L’Aquila después del terremoto, ¿una ciudad destinada a morir?

Artículo publicado el 21 de Mayo de 2010
Artículo publicado el 21 de Mayo de 2010
Hace ya más de un año desde que el terremoto del 6 de abril de 2009 puso de rodillas a L’Aquila y algunos municipios cercanos, causando 309 víctimas. La reconstrucción de la capital del Abruzzo prosigue lentamente y la confusión parece dominar la ciudad. Mientras tanto, un movimiento ciudadano desafía a la clase política, denunciando el estado de abandono del centro histórico de la ciudad.
La historia ha llegado este año al festival de Cannes, con el documental 'Draquila', del director Sabina Guzzanti

La noche entre el 5 y el 6 de abril de 2009, a las 3:32 horas, un terremoto de magnitud 6,3 en la escala de Richter golpeó la ciudad de L’Aquila, capital del Abbruzo (Italia central). El seísmo destruyó completamente el centro histórico de la capital, una antigua ciudad medieval de 70.000 habitantes considerada la sexta ciudad italiana según el valor de su patrimonio artístico. La catástrofe provocó un total de 309 víctimas. En el intervalo de sólo 28 segundos, 70.000 personas se convirtieron técnicamente en refugiados.

Un año de confusión

Un año después del seísmo, la confusión reina aún en L’Aquila. Un movimiento totalmente espontáneo y sin colores políticos, denominado ‘pueblo de las carretillas’, empezó a manifestarse para denunciar la presencia de escombros en el centro histórico de la ciudad, una zona en la que aún está prohibido el acceso, controlada por militares. Pese a que, en un primer momento, la clase política despreció al movimiento, los que tienen poder sobre la toma de decisiones se lo tomaron en serio, con lo que empezaron las primeras operaciones de retirada de los millones de toneladas en el centro histórico.

pancarta durante la manifestación del 28 de febrero de 2010 reclamando la reconstrucción de la ciudad

La política desde abajo

Tras las manifestaciones de los ‘domingos con las carretillas’, con miles de ciudadanos organizados demostrando cómo se podía actuar para retirar la montaña de escombros que aún hoy invade el centro histórico de L’Aquila, la ministra de Medio Ambiente, Stefania Prestigiacomo, advirtió de la gravedad de la situación. No sólo eso: se dio cuenta de que un grupo compuesto por ciudadanos totalmente transversal y con suficiente convicción para conseguir su propósito sin ser guiados desde arriba no podía llevar la delantera (ni siquiera mediática) a los políticos, sobretodo en un momento de campaña electoral. Una verdadera lección para quien, en un segundo momento, tendría que intervenir y quien tenía la autoridad para ordenar la retirada de todos los escombros del centro histórico. Éste ha sido un éxito de la “política desde abajo”, fruto de la movilización de los ciudadanos que se ha puesto en marcha en L’Aquila en los dos últimos meses; una movilización que ha nacido de la convicción de que, a este paso, l’Aquila estaba destinada a morir.

En una ciudad que cuenta teóricamente con casi 70.000 habitantes, las cifras hablan por sí solas siete meses después de la cumbre del G-8. Hay aún 6.461 personas alojadas en hoteles, 2.370 de ellas en la provincia de L’Aquila y 3.731 en la costa adriática (107 de las cuales están fuera de la región del Abruzzo). Además, otras 2.736 personas están alojadas en apartamentos privados y dependen del circuito de asistencia social, todas ellas en la costa, y 1.196 personas viven en las denominadas “estructuras de permanencia temporal”, alojados en el cuartel de la Guardia di Finanza y en el cuartel Campomizzi. En total, son 10.028 los ciudadanos de L’Aquila que reciben asistencia de Protección Civil, dotados sólo de un dormitorio y totalmente dependientes de la asistencia externa.

¿Reconstrucción o construcción?

Además, está la geopolítica de la reconstrucción o, como dicen muchos en L’Aquila, de la construcción y basta. En efecto, se trata de la construcción de nuevos alojamientos desde cero y no de intervenciones de reestructuración o reconstrucción de edificios ya existentes y dañados. En esta decisión intervienen criterios estrictamente geopolíticos. Según la leyenda, L’Aquila fue fundada en la Edad Media por los señores locales, 99 nobles que tenían sus feudos en las colinas alrededor del territorio donde hoy está la ciudad, y que contribuyeron a su fundación. De aquí deriva también el número simbólico de L’Aquila, el 99. La ciudad tendría aún hoy 99 iglesias, 99 plazoletas y 99 fuentes, cada una en memoria de uno de los fundadores. Motivaciones de carácter económico, comercial y de seguridad llevaron a esos fundadores a levantar la ciudad: hoy las llamaríamos motivaciones geopolíticas.

A un año del terremoto, el centro histórico es aún una ciudad fantasma

¿Hay futuro para el casco antiguo?

Primer aniversario del terremoto que provocó 309 víctimasAhora asistimos a una especie de proceso al revés, que ha convertido el centro histórico, aún reducido a escombros, en una localidad fantasma. En su lugar, han nacido nuevos centros habitacionales: nuevos complejos residenciales y barrios artificiales alrededor de la ciudad, donde antes sólo había hectáreas de terrenos. Son los nuevos C.A.S.E. (Complejos Antisísmicos Sostenibles y Ecocompatibles): 19 complejos en total, sin ningún tipo de cohesión entre sí, donde viven 12.803 personas.

En este contexto, con el ‘pueblo de las carretillas’ despertando el sentimiento cívico de los ciudadanos y manifestando serios interrogantes sobre el futuro a largo plazo, a los que la clase política no consigue responder aún, el gobierno ha elogiado más de una vez el “milagro aquilano”. Sin embargo, gran parte de los ciudadanos presentes en la celebración del primer aniversario del terremoto por parte del Consejo Comunal abuchearon sonoramente el mensaje de Silvio Berlusconi, primer ministro italiano, pronunciado por algunos representantes políticos de L’Aquila. Debe recordarse que, en L’Aquila, hay aún un largo camino por recorrer, y que las políticas que se aplicarán deberán garantizar un resurgimiento económico, político y social, que ni ha empezado ni ha sido proyectado aún.

Un artículo de Stefano Torelli (Caffè Geopolitico)

Foto: Pablo Moroe/flickr; martelfa/flickr; Video: IKPRODUZIONI/Youtube