Las Islas Malvinas 25 años después

Artículo publicado el 13 de Junio de 2007
Artículo publicado el 13 de Junio de 2007
El 14 de junio de 2007 se conmemoran 25 años de la guerra de las Malvinas, entre Argentina y Reino Unido. Una isleña autóctona nacida tras la guerra discurre sobre sus aspectos económicos, europeos, vecinales y de actualidad.

La mayoría de los europeos que conozcan la existencia de las Malvinas asocian las Islas con las frías e inhóspitas imágenes del conflicto que concluyó el 14 de junio de 1982, o con la disputa territorial con Argentina. Sin embargo, durante los últimos 25 años las Islas Malvinas se han convertido en una comunidad vibrante con un futuro muy prometedor.

¿Las Islas de quién?

Las Islas Malvinas (Las Falklands en inglés), situadas en el Atlántico Sur, forman parte de los Territorios Británicos de Ultramar, con un Gobierno legislativo de 8 miembros elegido por unos 3.000 ciudadanos. Las dos circunscripciones territoriales poseen 5 miembros electos que representan a la capital, Stanley, y los otros 3 representan el “Camp” (como llaman los isleños a cualquier lugar fuera de de la capital). Todos los miembros del gobierno son independientes pues allí no hay partidos políticos.

Muchos asumen que las Islas son gestionadas a costa del contribuyente británico. Sin embargo, son económicamente autosuficientes en todas las áreas excepto en defensa, donde el Reino Unido destina un 0.5% de su presupuesto total de defensa. Las Islas se autogobiernan, aunque los asuntos de defensa y asuntos exteriores quedan en manos del gobierno británico. En el plano económico, las Malvinas se han transformado tras aquel lejano conflicto: el PIB ha aumentado de 5 millones de libras esterlinas a casi 72 millones, siendo los beneficios derivados de la pesca su principal fuente de ingresos.

Las Malvinas en Europa

Como territorios de Ultramar de un Estado miembro de la Unión Europea, las Malvinas gozan de un estatuto jurídico especial según los Tratados de Roma y Maastrich –de hecho, no son reconocidos por la UE como un territorio del Reino Unido-. Mediante la Decisión de Territorios de Ultramar, se garantiza una libre circulación de las mercancías que se producen allí. Como ciudadanos del Reino Unido, los autóctonos de las islas pueden circular y trabajar por todo el territorio de la UE (lo cual no es recíproco) existiendo una cuota de libre circulación de personas, como ocurre con las mercancías.

Las Malvinas reciben financiación de la Comisión Europea a través de 2 vías. En primer lugar, las islas recibieron 4,2 millones de libras (unos 6,22 millones de euros) por medio de STABEX (un sistema para la estabilización de las ganancias de la exportación). En segundo lugar, el Fondo Europeo de Desarrollo (FED) separado en fondos regionales y territoriales han aportado 700.000 euros para infraestructuras que permitan el desarrollo de sus granjas, y 3 millones de euros en ayudas territoriales más 1,5 millones de euros en ayudas regionales.

El gobierno de las Malvinas se reúne cada año con la Comisión Europea en el Foro europeo de países y territorios de Ultramar. “Las relaciones son buenas” –afirma Andrea Clausen, miembro del Gobierno Legislativo de las Malvinas-. “Buscamos incrementar nuestra presencia en la Comisión Europea para facilitar un acceso continuado y justo a los mercados, así como apoyo financiero para el desarrollo de nuestras infraestructuras”.

Todo el mundo necesita buenos vecinos

En casa, las relaciones con la vecina Argentina se han deteriorado seriamente con la actual administración del presidente Néstor Kirchner, que previamente había cooperado en áreas en beneficio de ambas partes, como la conservación de los caladeros compartidos de peces. Hoy, Argentina establece sanciones unilaterales que minan la economía de las Malvinas. Por ejemplo, existe una prohibición de vuelos charter a las islas, y anima a las compañías energéticas de hidrocarburos a no invertir allí.

Mientras las Malvinas son objeto de sanciones por parte del gobierno argentino, un pequeño número de personas de origen argentino ha construido sus vidas en las islas y ha sido aceptado en sociedad por la mayoría de sus habitantes. Al tiempo que los habitantes de las islas están orgullosos de su estrecho vínculo cultural con el Reino Unido, otros se quejan de una pérdida de identidad. Alec Bettsd, conocido como Alejandro, abandonó las islas en junio del 82 para irse a vivir a Argentina, y ahora manifiesta a boca llena sus reclamaciones contra las islas. Este año se ha convertido en alcalde de una pequeña ciudad argentina y ha presentado la queja de su país de adopción ante las Naciones Unidas en Nueva York.

Quizá los próximos 25 años traerán unas Malvinas todavía más multiculturales. Una parte estable de su población es natural de su colega británica de ultramar, la Isla de Santa Elena (donde se exilió y murió Napoleón) así como un importante número de chilenos. “La sociedad de las Malvinas se ha beneficiado de sus intrínsecas influencias culturales” – dice el representante del gobierno de la Isla de Santa Elena, John Clifford. “Las Malvinas tienen la gente y los trabajadores que necesitan, y Santa Elena una fuente muy valiosa de ingresos y buen empleo en posiciones de responsabilidad. Muchos santelenos consideran ya las Malvinas como su casa, habiendo realizado importantes inversiones allí".

52 grados al sur: un retrato de la vida en las Malvinas

Es muy difícil persuadir a la gente del Reino Unido (donde trabajaba como periodista al norte de Londres) que realmente existe una exuberante, vibrante y soleada vida a 52 grados de latitud sur.

Las Malvinas ofrecen un estilo de vida de hilarante felicidad. Es posible pasar la hora de la comida viendo los pingüinos y delfines retozando en espumosas playas de arena blanca; hay enormes cielos azules, y una fuerte y brillante luz sin polución; y la vida social en este remoto archipiélago transcurre en una exhaustiva paz. Además, tiene la gran ventaja de que todo el mundo se conoce a la perfección.

Las puertas de las casas y de los coches nunca están cerradas, las pertenencias siempre permanecen con sus dueños, los niños juegan y actúan como niños, no hay desempleo, no hay grandes multinacionales, ni publicidad agresiva, y una sonrisa o un saludo amable nunca reciben una mala cara en respuesta.

“Camp”, como los autóctonos llaman a cualquier lugar fuera de la capital, es la casa espiritual de las Maldivas. Es una tierra bucólica, difícil de trabajar y de grandes distancias –un lugar de campesinos e ingeniosa autosuficiencia-. Está idealizado por la visión de los isleños pero llama la atención de cada vez menos gente.

Stanley ha crecido por la llegada de los isleños llegados desde “Camp”, inmigrantes como yo, y jóvenes que han cruzado el mar para estudiar (financiados por el gobierno) o para viajar. Vuelven a casa con un entusiasmo y lealtad que es la envidia en otras naciones isleñas.

A diferencia de otras ciudades de tamaño parecido por todo el mundo, donde los residentes se desplazan a otras aglomeraciones urbanas para trabajar, comprar y socializarse, Stanley se autoabastece. Con su propio hospital, aeropuerto, puertos, escuelas, fuerzas policiales, supermercados, restaurantes y bares de copas, Stanley es lo que puede entenderse como una “gran aldea”.

Sue Gyford, de 32 años, escribe desde Edimburgo, adonde ha regresado tras tres años y medio como redactora del servicio radiofónico de las Islas Malvinas.

(Foto en faldón: Sue Gyford)