LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS EN LO COTIDIANO

Artículo publicado el 11 de Febrero de 2003
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Artículo publicado el 11 de Febrero de 2003

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Cada día que comienza es el inicio de una larga jornada de 24 horas de violaciones de los Derechos Humanos en el mundo. Pero es una violación que no sólo se produce en lejanos países totalitarios, sino que es moneda de cambio en los llamados Estados “democráticos”,

Cada día que comienza es el inicio de una larga jornada de 24 horas de violaciones de los Derechos Humanos en el mundo. Pero es una violación que no sólo se produce en lejanos países totalitarios, sino que es moneda de cambio en los llamados Estados “democráticos”, en los despóticos y figurantes Organismos Internacionales, en la interesada comunidad internacional, en la impasible sociedad de nuestro entorno, e incluso en nosotr@s mism@s.

Empecemos desde arriba: con el fin de la Guerra Fría el orden internacional está liderado por un país que se ha visto involucrado en derrocamientos militares de gobiernos elegidos democráticamente –las sombras que arrojó el 11 de Septiembre de 1973 sobre Chile todavía pesan en el país-, cuyo presidente autoriza la encarcelación y el asesinato de seres humanos sin previo juicio justo –los presos de Guantánamo han dejado de ser noticia y ya se han convertido para la comunidad internacional en un “daño colateral necesario” para garantizar la seguridad- y que es, tras Israel, el país que más resoluciones de la ONU incumple, el único Estado en el mundo que ha hecho uso de la Bomba Atómica en un conflicto; etc. La comunidad internacional también enmudece ante masacres como las de Rusia sobre Chechenia, la de Israel sobre los palestinos –se repite la historia, y los israelíes proyectan sobre los palestinos las mismas atrocidades que sobre ellos ejercieron los Nazis- los turcos sobre los kurdos, y las de China sobre su propia población. En este contexto, es necesario reseñar que todo país que se erija como defensor de los derechos humanos en el plano internacional, no puede más que hacerlo de una forma cínica, interesada e irreal.

Las Naciones Unidas no han conseguido ser mucho mejor garante de los Derechos Humanos. Anquilosado en sus instituciones y en su antidemocrático proceso de toma de decisiones, se ha mostrado totalmente ineficaz de la resolución de conflictos como el del Sahara Occidental –la ocupación marroquí dura más de 25 años, y cerca de 200.000 saharauis llevan todos esos años viviendo en pleno desierto en los campamentos de refugiados de Tindouf. El aumento de las grandes bolsas de pobreza; las largas listas de parados; la manipulación de los medios de comunicación; la especulación inmobiliaria y financiera; la corrupción política; el trato de favor de la justicia hacia clases sociales que pueden pagarse mejores abogad@s; las acciones de fuerza desproporcionadas de los cuerpos de seguridad; etc., son en sí mismas grandes violaciones de los derechos humanos, y a las que la sociedad occidental se ha acabado acostumbrando, e incluso justificando, en su entorno.

La demagogia está muy bien implantada en nuestra sociedad, compramos y le damos una alto valor social a productos elaborados por mano de obra infantil o pagados con sueldos denigrantes, llenamos nuestras casas con muebles fabricados con madera “manchada” de sangre de los indígenas, compramos a nuestr@s hij@s chocolatinas producidas a través de la explotación humana y de prácticas empresariales inmorales, y convivimos diariamente sin ningún tipo de remordimiento con marcas que obligan a sus empleadas a faltar al trabajo durante los días de menstruación –sin ningún tipo de remuneración.

Según datos de la OIT de Noviembre del 2001, “unos 12 millones de niños menores de 14 años trabajan en las llamadas «fábricas del sudor» del Tercer Mundo produciendo la ropa, los juguetes o los ordenadores que compra Occidente ”. Marcas como ADIDAS, NIKE, LEVI’S, DISNEY, CHICCO, SAMSUNG, SIEMENS o NESTLE han sido acusadas de delitos como explotación infantil, acoso sexual, explotación laboral, discriminación, explotación del medio ambiente, etc. y ello no ha supuesto ningún tipo de merma en sus ventas, sino todo lo contrario, son anunciadas por ídolos futbolísticos que crean legiones de seguidores y compradores.

Especialmente escandalosos son los casos de DISNEY y de NESTLÉ. En 2001 salió a la luz que algunas filiales de la gran multinacional del ocio utilizaban mano de obra femenina menor de edad, y con sueldos a l@s emplead@s que se situaban por debajo de los niveles mínimos que exigía la ley. No menos vergonzosa ha sido la reciente actitud de NESTLÉ con Etiopía, país a quien la multinacional le reclamaba 6 millones de dólares en compensación por una empresa que fue nacionalizada hace 27 años y comprada después por NESTLÉ. Al final ha reducido la reclamación a 1,5 millones de dólares tras ver que el asunto había salido a la luz pública y dañaba la imagen corporativa.

Pero sin lugar a dudas, uno de los derechos humanos que cada día se destroza con mayor asiduidad, es el “derecho del otro a ser”, a “existir”, a no ser enterrado en vida. La sociedad occidental y el capitalismo despiadado se están cobrando un alto número de “muertos con vida”, de personas que con cincuenta años le han hecho creer que ya no son “útiles”, que el derecho al trabajo son sólo palabras estampadas sobre papeles inservibles –no puedes pedir cuentas a nadie- y que ya sólo les queda esperar una muerte lenta; lenta y dolorosa. Han entrado en la categoría de “daños colaterales”, afectados por “reajustes no dolorosos” de la plantilla que son “necesarios” por el bien de la empresa –no importa que esta tenga constantes beneficios- por el bien de la colectividad, por el bien de la economía nacional, por el bien del Estado –con frecuencia olvidamos que el Estado se creó para servir a la ciudadanía, y no al contrario.

Resignado, impotente, incapaz, asumiendo este discurso, atormentado, el ser humano –el parado- se cuestiona para sí mismo uno de los derechos básicos, el de la dignidad humana. Y se lo cuestiona porque a pesar de que en un principio se enfurece, no lo acepta e intenta reaccionar, ha leído en la mirada de l@s vecin@s, de l@s excompañer@s de trabajo, de l@s amig@s con los que ya no puedes quedar, de la propia familia a la que ya no puedes mantener, e incluso en los noticiarios, que es cierto, que es real –y cuando varias personas te cuentan la misma mentira de forma reiterada, se acaba convirtiendo en una “verdad”.

Con esta situación tan desesperanzadora puede parecer que no exista solución; puede ser que no, pero también puede ser que sí. Todo pasa por empezar por un@ mism@, por cuestionar y “resignificarlo” todo –aunque ello implique abandonar el feliz y cómodo estado de pasividad- las propias actitudes y las ajenas, por denunciar y condenar acciones injustas, por reclamar el derecho de tod@s al trabajo, por rechazar y expulsar del poder a políticos corruptos, etc.

La ciudadanía europea, la cual está viviendo un momento histórico en la construcción de la Unión Europea, tiene una gran oportunidad para imbuir con este espíritu las instituciones comunitarias y la sociedad civil europea. Ser ciudadan@s activ@s, inquiet@s, inconformistas, destructiv@s/constructiv@s, cuestionables, cuestionad@s, en definitiva, ser personas políticas –que no confundir con ser partidistas. Ese es el inicio, después, irremediablemente llegará todo lo demás.