LA VIDA SINGULAR DE TIGRAN

Artículo publicado el 9 de Septiembre de 2013
Artículo publicado el 9 de Septiembre de 2013

En un cuarto de siglo, se ha llevado todo. Los premios son la recompensa eterna de sus pares, y de la madurez necesaria para dar a luz álbumes tanto modernos como asombrosos, el último de los cuales sale hoy. A tal punto que nos preguntamos si este pianista armenio no ha crecido al revés. Encuentro intemporal con un joven que parece muy maduro. 

¿Qué decir acerca de un tío que comenzó tocar a los 3 años, ganó su primer premio de música a los 16 y una de las distinciones más importantes del mundo del jazz a los 19? Que es pequeño. Y no hay allí malas intenciones, solo una constatación: Tigran debe medir 1,65 m y por poco no se le encuentra cabezón. Poco importa, la historia lo acallará, las fotos de la prensa se encargarán del resto, y el muchacho continuará siendo mucho más grandioso, sin duda, sobre un taburete.

Por 100 balas de más

Porque más allá de los centímetros, el músico de 25 años, parado enfrente de nosotros, es algo grande. En un cuarto de siglo, Tigran ya tiene el palmarés de los más grandes: el primer premio de las Revelaciones Jazz à Juan en 2003, el de la crítica y del público del Festival de Jazz de Montreux ese mismo año, un premio en Mónaco dos años más tarde y el primer premio de piano jazz del Instituto de Jazz Thelonious Monk, recibido de manos de Herbie Hancock en 2006. «Trato de no prestar mucha atención a eso", balbucea con su barba de 100 días. "La música no tiene nada que ver con la competencia". No es obstáculo. No se gana tanto por casualidad. Sin embargo, los trofeos no parecen haber afectado al armenio, que se enreda en un lapsus cuando remarcamos que es por lo menos raro ser comparado a Hancock y a Keith Jarret a la edad de 20 años: «People have to complain (quejarse, N. del E.) … euh. To compare.» Continúa: «Y es lo peor cuando ya tienes tus propios proyectos. »

Y es cierto que si de proyectos se trata, Tigran tiene más que colgantes. Sujeto a un ritmo frenético de un album por año, el joven pianista saca el número cinco el 26 de agosto. Producto de una cadena de ensueños que fermentan desde hace algunos años, Shadow Theater es la segunda obra realmente solista del artista. Habitualmente dado a la improvisación, el muchacho – que toma prestado con gusto tanto del jazz y del pop onírico como del folclore armenio – quiso que su nueva producción fuese un disco escrito. «Este album es sobre la composición", explica. "Las piezas maduraron por mucho tiempo porque escribí la mitad en 2006. Después, me encanta lo imprevisto. En 2008, cuando tuve la inspiración para escribir “Road Song” (primer single del album, N. del E.), fui corriendo a un estudio y grabé el tema en un día por 1000 dólares".

25 ans, toujours mytho

Tigran pensó y realizó el clip él mismo ya que el equipo original de grabación lo abandonó a mitad de camino. A mitad del mismo, además, se emociona.

25 aÑOS Y YA UN MITO

Detrás de las partituras y del esmero en procura de distinguir la música armenia, hay una visión. «Cuando va a ver tocar a alguien, el público paga generalmente por una mentira, por algo que no existe. Y los músicos tocan para hacerles comprender que nada es verdad. La idea de mi Shadow Theater es decir “Eh tíos, lo que venís a ver no es más que viento” ». Vosotros elegís, pero a los 25, si se filosofa así, o se es cínico, o se es ya viejo.

En realidad, Tigran Hamasyan solo creció más rápido que los demás. Entre los 2 y 3 años, se abalanza sobre un piano solo porque « amaba el sonido ». Tan ardientemente, que a su padre le llevó únicamente 2 segundos comprender que su hijo estaba destinado a la melodía. Lo paterno lo ata a un profesor a los 5 años. En la ciudad, Tigran se desarrolla en una en una escuela de música, en la que permanecerá 10 años. En su casa, el pequeño crece en el seno de dos universos diferentes. El de su padre, fanático del rock clásico de tendencia « heavy guys » (Led Zeppelin, Nazareth...). Y el de su tío, experto en jazz y bebop. « Es gracias a él que llevo una carrera en el jazz. Él me aconsejaba, me dirigía. Algo así como un padrino, de hecho. » El corolario se escribe en el trabajo, cuyo objetivo será aprender de memoria la gramática y la conjugación del jazz clásico, para luego lograr estar a la altura de improvisar. « No escuchaba otra cosa que eso, y me parecía que todos los otros estilos de música... bueno, que eran una mierda » arroja, muy seriamente. « Luego un día, mi tío me llevó a beber unas copas a Erevan (capital de Armenia, N. del E.), a un lugar raro, donde un grupo mezclaba jazz y música tradicional de Armenia. Fue una gran bofetada. »

cALIFORNIA, ARMENIA Y JUMANJI

En esa época, la familia partió a instalarse en Los Ángeles, con el fin de reunirse con una comunidad armenia « bastante impresionante », pero sobre todo para huir de un país que, en los años 90, no supo administrar su independencia (adquirida en 1991, N. del E.) y se encontró minado por innumerables secesionismos. Intemporal, en California, Tigran arma un grupo, Aratta Rebirth, nombre de un país imaginario inventado por los sumerios. De Armenia, el músico va a conservar la música « tan importante en la vida cotidiana, que ya ni siquiera es considerada como un arte ». En Shadow Theater, los bucles de las voces se repiten, se armonizan con otros ornamentos, y luego, las melodías tamborilean en un conjunto cercano al ultrascore, tan caro al viejo Chassol. Para explicarlo, el artista repite el ritmo sobre sus rodillas. Como un chaval. Sin embargo, mientras sonríe, Tigran muestra los rasgos de un hombre viejo, más cercanos a los de un Robin Williams de la época de Jumanji que a los de un joven en Erasmus. Porque ser parte de los grandes cuando uno es pequeño, es tal vez crecer muy rápido. Y quizás tenemos allí una historia particular, a lo Benjamin Button.