La Unión hace la compra

Artículo publicado el 26 de Diciembre de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 26 de Diciembre de 2004

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Nombre en clave: GAS, o “grupo de compra solidaria”. La nueva fórmula para hacer la compra. Colectivo. Y solidario.

Olvidense de las largas colas en el supermercado. Con los GAS, los grupos de compra solidarios, la compra se hace de modo colectivo e inteligente. Empezó en la región de Emiglia Romagna en 1994; hoy ha alcanzado importantes dimensiones incluso en la capital italiana de los negocios, Milán. El GAS consiste en grupos de ciudadanos que se organizan para comprar productos alimenticios o bienes de larga duración al por mayor. Concretamente, los miembros del GAS redactan una lista de productos, recogen los pedidos de las familias y de los adheridos individuales, y los transmiten a los diversos productores anteriormente seleccionados. Una vez recibida la mercancía, esta se distribuye a los miembros que pagan lo correspondiente a lo que han encargado.

Efecto encarecimiento

Las motivaciones y los objetivos de los GAS son múltiples, pero en general en todas se percibe una cierta voluntad de reaccionar al consumismo y a los dogmas del capitalismo a través de una iniciativa concreta de economía solidaria. La finalidad de los GAS es ante todo dar la oportunidad a sus miembros de aliviar los efectos de la inflación, y así ahorrar dinero. La unión de más consumidores permite de hecho comprar grandes cantidades de mercancía en el comercio al por mayor, y obtener así precios más convenientes respecto a los canales tradicionales. Pero las ambiciones de los GAS no acaban aquí. Objetivo: forjar un consumidor “crítico” reacio a la publicidad y a las presiones mercantilistas, y que compra, a través de canales no convencionales, productos “éticos” en caso contrario marginados.

Desde el productor al consumidor (crítico)

Los GAS compran preferiblemente productos provenientes de pequeños productores locales en crisis por un mercado “dominado por las multinacionales”, e ignorados por los canales de la gran distribución. Además de seleccionar los productos en función de criterios de respeto al medioambiente y al trabajo, los GAS instauran una relación directa entre los productores y los consumidores, y esto con el fin de conocer el comportamiento de la empresa productora, los métodos de trabajo, su filosofía y las características de los productores mismos. El contacto directo da una ventaja económica tanto al productor como al consumidor, porque evita la intermediación de la cadena distribuidora. Y así, hace también accesible a las familias con bajas rentas los productos biológicos hoy reservados a un restringido nicho de privilegiados. Pero la elección de comprar sólo productos locales va más allá de la simple exigencia económica: reduce la utilización de los embalajes y aumenta la ocupación ya que a los bienes producidos localmente son intensivos en manos de obra. No sólo eso. Los GAS prefieren las empresas que asumen discapacitados, categorías desfavorecidas o marginadas.

EL pensamiento solidario

¿Pero, cual es la medida del éxito de los GAS? Cierto, las iniciativas de economía solidaria abundan, pero, en tiempos de crisis económica, la consagración de los grupos de compra solidaria como modo de consumo alternativo ha reavivado, al menos en Italia, el debate sobre los numerosos fallos del modelo capitalista y sobre los intentos de la sociedad civil por encontrar un camino alternativo. La economía solidaria, fenómeno presente en toda Europa, es una realidad en aumento, que busca desmentir el modelo de desarrollo capitalista basado en el dogma de que el mercado, él solo, está en grado de garantizar el bienestar y el desarrollo. Y rechaza la tipología del ciudadano fruto de la sociedad mercantilista, un ciudadano inclinado a la lógica del provecho que corre al supermercado en búsqueda de la felicidad.

Los defensores de la economía solidaria denuncian en qué medida el modelo capitalista falla en la distribución equitativa de los recursos, aumenta la pobreza y la exclusión, vacía la democracia en favor de los grandes poderes económicos, vacía el Estado social y la protección laboral; y pone en peligro el equilibrio medioambiental del planeta. Considerar el desarrollo sólo en términos de consumo y producción es equivocado, también por el hecho de que los estándares de vida occidental no podrán nunca ser los mismos en todo el planeta a causa de la escasez de los recursos. A los conceptos de competencia y acumulación, contraponen la cooperación y la generosidad.

En la galaxia de la economía social, los GAS se proponen crear o preservar espacios de consumo y de producción alternativos a los de masas. Si es inverosímil -a este nivel de evolución del modelo capitalista- una difusión generalizada de esta iniciativa, queda su valor simbólico y educativo por la construcción de una sociedad capaz de aliviar las injusticias y garantizar un verdadera calidad de vida.