La universidad se va de picnic

Artículo publicado el 8 de Noviembre de 2007
Artículo publicado el 8 de Noviembre de 2007

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Se acabó mudarse a la ciudad para cursar estudios superiores. Ahora son las universidades las que se instalan en el campo: se conocen como universidades rurales y su implantación está en auge en toda Europa.

Situadas en pequeñas localidades, las universidades rurales se constituyen como campus residenciales donde los estudiantes viven, estudian y respiran aire puro a la vez. Crean un nuevo concepto de campus donde el mundo rural se estrena como escenario para los estudios al más alto nivel.

El origen de las universidades rurales se encuentra en Estados Unidos, donde la creación de inmensos campus pluridisciplinares obligó a ir alejando cada vez más la universidad de los núcleos urbanos. “Los pájaros trinan, el césped es verde y sopla una leve brisa. Los estudiantes caminan hacia clase, se sientan a leer bajo los árboles o hacen deporte”. Esta es la idílica imagen que vende la Bethany College, una de las primeras universidades rurales fundada en 1840 que se encuentra en el estado de West Virginia.

En Europa las primeras disciplinas que comenzaron a marcharse al campo son las que tienen que ver con la naturaleza, como Biología, Medio Ambiente o ingenierías, como Agrónomos, Montes o Minas. De esta manera encontramos que en los países europeos se están implantando dos tipos de universidades rurales: por una parte los macro-campus que no caben en las grandes ciudades y por otra parte las pequeñas y prestigiosas escuelas que tienen un duro proceso de selección.

Un ejemplo de macro-campus sería el de la localidad de Wageningen, en Holanda, es famosa por su Universidad Agraria especializada en ciencias naturales. La ciudad cuenta con alrededor de 35.000 habitantes de los que unos 7.000 están empleados en la universidad.

La elite pasta en el campo

En el extremo opuesto de esta tendencia se encuentra la Escuela Cantonal de Arte de Valais en la localidad de Sierre en Suiza. En total cuenta con no más de 150 alumnos en los que se encuentra Aurélien Collas. A sus 26 años, Aurélien dejó su París natal para estudiar un Master de Arte en esta pequeña localidad de 17.000 habitantes cuya actividad principal es el turismo rural y la fabricación de vino. Aurélien reconoce que para los ratos libres es “un lugar ideal para practicar el senderismo o el esquí”, sin embargo confiesa que la mayoría los dedica a “divertirse con los otros estudiantes o delante de la playstation”. Reside en la misma escuela con sus compañeros y el coste del alojamiento es de 258 euros al mes. En total, entre los dos años del Master of Art in Public Sphere son una quincena de estudiantes y las pruebas de acceso son muy selectivas, aunque una vez admitido, y pagando las tasas de 2.700 euros al año, se aseguran la mejor educación artística con profesores que se desplazan desde Estados Unidos, Canadá, Sur África, México o Australia.

“La universidad rural no es tu sitio si buscas el anonimato en una clase de 400 alumnos”, explica Jamey Temple, Relaciones Públicas del Cumberland College, en Nueva Zelanda. En este tipo de campus se da un “contacto personal” entre los profesores y los alumnos “que no es nada habitual en el ambiente urbano”, ya que por lo habitual las clases son mucho más reducidas y al convivir en el lugar de estudios las relaciones son mucho más cercanas.

Sin embargo, como todo, vivir y estudiar en medio de la naturaleza también tiene sus inconvenientes y el primero de ellos es el transporte. Para Aurélien llegar a Serre “no es muy complicado, hay una línea de tren aunque es bastante cara”. No obstante, las pequeñas localidades están mal comunicadas entre sí, por lo que las universidades intentan facilitar el medio de transporte a sus estudiantes con autobuses regulares hacia las ciudades más cercanas.

Lo que Aurélien echa de verdad en falta en las localidades como Serre “es la posibilidad de desaparecer en la multitud de gente que hay en una gran ciudad”, aunque como artista “en París eres uno entre un millón y en Berlín o Londres sólo eres un parisino más”.