Las 5 cosas que hay que saber sobre el ascenso de Daesh

Artículo publicado el 9 de Febrero de 2016
Artículo publicado el 9 de Febrero de 2016

¿Cómo luchar eficazmente contra Daesh? El primer paso: Aceptar que este grupo yihadista no ha aparecido de la nada. En su libro La trampa de Daesh, el historiador Jean-Pierre Luizard repasa las razones de su éxito. Hemos identificado cinco puntos clave.

Aún desconocido hace apenas dos años, el grupo Estado Islámico (EI), o Daesh, se ha convertido en tan sólo unos meses en el enemigo público número uno. A día de hoy, la proliferación de sus ataques en todo el mundo ha aumentado la presión sobre la necesidad de una coalición anti-Daesh. El debate se centra ahora en cómo luchar contra esta organización. ¿Bombardeos, tropas en tierra? Debemos tener precaución.

Tal como recuerda Jean-Pierre Luizard, historiador y director de investigación en el CNRS, "la derrota militar del EI no resuelve nada si no se tienen en cuenta las causas de su éxito inicial". Su libro La trampa de Daesh, publicado sólo un mes después del ataque a Charlie Hebdo, repasa precisamente las razones del gran éxito del grupo terrorista. Un análisis que, un año más tarde, resuena incluso con más fuerza.

1. Un éxito que no es de "naturaleza militar"

Si bien hoy en día se tiende a asociar Daesh con Siria, no debemos olvidar que el lugar de nacimiento del grupo yihadista está en realidad en Irak. Y en particular en las zonas predominantemente suníes del norte. Para entender su ascensión, debemos tener en cuenta que "los ingredientes del éxito inicial del EI no son de naturaleza militar", insiste Jean-Pierre Luizard.

Para entender esto, es necesario mirar atrás. En 2014, las primeras victorias del EI llegan en un clima de tensión entre las comunidades sunitas y chiítas en Irak. En la raíz de estas tensiones, el historiador apunta al cambio abrupto en las relaciones de poder tras la ocupación militar de Estados Unidos. Mayoritariamente en el país, la comunidad chiíta se encontraba en el poder después de haber sido discriminados durante mucho tiempo bajo el mandato (sunita) de Saddam Hussein. Y, mientras, los sunitas se veían a sí mismos también marginados.

Resultado: En algunas ciudades de mayoría sunita, como Mosul, Tikrit y Fallujah, se empezaron a sentir desconectados de la potencia chiíta de Bagdad, también conocida en aquel entonces por prosperar bajo el clientelismo y la corrupción. El ejército iraquí, la cara y las manos del gobierno sobre el terreno, es despreciado por el pueblo. Y entendemos por qué: "El ejército reprimió mediante el bombardeo indiscriminado las sentadas organizadas para protestar contra la marginación política de la comunidad suníta", recuerda Jean-Pierre Luizard.

2. Daesh visto como un "ejército de liberación"

Por tanto, es fácil entender por qué muchas de estas poblaciones acogieron –inicialmente– de forma positiva a los combatientes de Daesh. Muy consciente de la situación, el EI fue presentado como el "protector de los sunitas". Una estrategia que se ha demostrado ganadora, pues tal como continúa diciendo el historiador, en Mosul, Tikrit, Fallujah y también en otras ciudades, la llegada de la milicia de Daesh fue vista por muchos como la de "un ejército de liberación".

Mapa: Emplazamiento de las ciudades iraquíes de Tikrit, Mossul y Falloujah.

Sobre el terreno, este ejército va más allá. Se presenta como una especie de vigilante que va a resolver las desigualdades del pasado. En Mosul, por ejemplo, "los milicianos ejecutan públicamente a los funcionarios señalados por la corrupción", dice Jean-Pierre Luizard. Resultado: "Reaparecen en los mercados productos que fueron objeto de la escasez especulativa, con precios que a veces se veían reducidos a la mitad para los alimentos básicos".

En la misma línea, Daesh devuelve el poder a los actores locales bajo la condición –por supuesto– de cumplir con las costumbres de los yihadistas. Estos hechos provocan que, en estos lugares, la mayoría de los árabes sunitas, "pasivamente algunos, de forma activa otros", acepte el Estado Islámico.

3. La mano de Bachar al-Assad

A las puertas de Irak, la guerra en Siria es un regalo del cielo para lograr la ambición del grupo de crear un nuevo Estado transnacional que ponga fin a las fronteras. Hay que decir que desde el inicio de la represión del levantamiento en 2011 por parte del régimen de Bashar al-Assad, el conflicto se ha ido comunitarizando cada vez más. Desde entonces hemos visto emerger rápidamente ramas de oposición a los grupos salafistas/yihadistas como el Frente Al-Nosra, la rama siria de Al Qaeda. Y mientras el conflicto se prolongaba, el desmembramiento del estado se precipitó y permitió que estos grupos llenaran un vacío cada vez más pesado.

Esto es, sin embargo, sin contar con la mano que les echó un aliado inesperado. Un aliado que no es otro que el propio Bachar al-Assad. Pero ¿inesperado? ¿De verdad? Jean-Pierre Luizard evoca en realidad una convergencia entre los objetivos de las fuerzas yihadistas y los del régimen. Por ejemplo: "En un intento deliberado de socavar las tendencias más laicas y pacíficas de la oposición, las autoridades sirias liberaron en 2011 a cientos de presos salafistas-yihadistas", dice el historiador. "Entre ellos estaba Abu Moussaab al-Souri, considerado el ideólogo de la nueva yihad global".

Por otra parte, añade, "el régimen también se encarga de dar prioridad a los bombardeos contra las posiciones y las unidades del Ejército Sirio Libre (FSA)", que lucha por la democracia. El mensaje de Al-Assad es claro: "¡Yo, o el caos!". De este modo, el territorio controlado por las milicias salafistas se extiende. Y Siria se va fragmentando...

4. Daesh es más creíble que Al-Qaeda

Las rivalidades y enfrentamientos no disuaden a las milicias salafistas de seguir luchando entre ellas. Dicho esto, "hay una migración constante de parte de las tropas de Al-Nosra y otras milicias salafistas hacia las filas del Estado Islámico", dice Jean-Pierre Luizard. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: Daesh aporta una perspectiva más creíble. Esto se debe al hecho de que, por primera vez, un grupo salafista muestre claramente el objetivo de "ocupar un área geográfica con la ambición de construir un Estado" y aplicar la sharia. Un estado con un soberano, un ejército, y hasta impuestos y moneda propia.

En cuanto a dinero, precisamente, Daesh lo tiene en grandes cantidades. Con algunos donantes privados, por supuesto, pero también –y esto es importante– por su lógica de conquista territorial. Sobre el terreno, Daesh ha recuperado sumas astronómicas. Tras el "robo" del único banco central en Mosul, por ejemplo, se habla de un botín de guerra por valor de 313 millones de euros. Sin embargo, los billetes y el oro no son la única fuente de riqueza de Daesh: El petróleo y el equipo militar de Estados Unidos recuperado del ejército iraquí también juegan un papel decisivo.

5. Seducción y recuerdos coloniales

Aunque sigue centrado en su territorio, Daesh busca en última instancia trascender su carácter árabe sunita de Oriente Medio. Pretende dirigirse a una comunidad global, y para seducirla, ha adoptado un discurso universalista. Porque este conflicto, explica Paul-Jean Luizard, no es entre "Oriente y Occidente", sino entre "su" visión del Islam y la falta de fe. Pero hay que recordar que, en el Islam, "todos son bienvenidos, incluso los europeos rubios de origen católico, y que esa falta de fe incluye también a los árabes y a los malos musulmanes".

Y para lograr llegar al máximo número posible de personas, ¿qué mejor manera que hacer resurgir las frustraciones coloniales, un tema todavía sensible? Al despreciar las fronteras de la zona, heredadas de su pasado colonial, Daesh explota simbólicamente los elementos de la historia a su favor. Según Jean-Pierre Luizard, "el EI toca un tema que 'habla' de países como Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos y presenta a los musulmanes como víctimas eternas de un infiel occidental y dominante, lo que provoca que cristalice el sentido generalizado de injusticia entre los jóvenes".

"No caer en la trampa"

Hoy conocemos bien el horror de Daesh. No deja lugar a dudas. Pero, tal como advierte Jean-Pierre Luizard, no debemos caer en la "trampa". Hace un año, con la publicación de su libro, al historiador le preocupaba que la coalición anti-Daesh no tenía "absolutamente ninguna perspectiva política que ofrecer a las personas que se han unido al EI". Está claro que hoy la situación no ha cambiado.

Sin embargo, sabemos que, con o sin victoria militar, un apaciguamiento a largo plazo no es una opción si las causas del ascenso de Daesh no se tienen en cuenta. Por tanto, Jean-Pierre Luizard se pregunta: "Cuando Laurent Fabius habla de ayudar al gobierno en Bagdad a restaurar su soberanía, ¿se está dando cuenta de que esto es sin duda lo último que desean los habitantes de Mosul, Tikrit y Faluya?". Se podría decir lo mismo de Bashar al-Assad, el famoso "cólera" que empezamos a preferir frente a la peste. En esta nueva guerra contra el terrorismo, la clave es recordar, tal como escribe Jean-Pierre Luizard, que en realidad, "el Estado Islámico es más fuerte que la debilidad de sus oponentes".

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Lectura: 'La trampa de Daesh' de Pierre-Jean Luizard (Editions La Découverte/2015)