Las patentes de software amenazan con llegar a Europa

Artículo publicado el 17 de Marzo de 2005
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 17 de Marzo de 2005

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¿Qué le parecería tener que pagar por haber entrado en esta página y leer este artículo, “gracias” a la existencia de una patente que establece la propiedad intelectual del doble clic de su ratón?

El número de la patente estadounidense otorgada a Microsoft que regula precisamente esta acción tan habitual es el 6.727.830. Y no es un ejemplo aislado. Network Associates está a punto de patentar la lucha antispam. ¿Dónde está el límite? ¿Es esto lo que nos espera aquí, en Europa?

La globalización del software

El pasado lunes 7 de marzo, el Consejo de Ministros de Industria y Energía de los 25 ratificó, sin debate alguno, el acuerdo alcanzado en mayo de 2004 sobre la directiva de patentes de software. El voto español en contra y la abstención de algunos países de la Unión (Austria, Italia y Bélgica) no fueron suficientes para impedir el avance de dicha directiva.

Después de haber quedado claro el gran descontento español con las instituciones europeas en el pasado referéndum constitucional con una abstención del 58%, la Unión Europea no escarmienta. Vuelve a dar muestras de alejamiento respecto de sus ciudadanos, abogando por favorecer a las grandes compañías en su lucha por las patentes de software, y desoyendo el clamor general que se ha alzado en contra de esta medida a lo largo y ancho de la UE.

El gigante Microsoft, todo un perro viejo en estas vicisitudes, junto con otras grandes multinacionales como Nokia, presiona a la UE para que la directiva salga adelante, con el pretexto de que estas medidas favorecerán el desarrollo y la innovación tecnológica.

David contra Goliat

Nada más lejos de la realidad. Si lo que se pretendía era dinamizar la industria y acelerar el crecimiento del sector en los Estados Unidos, el desarrollo de las patentes de software está consiguiendo justo lo contrario. Las pequeñas y medianas empresas del sector se ven inmersas en juicios sin fin contra los gigantes del software. Continuos pleitos generados por este tipo de normativa, donde las grandes compañías y, por supuesto, toda su corte de fieles y eficientes abogados, tienen las de ganar.

Y qué decir del software libre. Proyectos tan altruistas como Linux se encuentran amenazados de muerte. Con un código totalmente abierto estará expuesto a que se encuentren en él violaciones continuas de la propiedad intelectual. Las asociaciones de usuarios de software libre estiman que más de la mitad de los programas informáticos utilizados en la UE se volverían ilegales.

En un mundo globalizado, en el que las grandes compañías manejan los hilos de la economía y de la política mundial, la Unión Europea se tiene que mantener firme y no aprobar, a espaldas de sus ciudadanos, medidas que van en su contra. Si lo que se quiere es que los ciudadanos de los 25 confíen en las instituciones europeas y se arraigue un sentimiento europeísta, los lobbies europeos que toman estas decisiones tendrán que andarse con mucho cuidado. Muy fácil sería sospechar de sus buenas intenciones teniendo sobre sus cabezas a las grandes multinacionales del sector.

Esperemos que si ustedes deciden salir de esta página con el clic habitual no les suponga ningún coste económico en un futuro próximo.