La vía (pan) europea al blues

Artículo publicado el 11 de Enero de 2009
Artículo publicado el 11 de Enero de 2009
Mike Sponza, bluesman italiano, fundador de un proyecto, primero centroeuropeo y más tarde paneuropeo, relata cómo el blues no es un género solo americano y cómo también contribuye a la integración. Entrevista

Mike Sponza, de Trieste, colabora desde hace quince años con artistas de toda Europa y, para seguir así, ha fundado el proyecto Kakanic Blues. Tomó prestado el término ‘kakanic’ del escritor austriaco Rober Musil, y se refiere a un concepto que define todo lo vinculado con Europa central. Con tres álbumes en proceso (el cuarto está previsto para 2009), en su último disco, aparecido en enero de 2008 bajo el título Kakanic Blues 2.0, ha colaborado con Carl Verheyen (California), Vincent Williams (Estados Unidos), Ian Siegal (Inglaterra), Bosko Petrovic (Croacia), Dieter Themel (Austria), Matyas Pribojski (Hungría), Primoz Grasic (Eslovenia), Vladan Stanosevic (Serbia), Sandor Toth (Hungría), Janez Boncina ‘Benc’ (Eslovenia), Vincent Williams (Estados Unidos), Mario Mavrin (Croacia), Michele Bonivento , Moreno Buttinar, Paolo y Stefano Muscovi (Italia). 

¿Cómo surgió la idea de crear un grupo de blues centroeuropeo?

Viviendo en Trieste, una ciudad italiana pero geográficamente cercana a los Balcanes y a Austria, estoy acostumbrado a trabajar y dar conciertos en la República Checa, Polonia, Eslovaquia… De este modo, cuando en 2004 entraron nuevos Estados en la UE, resultó bastante natural elaborar un proyecto que reuniera a artistas centroeuropeos. Las nuevas posibilidades de encuentro de músicos de blues han demostrado ser fértiles, también porque el blues, a diferencia de lo que se cree, es como un hilo rojo que une a los Estados europeos, al igual que la música clásica y el jazz.

(mikesponza.com)

¿Qué dificultades y problemas logísticos se encuentran cuando se juntan tantos músicos de distintas nacionalidades?

El problema de la organización existe, sobre todo cuando se realiza un cedé paneuropeo. Hemos creado una técnica innovadora, que podríamos definir como song crossing (cruce de canciones): a partir de un borrador del trabajo realizado por mi trío en Trieste, se realizan sucesivas grabaciones en otras ciudades. Cuando no era posible desplazarse, enviábamos el material por Internet: así, un guitarrista de Copenhague envía, por ejemplo, una canción a uno de Budapest, al que considera más adecuado que otros por afinidad de estilo, para reinterpretarlo; después, este se lo pasa a uno español, y así sucesivamente.

¿Se puede afirmar que está naciendo un nuevo género musical europeo?

Sí, precisamente. El blues tiene muchos estilos: más rockero, más rhythm and blues, más años cincuenta… Cierto, el blues se originó en Estados Unidos, pero ahora se puede ir más allá de los modelos inglés y americano. El hecho de pertenecer a un área geográfica y cultural ‘distinta’ tiene que preservarse en el blues, en lugar de eliminarse: debemos seguir el ejemplo de los músicos croatas o húngaros, que han desarrollado un enfoque personal del blues. Empezaron a hacerlo porque no podían oír el blues, un género musical que no atravesaba el Telón de Acero, y el resultado fue una música auténtica, sin clichés importados. Los únicos en Europa Occidental que hicieron algo comparable han sido los franceses, que por cultura tienen tendencia a filtrar los productos culturales extranjeros. El panorama del blues francés resulta creíble.