La Unión por el Mediterráneo: entre esperanzas y realismo

Artículo publicado el 20 de Diciembre de 2008
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 20 de Diciembre de 2008
El 14 de julio de 2008 en París, el presidente Nicolás Sarkozy se rodeó del conjunto de los jefes de Estado de los países limítrofes del Mediterráneo con el objetivo de crear la Unión por el Mediterráneo (UpM).
Este proyecto se sitúa en la misma línea del proceso de Barcelona, iniciado en 1995 con la intención de favorecer una integración de los países del Mediterráneo en proyectos supranacionales similares a los que se considera que la Unión Europea debe realizar.

La Unión por el Mediterráneo es la obra que un buen número de intelectuales de todas las orillas del famoso mar han deseado llevar a cabo desde hace muchos años. A saber, la integración bajo una misma identidad de naciones compartiendo una identidad y una historia comunes.

Efectivamente, ¿no es el Mediterráneo la matriz de la cultura occidental?

La escritura, ¿no ha sido inventada en las ciudades mesopotámicas que bordean el Éufrates y el Tigris en Siria y en Irak? Nuestro alfabeto, ¿no ha sido elaborado por los pueblos de Oriente Próximo situados sobre el litoral sirio-libanés o palestino? ¡Qué decir además de la notable influencia que tuvieron civilizaciones como el antiguo Egipto o Grecia en la marcha del mundo hacia el progreso y el conocimiento! Podemos añadir además el nacimiento de tres regiones monoteístas en el corazón de Oriente Próximo. Por su parte, civilizaciones como Roma, Constantinopla y la civilización árabe-musulmana han modelado nuestra cultura actual y a toda la humanidad. Nuestra civilización, la cultura y la lengua francesa a la cabeza son el resultado de todas estas evoluciones a lo largo del tiempo, (si cher) Fernand Braudel. Gracias a todo esto, parece legítimo crear un espacio como la UpM.

Sin embargo, una parte de Europa del Norte, con Alemania a la cabeza, más ajena a la cultura mediterránea, no se ha unido con entusiasmo a este proyecto.

Existía el miedo de ver desarrollarse una Unión competitiva para la ya consolidada por los Estados europeos. Por eso, la canciller Merkel ha reclamado la asociación de todos los países de la UE a este proyecto, aportando así una mayor carga administrativa y operacional a la UpM, pero garantizando, según la presidenta alemana,  una cierta coherencia.

A pesar de esta oposición de los Estados asociados con Francia más por motivos y realismo económicos que por pasión y similitudes culturales, la UpM se ha definido completamente y ha elegido tres grandes ejes para estructurar sus acciones:

Establecer un amplio proyecto ecológico con capacidad para salvaguardar el medio ambiente biofísico marino y para luchar contra la contaminación que sufre la cuenca mediterránea.Promover intercambios económicos entre las dos orillas del Mediterráneo con la ayuda de un acuerdo de libre intercambio, pero también con la puesta en marcha de lazos intercontinentales competentes.Favorecer la movilidad de los estudiantes y de los aprendices gracias a la creación de una especie de Erasmus a escala de países del UpM.

Varias intenciones subyacentes a la iniciativa francesa

En primer lugar, es cuasi seguro que París, país de la orilla norte, ve en la UpM una oportunidad de aumentar su influencia económica y beneficiarse de sus salidas para sus industrias y sus empresas. El riesgo es ver que estos programas comunes sirvan a los intereses de las compañías francesas, italianas y españolas en detrimento de una política de desarrollo local que beneficie a los habitantes de los países de la orilla sur, que pueden quedarse atrasados tecnológica y económicamente.

Francia ha querido retomar la iniciativa políticamente sobre esta zona mediterránea, dominada en otro tiempo mayoritariamente por Estados Unidos. Con el objetivo de acomodar su influencia sobre el Magreb y establecer nuevas posiciones en Oriente Medio. Por ejemplo, para el problema entre Israel y Palestina, Francia considera que no habría mejor intermediario que la UpM.

Sin embargo, la cuestión de los derechos del hombre se ha ocultado notablemente. El conjunto de los países de la orilla sur, Túnez, Egipto, Libia, Argelia, Siria, Israel y, en menor medida, Líbano y Marruecos, se aleja en algunos aspectos del respeto de las libertades individuales, del derecho de las minorías, de la libertad de expresión, del pluralismo político y del respeto de las resoluciones de Naciones Unidas que establece el derecho internacional.

La lucha contra el aislamiento de los países de tradición musulmana

Los programas de intercambios entre universidades pueden quizás favorecer una apertura de espíritu mutuo entre las dos orillas y un mejor conocimiento de ellas. Pueden también permitir a los países del sur tener una mano de obra que disfrute de las últimas innovaciones tecnológicas y susceptibles de favorecer el desarrollo económico nacional que no se quede sólo en Europa.

La elección de Barcelona como sede de la UpM puede augurar un cierto desequilibrio

La razón que se alega para justificar la sede de la futura UpM en la ciudad catalana es que el proceso de Barcelona dio a luz a esta coalición de países. Sin embargo, Barcelona no tiene una situación realmente central en el seno del Mediterráneo. Además, habría sido más justo elegir una ciudad de la orilla sur como capital de la UpM. En este sentido, París presionó para obtener la elección de Túnez, que presenta una situación central entre el Mediterráneo oriental y occidental y que fue la antigua Cartago, ciudad comercial de mayor importancia por ser equidistante respecto al conjunto de países del Mediterráneo.

Esperemos que esta elección no entrañe una Unión sólo económica que beneficie a Occidente y a su búsqueda de ventajas mercantiles. El apartado educativo y medioambiental tienen, sin embargo, objetivos más relacionados con una óptica de desarrollo sostenible, de diálogo intercultural y de enriquecimiento mutuo para favorecer objetivos comunes y compartidos.

Marc Terrisse

Traducción: Alfonso C. Cobo Espejo