La Unión Europea juega con fuego en Montenegro

Artículo publicado el 20 de Mayo de 2006
Artículo publicado el 20 de Mayo de 2006

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El 21 de mayo, los 600.000 habitantes de Montenegro se pronunciarán sobre su independencia. Al imponer una "super-mayoría" del 55% para que el resultado sea válido, la UE asume el riesgo de agregar confusion a ésta crisis.

De las dos repúblicas que conforman la Comunidad de Estados de Serbia y Montenegro, este último es el país mas pequeño. Esta federación, en la que dos entidades cooperan sólo en materia de defensa y de política exterior, es producto de los Acuerdos de Belgrado de marzo 2002. En esa época, el miedo a que la independencia de Montenegro precipitara una solución prematura para el estatuto final de Kosovo atenazaba a los responsables de Bruselas. Para satisfacer a los gobernantes de Podgorica -capital de Montenegro-, que no han cesado de clamar por su autonomia con respecto a Belgrado, se aprobó una moratoria de 3 años al cabo de los cuales la petición independencia podría ser votada y adoptada.

Enemigos declarados

Desde entonces, Milo Djukanovic, el Primer Ministro de Montenegro, no ha cesado en sus esfuerzos para que su país obtenga la independencia. Apoyado por el Partido Socialdemócrata y una coalicion de partidos representando las minorías Albanesas (7% de la población) y Bosniacas (12%). Milo Djukanovic se comprometió a realizar un proceso de reformas económicas y sociales valerosas -a diferencia del inmovilismo de Belgrado- y a la suspensión en mayo de las negociaciones establecidas con Belgrado con intención de establecer un acuerdo de estabilización y de asociación, e insistir en la voluntad de emancipación de Montenegro. Para los independentistas, el acercamiento de Montenegro a la Unión Europea se retrasa debido a las políticas renuentes de Serbia, en especial por el rechazo de entregar al General Ratko Mladic, acusado de crímenes de guerra por el Tribunal Penal Internacional para la Ex-Yugoslavia (TPIY).

En el campo de los partidarios de la Comunidad de Estados de Serbia y Montenegro se encuentran los principales partidos de oposición de derechas, abiertamente apoyados por Belgrado, así como por el 37% de los serbios que viven en Montenegro, quienes insisten en los peligros de un Estado "privatizado" por la coalicion en el poder, ahora que han regresado, según ellos, los tiempos del "paraiso de las actividades ilegales". Los unionistas esgrimen de igual manera el argumento de la amenaza de una independencia que motivaría a la minoria albanesa a reivindicar más autonomía, escenario que recuerda pérfidamente los origenes de los conflictos armados en Kosovo y en Macedonia.

Situación inextricable

Impuesta una mayoría excepcional del 55% para que la independencia sea reconocida, la Unión Europea desea contentar a Serbia, en donde el nacionalismo se ha disparado desde la muerte del dictador Milosevic. Sin embargo, Bruselas desea de igual manera favorecer las negociaciones sobre el estatuto final de Kosovo y la legitimidad de un eventual Estado Montenegrino independiente. Con esta posición ambigua los europeos han asumido el riesgo de disgustar a todo el mundo. De hecho, un resultado de "síes" superior al 50% e inferior al 55% tendría como consecuencia el no reconocimiento de la independencia de Montenegro -tan deseada por la mayoria- así como el fin de facto de la Federacion actual que se hundiria en un proceso de debilitamiento cuyo futuro nadie podría predecir.

Cualquiera que sea el resultado del referendo, la Unión Europea debe asumir su responsabilidad y actuar de manera pragmática. La independencia de Montenegro debe ser aceptada -si una mayoria se pronuncia, por supuesto-, pues resolver la cuestion de Montenegro de una vez por todas es el mejor remedio para los males que sufre Serbia.