La Unión no respeta la soberanía belga

Artículo publicado el 29 de Julio de 2008
Artículo publicado el 29 de Julio de 2008
La cobertura que se hace en Europa de la crisis política belga no agrada a los medios locales de este país, que opinan que la ubicación de las instituciones europeas perjudica su autonomía en asuntos de Estado.

“Los problemas de nuestro país tienen que ser resueltos por el gobierno belga, de forma provisional o definitiva, pero no puede directamente llegar a la Comisión Europea sin previo intento de solución nacional”. Con estas palabras explica Sophie Vanlommel, redactora de un periódico local de Amberes, el malestar que siente la población belga respecto al tratamiento de su información en algunos medios, que confunden la soberanía belga y la europea.

Los medios belgas, más unidos que los políticos

Los redactores de publicaciones de las dos regiones protagonistas de la crisis belga, Flandes y Valonia, afirman que el uso del francés o neerlandés no es una barrera comunicativa dentro del país. Al contrario, los medios belgas, aunque priorizan las noticias de su zona, cubren las del resto del país, dando un claro ejemplo de pluralidad, algo de lo que los políticos belgas no parecen tomar nota.

La dimisión del primer ministro belga no ha hecho más que agravar la preocupación que por uno y otro lado se tiene ante la situación actual. Los titulares de estas dos últimas semanas muestran que la insostenibilidad del país ocupa el número uno en la lista de problemas nacionales. En este sentido, al ser preguntados por el papel que juegan en esta separación francófona-flamenca, ambos bandos coinciden al afirmar que “se limitan a informar sin hacer campaña”.

Los flamencos quieren caer simpáticos

En este sentido, corresponsales de medios internacionales afirman que, quizás por tratarse de Bruselas, los medios francófonos son mucho más “asequibles” al resto de profesionales de la comunicación que los flamencos. A pesar de ello, indica María Ramírez, corresponsal de El Mundo, “la parte flamenca está haciendo un claro esfuerzo por ganarse la simpatía de la opinión pública internacional y últimamente nos invitan a castillos de ensueño para dar a conocer su cara amable y su disponibilidad”.

Para Sophie Vanlommel, la radicalización a la que ha llegado la educación belga es “demasiado”, y resta riqueza a la diversidad cultural del país. Solo en Bruselas, una especie de oasis en medio de la confrontación, los padres pueden elegir, en la enseñanza pública, si sus hijos recibirán las materias en francés o neerlandés. Sophie es completamente bilingüe como muchos de sus compañeros y recalca que el compañerismo entre colegas de profesión es “excepcional, somos de un lado u otro solo técnicamente para escribir”, añade.

La información belga arrinconada ante la europea

En lo que se refiere a la información exclusivamente belga enviada a sus respectivos países por los corresponsales extranjeros, esta queda en segundo plano en relación con aquellas producidas por la UE en la capital belga. Por supuesto, es un terreno que deben cubrir los periodistas, pero los enviados en Bruselas tienen como prioridad Europa. Entre ellos, solo Rolf Fredriksson, corresponsal de la televisión pública sueca, asegura que dedica el mismo trabajo y tiempo a Bélgica que a la Unión Europea.

Durante estos días, la confusión de Europa y Bélgica que muchos medios exportan no agrada en absoluto a la población de este país. Quizá solo hechos como la dimisión de un gobernante recuerdan a la opinión pública europea que Bélgica, ensombrecida por la Unión, tiene bandera propia.