La variedad de modelos de estado

Artículo publicado el 29 de Marzo de 2004
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Artículo publicado el 29 de Marzo de 2004

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Desde el centralismo francés hasta el estado español de las autonomías: en el piélago de mapas de estados europeos hay modelos para todos los gustos. Sin embargo, no existe una solución definitiva para todos.

La Europa que, en lo político, desea ser una, se caracteriza a su vez por abarcar un sinnúmero de modelos políticos. Las diferencias se deben a la historia y cultura propias de cada país. Desde el "federalismo cooperativo” de Alemania, al “federalismo competitivo” de España, pasando por el centralismo de Francia, la República Checa o Eslovaquia... No se trata de poner nombre al modelo general para la Europa unida, sino de ver cómo organizan su vida política los distintos países de Europa.

Los Länder y el estado federal

El federalismo tiene en Alemania una gran tradición, que se vio interrumpida entre 1933 y 1945 por el unitario estado nacionalsocialista. Después de este periodo oscuro, exigido además por las cuatro potencias ocupantes, nada hacía dudar de que Alemania volvería a formar un estado federal. Así, en 1949 se fijaron las bases legales pertinentes, las cuales ganaron vigencia tras la reunificación del país. En Alemania funciona una división de poderes tanto horizontal como vertical, es decir: los poderes legislativo, ejecutivo y judicial se ejercen tanto en cada uno de los 16 Länder, como en el estado federal. Por consiguiente, los distintos poderes están fuertemente controlados. Los Länder poseen amplias competencias (por ejemplo, en educación), pero al mismo tiempo debe tener lugar una compensación económica solidaria que conduzca a la igualdad entre los Länder ricos y los Länder pobres, y que impida la rivalidad entre los mismos. Durante los últimos años, especialmente desde la reunificación y agregación de los Länder más pobres, este principio democrático ha sido objeto de crítica por parte de los Länder más ricos, como por ejemplo Baviera, a quien no le hacía gracia verse en el futuro en el rol de eterno pagador.

Cada Land vela en el Bundesrat por proteger sus intereses en el plano federal. Dependiendo del tamaño de su población, cada Land dispone de entre uno y tres representantes.

“El federalismo competitivo”

España se caracteriza por sus diferencias, considerables y manifiestas, tanto en el plano cultural, como en el étnico, nacional y territorial. La diversidad regional, la rivalidad entre las distintas regiones y la aplicación de los diferentes idiomas están, desde hace mucho tiempo, en la agenda política de España. Sin embargo, su pluralismo territorial, y subsiguiente descentralización, no resultan precisamente de la Constitución Española de 1978. La realidad ha sido la que ha llevado, no obstante, a lo que algunos denominan “federalismo competitivo”. La expresión “estado de las autonomías” no se menciona en la Constitución. La regionalización política y la descentralización del estado se alcanza con la competencia regional intencionada y con las negociaciones políticas estratégicas entre las comunidades históricas (País Vasco, Galicia y Cataluña) y el gobierno central. Se trata de un proceso progresivo, las regiones negocian y ensanchan su estatus y competencias una y otra vez. Cada una de las 17 comunidades autónomas deciden su propio modelo, así como las competencias con las que cuentan.

La situación política de España contribuye por una parte a que se agudice la rivalidad entre las tres comunidades históricas y el gobierno central; pero, por otra, resiste a la rivalidad y competición de las 17 regiones entre sí. A esto hay que añadir el que exista menos cooperación entre el gobierno central y los gobiernos regionales. Asimismo, el Senado, por su débil naturaleza, no puede adoptar función representativa alguna de las regiones a nivel nacional. Es posible que esta sea la razón por la cual se multiplican las negociaciones bilaterales entre gobierno central y una comunidad determinada. Para muchos, España es seguramente uno de los países más descentralizados.

La república indivisible

¿Qué se puede decir de Francia?

Pues que es el país con el gobierno centralizado por excelencia. Dividida en départements, regiones y municipios, el poder de decisión parte fundamentalmente de París.

Desde 1982, se han acordado distintas reformas para la descentralización, pero todavía existen muchos políticos franceses más bien reticentes a esta transformación. Por esto, podrían describirse, especialmente las reformas de los años 80, como un refuerzo de los modelos centralizados a nivel local.

Raffarin, el Presidente en funciones del Consejo de Ministros, pretendió igualmente reforzar la descentralización de Francia, pero se las tuvo que ver también con fuertes protestas en todos los sectores. La crítica fundamental es que las reformas puedan conducir a un aumento de las desigualdades entre la regiones. Si bien Francia, un estado histórica y culturalmente centralista, lleva viviendo importantes transformaciones desde hace más de 20 años, la descentralización no llegará nunca tan lejos como para formar un estado federal.

Nada nuevo en el este

Con anterioridad a la división de Checoslovaquia, existía el deseo en la parte eslovaca por cambiar las competencias entre el gobierno federal y los gobiernos de ambos estados federados. Para ello, el gobierno eslovaco propuso que los gobiernos de los estados federados recibieran más competencias por parte del gobierno central, lo cual no fue respaldado por la parte checa: tanto el gobierno como los ciudadanos checos abogaban por el centralismo como forma de gobierno. La crisis surgida con esto no encontró compromisos reales, y desembocó finalmente en la división oficial. Hoy en día, ambos países están gobernados de forma centralizada. La antigua forma federalista no se ha conservado en lo más mínimo.

Europa se caracteriza por el centralismo, así como por diferentes formas de federalismo. Hallar un modelo uniforme sería, a buen seguro, ilusorio. Pero no es de extrañar que de esta diversidad brote algún día como alternativa un “nuevo” modelo.