La vida a las puertas del trabajo: el dilema laboral de Italia

Artículo publicado el 21 de Abril de 2006
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Artículo publicado el 21 de Abril de 2006

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Las protestas contra el CPE arrecian en Francia y en Bruselas se discute sobre cómo abrir los mercados europeos. El mercado laboral más rígido de la Unión Europea permanece impasible.

Italia, que ha reemplazado a Alemania en el papel de enfermo económico de Europa, sigue siendo el lugar más difícil para encontrar empleo en el continente: esto es una realidad para los italianos y los ciudadanos del oeste de Europa que residen en Italia. Todos se enfrentan a leyes que hacen que el despido sea tan complicado, que los empresarios se muestren tímidos a la hora de contratar. Estas dificultades se extienden a los ciudadanos de Europa central, del este y a otros que buscan un empleo legal en el país.

Los italianos, por su parte, parecen no tener problemas con estas políticas. Las encuestas muestran a menudo un apoyo general a las medidas proteccionistas, y muchos residentes ni siquiera consideran que el tema merezca ser debatido.

“Parece que la mitad de la gente que conozco está buscando trabajo", comenta Aldo Constanzo, romano y obrero de la construcción de 34 años. “Obviamente, la situación no mejorará si llegan más trabajadores extranjeros para competir por los mismos trabajos.” Rita Cattelan, profesora de 49 años, coincide: “primero tenemos que preocuparnos de los italianos”.

La nueva capa del emperador

Celebradas las elecciones, se han hecho declaraciones sobre futuros planes de impuestos, estrategias de salida de las tropas italianas de Irak y otras cuestiones políticas, pero apenas se ha pronunciado una palabra sobre posibles cambios en las leyes laborales del país.

“Estos temas laborales son demasiado controvertidos como para que los políticos quieran afrontarlos ahora, cuando hay tanto en juego", afirma Mario Morcellini, autor especializado en temas políticos y director de la facultad de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de La Sapienza, en Roma.

En el origen están los poderosos y arraigados sindicatos del país, que controlan enormes franjas de votantes. Los tres mayores sindicatos (CGIL, CISL, y UIL, respectivamente) ven en una política laboral proteccionista la mejor forma de prevenir la erosión de la base del empleo en Italia. “La economía italiana necesita más nuevos empleos que nuevos trabajadores,” argumenta Kurosh Danesh, coordinador de inmigración del CGIL.

Envejecimiento demográfico

El rápido envejecimiento de la mano de obra está siendo cada vez más una carga pesada para el que ya es el sistema de pensiones más caro de Europa por habitante (el gasto en pensiones es el mayor desembolso que tiene el gobierno). Los salarios relativamente altos de los trabajadores del sector industrial en Italia contribuyen al declive de la competitividad internacional del país, especialmente desde 2002, cuando Italia adoptó el euro y perdió la capacidad de devaluar su moneda para que sus productos fuesen más atractivos en el extranjero.

“Los problemas económicos de Italia sólo se pueden resolver con una serie de cambios que incluyen una mano de obra joven, agresiva y barata que pague las pensiones y que cree productos y servicios que se están demandando", argumenta Tilio Bataglia, economista de la Universidad de Bologna y comentarista habitual sobre temas de pensiones. “Existe mucha mano de obra esperando en las fronteras de Italia pero no son bienvenidos.”

Mercado negro

Algunos podrían argumentar que están entrando y simplemente están trabajando por salarios en negro que no contribuyen al erario público y al sistema de pensiones. En 2003 (últimas cifras disponibles), el gobierno italiano calculó que entre un 12% y un 20% de la economía italiana era sumergida. Lo que supondría que si la economía del mercado negro figurase dentro del Producto Interior Bruto de Italia, ésta adelantaría a Francia y el Reino Unido para colocarse como la segunda potencia de Europa, sólo por detrás de Alemania.

Esos números incluyen a un gran porcentaje de los 2,4 millones de inmigrantes en el país, y a otros miles que llegan cada día, esparcidos por las largas fronteras italianas. Una seguridad deficiente en las fronteras y una localización geográfica particular convierten al país en un destino fácil para los inmigrantes del norte de África, los Balcanes y Europa central y oriental.

La mayoría quiere legalizar su situación: en marzo, el gobierno ofreció 170.000 permisos de trabajo para extranjeros, y en 24 horas se presentó medio millón de trabajadores. Eso provocó los comentarios satíricos de dos ministros del partido político separatista la Liga Norte, que bromearon con la idea de que los trabajadores que estaban esperando en la cola deberían haber sido arrestados.

“Teníamos inmigrantes ilegales haciendo cola en la oficina de correos y nadie tuvo la voluntad de arrestarlos", argumentó el ministro de justicia Roberto Castelli. “Hubiera sido fácil: estaban todos en el mismo sitio.” Pero ni siquiera arrestar a todos los inmigrantes hubiera resuelto la crisis laboral en Italia.