La yihad de Ahmadinejad

Artículo publicado el 19 de Enero de 2006
Artículo publicado el 19 de Enero de 2006
Mientras se agrava la crisis nuclear con Irán, el eurodiputado portugués Paulo Casaca se pregunta si no habrá llegado la hora de que Europa deje a un lado sus diferencias con el partido opositor de Irán.

"Cualquier dirigente de países musulmanes que reconozca a Israel arderá en las llamas de la cólera de la nación islámica. No cabe duda de que la nueva ola de ataques en Palestina pronto borrará esta vergonzosa mancha de la faz del mundo islámico", dijo en octubre, refiriéndose siempre a Israel, el Presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad.

Desde los tiempos de la Alemania nazi, la humanidad no había asistido a tal invitación a la "solución final" en contra de una raza por parte de un gobierno. Son declaraciones que escandalizaron a la troika europea compuesta por Alemania, Francia y el Reino Unido, cuya política de apacigüamiento hacía Teherán no ha hecho más que fortalecer al régimen Iraní.

El Ayatolá Jomeini resucitado

Las palabras de Mahmud Ahmadineyad no son novedosas, sino una cita textual de lo dicho antaño por el Ayatolá Jomeini, padre de la revolución islámica iraní. Se trata de una declaración que puede incluso apreciarse en la imagen de una revista corporativa de la petrolera noruega Statoil en donde aparece un desprecavido y sonriente ejecutivo delante de un enorme retrato de Jomeini en el aeropuerto de Teherán y cuya consigna en árbae y farsí reza del modo siguiente: "Barramos a Israel de la faz de la tierra".

Aunque los editores de dicha revista corporativa no estén familiarizados con ninguna de esas dos lenguas, además sólo han reaccionado tibiamente ante las declaraciones emitidas tanto por Naciones Unidas como por Amnistía Internacional sobre lo que tan sólo puede ser descrito como una limpieza étnica del pueblo ahawazi en la región sur occidental de Juzistán por parte de las autoridades iraníes.

La oposición debe servir para algo

La región iraní de Juzistán es una zona estratégica tanto por el petróleo como por las operaciones militares, y desempeñó un papel crucial cuando Irán decidió invadir Iraq a principios de los años ochenta. La oposición iraní, La Organización Popular Muyaidín de Irán (IPMO en sus siglas inglesas) no ha cesado de denunciar las acciones del Gobierno iraní como una atrocidad, pero la UE y los EE UU han etiquetado al IPMO como una organización terrorista y se niegan a oír sus alegaciones. Si la comunidad internacional guarda silencio, ¿por qué esperar una reacción diferente por parte de la industria petrolera?

En el caso en el que fuera acertado por parte del presidente iraní evocar las palabras de Jomeini delante de una multitud de fanáticos, hacerlo frente a la comunidad internacional no lo ha sido, pues esta provocación tan sólo puede hacer tambalear la tradicional política iraní de Taqyia (doble discurso) y crearle mayores inconvenientes a su "pacifico" programa nuclear.

El deseo del ayatolá Jamenei de olvidar la Taqyia y de que Irán tenga un líder menos ambiguo parece haberse cumplido. Esto nos debería preocupar: la Taqyia les fue necesaria en tanto en cuanto que antes necesitaban la colaboración occidental para detener a sus rivales talibanes en Afganistán y para impedir que Iraq desarrollase un programa de armas de destrucción masiva, pero la situación ahora es muy diferente. Al subrayar su programa de corte islámico, Irán está capitalizando la opinión pública radical islamista y Occidente se enfrenta a la complicada decisión de si debe dar a esto una respuesta militar, en especial, si el país no abandona su programa nuclear.

Ante esto, se nos presenta una alternativa obvia: debemos reconocer y apoyar a la mayor fuerza opositora del país, la OPMI, en lugar de considerarla como un grupo terrorista. Además, tanto la UE como los EE UU deberían oponerse a la limpieza étnica de las minorías árabes en Juzistán, la provincia de donde sale la mayor parte del crudo iraní.

Intolerable

También es importante impedir que Irán expanda su influencia en Iraq, el Libano y Palestina. En Europa, así como en la mayor parte de Oriente Medio, el desafío ahora consiste en combatir un tipo diferente de Yihad que no se basa en las bombas sino en la propaganda y en la infiltración ideológica, en la política, la economía y las universidades occidentales. Es decir, en nuestros centros democráticos de poder.

Irán es el principal promotor del fanatismo islámico en Europa y en el mundo árabe y al mismo tiempo ha hecho presión para conseguir favores de los políticos occidentales mientras ha dirigido campañas contra los que se han opuesto a sus políticas. Esto no se puede seguir tolerando.