La vida loca

Artículo publicado el 2 de Enero de 2006
Artículo publicado el 2 de Enero de 2006

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¿Y si tras 20 años de la adhesión de España y Portugal, la Unión Europea se hubiera puesto a la hora del Sur? Una cosa es segura, la península ibérica se cotiza.

¡Olé! Ambiente de casa de locos. La decoración Kitsch de un bar de tapas con la ineludible música salsa de fondo. La puerta batiente de las cocinas, siempre en movimiento, deja pasar a Juan, el camarero. Esta noche, el lugar está abarrotado. En el menú, tapas, evidentemente: patatas a la brava, lomo de cerdo a la plancha, pa amb tomaquet... ¿Dónde estoy? En París, a 1.300 kilómetros de Madrid y de su Paseo de la Castellana, ahí donde se comen las mejores tapas de toda la península.

¿Un nuevo El Dorado?

Y es que los íberos están en todas partes. Se llaman Alejandro Amenábar, Almodóvar y Pénelope Cruz o María de Medeiros en el cine, Mecano, Julio Iglesias, Mariza y Las Ketchup en las tiendas de música. Han invadido la gran pantalla y las ondas de radio. Y mirándolo de más cerca, los encontramos incluso en nuestros armarios con marcas como Zara o Mango. Con más de 500 tiendas implantadas en 36 países diferentes, Zara, lanzada en 1975, se encuentra bastante bien y ocupa el tercer puesto mundial en el negocio del prêt-à-porter.

Este entusiasmo, José Jiménez -el director del Instituto Cervantes de París- lo explica por la capacidad de los españoles para establecer relaciones informales y cultivar su sentido del mestizaje. “Cenar juntos, no es sólo comer, es también y sobre todo estar con los demás.” Sin dejar de añadir que los españoles saben trabajar así como salir y divertirse. En lo que respecta al tema de la Unión Europea y de la adhesión de España en 1986, José Jiménez habla de un “intercambio de doble sentido”. Europa ha aportado a su país una importante cultura democrática. En contrapartida, España ha jugado un papel motor en la reconstrucción de una Europa cultural, pues la Unión Europea “no podía ser solamente burocrática”.

Asimismo, existe una apertura innegable, principalmente turística, hacia España. Con 53,6 millones de turistas extranjeros en 2004 y una progresión anual del 3,4%, según las estadísticas de Exceltur, la unión de las principales empresas turísticas del país, España es el segundo país más visitado en el mundo. Cataluña, las islas Canarias y las Baleares siguen siendo tres destinos fetiches especialmente para los europeos del Norte. ¿Acaso los autóctonos no apodan a Mallorca el “17º Bundesland”? Desde su renacimiento gracias a los Juegos Olímpicos de 1992, Barcelona también se ve beneficiada por su atractivo y por un fuerte cosmopolitismo: su población cuenta con más de un 10% de extranjeros.

Explosión artística

Por otra parte, el director del Instituto Cervantes añade no sin esbozar una sonrisa, que no ya no se puede realmente reducir la cultura española a Federico García Lorca. Según él, la caída del régimen franquista ha generado una explosión cultural. Los españoles aspiraban a la libertad, a la tolerancia y a la libre expresión. La etapa de La Movida, surgida en los años ochenta en Madrid y extendida progresivamente a todo el país sigue siendo la referencia en la materia. Durante el proceso de democratización y liberalización tras la dictadura franquista, recibió la influencia de los movimientos culturales europeos, la New-Wave británica, el movimiento punk... etc, y se tradujo en una efervescencia artística sin precedentes. José Jiménez evoca incluso un auténtico “proceso de recuperación”: pelis de Pedro Almodóvar, música pop, etc. Cenas tardías, flamenco, siesta mítica, corrida... ¿son exportables algunas costumbres de los hidalgos a los demás países de la Unión Europea? Para Jiménez, “nos encaminamos hacia una sociedad cada vez más global. Por mi parte, me siento nómada, un ciudadano del mundo. Hay costumbres, pero no imposibles.”

Si la mejor parte se suele adjudicar a España, Portugal logra también arreglárselas. Tal y como su vecino, se ha beneficiado ampliamente de la caída de la dictadura militar de Salazar. La adhesión a la Unión Europea ha venido a acelerar la tendencia a descubrir la cultura portuguesa. Cojan un aire de fado, dilúyanlo con grandes voces: Amália Rodrigues, Madredeus o Mariza, añadan una capacidad innegable para hacer hablar de uno mismo organizando grandes eventos culturales o deportivos como la Exposición Universal de 1998 o la Copa de Europa de Fútbol en 2004, espolvoréenlo con políticos reconocidos: Durão Barroso, el actual presidente de la Comisión es portugués. Acaben con un poco de literatura: Pessoa, José Saramago, premio Nobel de literatura en 1998, o Lobo Antunes. No les queda más que saborear. Portugal y España se afirman en la escena cultural europea. Ya han encontrado a sus embajadores.