La UE y Rusia vuelven a las caras largas

Artículo publicado el 9 de Diciembre de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 9 de Diciembre de 2004

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

La pospuesta cumbre entre la UE y Rusia finalmente tuvo lugar la semana pasada y las relaciones, ya de por si deterioradas, no se han visto ayudadas por la crisis política en Ucrania.

Putin había amenazado con boicotear la 14ª cumbre entre Rusia y la UE después de que quedase claro que existían pocas posibilidades de aprobar el Acuerdo para la Cooperación y el Desarrollo (PCA) -un tratado de gran calado que perfila cuatro "espacios comunes" entre Rusia y la Unión Europea (Economía, Seguridad interior, seguridad exterior y Derechos Humanos). Tras esto, se pospuso la cumbre, principalmente debido a trifulcas generadas en torno a la nueva Comisión Barroso. Cuando por fin se celebró la cumbre, tan sólo se llegó a un acuerdo sobre los dos primeros "espacios comunes".

Los problemas que han rodeado esta cumbre son sintomáticos de la deteriorada naturaleza de las relaciones UE-Rusia, y la crisis de Ucrania, nuestro vecino común, no ha hecho sino sumarle la puntilla. Putin se ha apresurado a felicitar a Viktor Yanukovich (el Candidato pro ruso), y la UE está convencida de que los resultados electorales se ha manipulado para evitar la victoria de Viktor Yuschenko (el candidato pro europeo). Como muestran las diferencias sobre Ucrania, tanto los Derechos Humanos como la Seguridad exterior continúan siendo puntos de fricción, a lo que se suma el temor de Rusia a perder influencia en su patio trasero, lo que ha imposibilitado alcanzar el principal objetivo de la cumbre: estrechar los lazos entre Rusia y la Unión.

¿Rusofobia o crítica constructiva?

Es cierto que nuestros vínculos económicos son sólidos: la UE es destinataria de más del 50% de las exportaciones rusas y es altamente dependiente tanto de su gas como de su crudo. A nivel político la cosa cambia y no reina tanta cordialidad. La UE teme que algunas prácticas rusas, como la antidemocrática reforma política que Putin anunció inmediatamente después de la tragedia de Beslan, vayan "contra los valores universales y europeos", como quedó de manifiesto en un documento de la Comisión a principios de este año. Con la ampliación de la Unión, la mirada crítica hacia Moscú ha aumentado, siendo Polonia y los Estados Bálticos especialmente reticentes hacia Rusia. Por su parte, Rusia se queja del trato que reciben sus minorías en esos países y alega "rusofobia" ante Bruselas. Putin también está disgustado por los comentarios de algunos líderes europeos sobre la situación interna rusa, como recientemente quedó de manifiesto cuando el ministro de asuntos exteriores holandés, Ben Bot, acusó a las autoridades rusas de haber generado el caos en Beslan.

Ucrania divide a la UE

Las actitudes respecto a Ucrania son el reflejo de la brecha existente en el seno de la Unión, aún mas visible desde la ampliación. Por ejemplo, los polacos han estado ejerciendo mucha presión para entablar una relación especial con Ucrania (y posteriormente con Bielorrusia ) que en el futuro pueda concretarse con su admisión en la Unión. Argumentan que cuanto más tiempo ignoremos a estos países mayores posibilidades habrá de que caigan en las autoritarias garras rusas. Por contra, los países más alejados de Ucrania parecen estar más preocupados por mantener los lazos bilaterales con Rusia. Además, encuentran que la adhesión de otro país grande y necesitado a la Unión es simplemente imposible. Por eso, a pesar de los esfuerzos polacos, no hay consenso para ofrecerle a Ucrania una posible fecha para abrir las negociaciones de entrada con la UE. Esta división interna en la Unión, avivada por el desacuerdo económico y por una desafortunada política exterior común, fortalece diplomáticamente a Putin.

Como resultado, los líderes rusos se hallan en una situación cómoda para exigir grandes beneficios. Quieren ser tomados en serio y están menos interesados por la fraternidad que por las ventajas económicas y diplomáticas. Tanto es así que la ratificación rusa del Tratado de Kyoto sobre el cambio climático sólo se produjo después de que la UE apoyase su ingreso en la Organización Mundial del Comercio y le garantizase otras ventajas económicas. Esta misma tozudez, pero mostrada sobre los “espacios comunes“ ha obstaculizado la cumbre de la semana pasada que finalmente no consiguió alcanzar resultados satisfactorios.

La autoestima de Rusia se siente herida por la creciente presencia occidental en Ucrania y es probable que en el futuro trate de proteger su esfera de influencia incluso con más firmeza.