Las empresas ante el federalismo

Artículo publicado el 10 de Mayo de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 10 de Mayo de 2004

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Política exterior, regulación, ampliación... son los asuntos por los que se preocupa la comunidad empresarial de los Estados Unidos de Europa.

Desde el 1 de mayo la Unión Europea es ya una realidad de 25 países que comparten un conjunto de valores reflejados mediante el derecho comunitario, la moneda, el mercado único y el comercio exterior, entre otros. El ingreso de los diez nuevos estados miembros supone un evento histórico que suscita una pregunta: ¿estarían interesados los operadores económicos y financieros en un proyecto de Europa federal que tenga una dimensión política además de económica?

El miedo está en que…

Según un sondeo de opinión publicado el día 23 de abril por la Eurocámara, la asociación europea de Cámaras de Comercio, la comunidad empresarial de los diez nuevos estados miembros muestran un claro interés por las ventajas económicas que ofrece la UE, ya sea a nivel de mercado interior o en el contexto del comercio internacional. La misma opinión se comparte en el mundo de los negocios en el resto de la UE. Sin embargo, si hablamos de una Europa federal, o lo que es lo mismo, de unos Estados Unidos de Europa, la posición de la comunidad económica está menos clara. No parece, además, que se pueda hablar de un mayor o menor respaldo o del nivel de desinterés hacia un proyecto de gran complejidad que, de todos modos, no existe aún en el panorama político actual. Más bien, la comunidad económica tiende a concentrarse en reivindicaciones simples, si bien de claras consecuencias económicas.

En busca de inversiones en Investigación y Desarrollo

Angelos Serri, Director Financiero de Upstream Systems, un proveedor griego de telecomunicaciones, asegura que «el riesgo está en que una Europa federal regularía demasiado la actividad económica o, mucho peor, no sería capaz de imponer un marco financiero, fiscal y empresarial común a los 25 países. Como consecuencia, la competencia interna se vería afectada y Europa no tendría la fuerza para enfrentarse a sus principales competidores comerciales (EE UU, China y Japón). Sin embargo, lo que podría aportar la Europa federal a la comunidad económico-financiera sería una mayor activación de la mano de obra, invirtiendo en investigación y desarrollo, formación y flexibilidad».

Estos aspectos constituyen la principal preocupación de la comunidad empresarial. Según un funcionario de un importante organismo multilateral, «existe también la posibilidad de que un gobierno único europeo adoptara ciertas medidas de armonización que en estos momentos, sin embargo, deberían tener en cuenta de manera específica los distintos parlamentos nacionales».

Competencia global

Otra dimensión de extrema importancia para el mundo empresarial es la de las relaciones exteriores de la UE. En la actualidad la competencia global exige una notable capacidad de negociación, ya sea en las relaciones con EEUU, China y Japón o a nivel de la Organización Mundial del Comercio y otros organismos multilaterales. De hecho, son éstas las áreas donde la UE ostenta amplios poderes y en las que ha desarrollado un importante saber hacer económico y jurídico. Según Christopher Bockmann de Clifford Chance, bufete y consultoría jurídica internacional con sede en Ámsterdam, «las relaciones exteriores de la UE (comercio, ampliación…) representan probablemente el aspecto de la UE donde el mundo empresarial ve las mayores ventajas además de entenderlo como el principal aspecto de una Europa federal. El miedo reside, más bien, en la posibilidad de que una Europa federal pueda imponer una regulación excesiva».

En el contexto concreto de las relaciones económicas exteriores, donde se incluyen los poderes de defensa de la competencia de la Comisión, la UE es temible y un gobierno federal europeo tendría aún más autoridad. En este contexto, el mayor opositor de un proyecto federal podría ser, paradójicamente, los Estados Unidos, para el que unas instituciones europeas débiles serían muy ventajosas. Un interlocutor fuerte del calibre de un gobierno federal europeo podría dar vida a una entidad económica capaz de imponerse en el contexto internacional en tres dimensiones: mediante la política de defensa de las competencias, limitando el radio de acción de las multinacionales estadounidenses; compitiendo como un bloque único europeo en determinados sectores, por ejemplo, llevando el Airbus a la aviación civil; negociando bajo una sola voz, como ya sucede en los intercambios comerciales.

Según Matthew Ryall, responsable europeo de la compañía americana de operaciones bursátiles Lasalle, «nuestra preocupación es que un “super-estado” europeo adopte las peores medidas de política económica, algo que haría la situación muy difícil en toda Europa».

La idea de una Europa federal era un objetivo de los padres fundadores que se aparta mucho de los objetivos específicos del mundo económico-financiero, un mundo que parece relativamente neutro en cuanto al proyecto federal pero que podrá ayudar a que éste se lleve a cabo si se convence del hecho de que, para mejorar el rendimiento económico europeo, es indispensable el proyecto político federal. Del mismo modo que apoyó, en su momento, la introducción del euro.