kaczyski sobre la crisis dipolomática desatada entre Polonia y Rusia.