La última oportunidad de Chipre

Artículo publicado el 16 de Abril de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 16 de Abril de 2004

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El 24 de abril los ciudadanos de Chipre deciden sobre la reunificación. La isla permanece dividida desde hace 30 años. ¿Será insuficiente la perspectiva de la UE para unir a Chipre?

Los griegos se han reído a base de bien: “No tenemos nada que perder. ¡Podemos rechazarlo (el plan) y a pesar de eso, adherirnos a la UE!”, dijo orgulloso un periodista griego, declarándose de esta manera de acuerdo con la llamada del dirigente de la Chipre griega, Tassos Papadopoulos, a la población para rechazar de forma amigable la propuesta de Naciones Unidas para la unidad de la isla mediterránea. Por lo menos en este punto reinaba el acuerdo entre los líderes políticos de ambas poblaciones.

El jefe de la parte turca, Rauf Denktasch, también se había manifestado en contra del “Sí” a la creación de una campaña para la unificación, ya que él temía “un futuro lleno de riesgos” para la minoría turca. El electorado de ambas partes parece que va a manifestarse en contra de estas propuestas: los sondeos pronostican un 76% de votos en contra en el sur e incluso la aprobación de los turcos, que en un principio se dio por segura, se tambalea.

El modelo suizo

El debate sobre el plan propuesto por Kofi Annan tras el fracaso de las negociaciones en la localidad suiza de Bürgenstock para revisar por cuarta y última vez dicho plan, simplemente sirve para constatar el pensamiento de ambos grupos de població: los turcos temen que su comunidad vaya a ser desintegrada por masas expectantes de griegos que antes poblaban esas tierras y la limitación del tráfico de personas. Los griegos prevén que un 18% de la población como máximo volverá a esas tierras, un número tan pequeño como el de las tropas turcas que se mantendrán hasta que Turquía consiga eventualmente la calidad de miembro de la UE.

Además de ponerse en guardia ante el plan, Chipre se niega a gobernar una especie de confederación con el modelo de los cantones suizos. En la cumbre debería establecerse un nuevo consejo presidencial, con seis representantes griegos y tres turcos, siempre y cuando se cuente con el acuerdo de dos tercios de la mayoría de la población griega.

La sempiterna excepción

Si sólo una de las dos comunidades rechaza el plan, la isla permanecerá dividida. En ese caso, sólo la parte griega de Chipre formaría parte de la UE el 1 de mayo y la administración turca del norte no sería oficialmente reconocida, debido a que una parte del terrorismo en la UE está amparada por los turcos desde el punto de vista del derecho internacional.

Cuando el Alto Representante de la Política Exterior y Seguridad Común de la UE, Javier Solana, afirmó en la entrevista realizada por cafè babel en febrero que “no es muy útil enfocar el tema desde esa perspectiva” dejó claro que Chipre será excluida considerablemente, por lo menos de forma temporal, de los derechos vigentes en la UE. ¿Será Chipre la sempiterna excepción?

Por el momento eso parece. Y cualquiera que tenga dos ojos, se dará cuenta de que son los mismos chipriotas los que tendrán que ocuparse de las consecuencias de esta situación.

Por ahora a Annan se le ha metido entre ceja y ceja su llamada a la paz: “permítanos aprovechar esta oportunidad para la paz en una Chipre unida”. Mientras, el comisario para la ampliación de la UE, Günther Verheugen, profetiza en forma de amenaza: “una oportunidad tal no va a estar siempre disponible”.

Realmente existe el temor a que el problema de Chipre desaparezca de repente del foco de la política mundial tras la renuncia del pueblo y la adhesión. La UE parece haberse resignado a continuar con el trasfondo de una negativa a la unión por parte de Turquía y a aceptar un estatus especial para el periodo intermedio. Chipre nunca había acaparado tantas miradas, posiblemente no vuelva a ser el centro de atención nunca más. Y quizá los chipriotas estén desaprovechando con su renuncia al plan de Annan su última oportunidad para encontrar una solución.