Las procesiones absurdas del Parlamento europeo deben acabar

Artículo publicado el 2 de Octubre de 2006
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Artículo publicado el 2 de Octubre de 2006
Un millón de ciudadanos quieren que Bruselas sea la única sede del Parlamento europeo.

El 20 de septiembre, la primera petición ciudadana de la Unión Europea alcanzó el millón de firmas. La europarlamenaria Cecilia Malmström lanzó la iniciativa para acabar con la doble sede parlamentaria: Estrasburgo y Bruselas.

Su campaña para lograr una sola sede parlamentaria –la de Bruselas- no ha conseguido el apoyo universal. El Presidente de la camara, Josep Borrell, ha declarado que quienes abogan por única sede parlamentaria en Bruselas no comprenden el dolor que significó para muchos la segunda guerra mndial. El europarlamentario Bernd Posselt piensa que si “tenemos una capital, debería ser Estrasburgo y no Bruselas”. Posselt apuesta por Estrasburgo como un símbolo del acercamiento Franco-Alemán después de la segunda guerra mundial. ¿Un millón de ciudadanos de la Unión Europea por un lado y la mayoría de los europarlamentarios por otro?

De acuerdo con el europarlamentario británico Richard Corbett, “la sede del Parlamento Europeo debería estar en Bruselas, en donde ya tenemos tres cuartas partes de nuestra actividad parlamentaria y donde están situadas las otras instituciones”. También añade que los europarlamentarios “interactúan con la Comisión y el Consejo todos los días y que ONG, sindicatos, patronales y diferentes organizaciones están también en Bruselas. Bruselas es, de hecho, la capital de Europa”.

Burocracia y desatino

Aunque Bernd Posselt es muy reacio a reconocer los hechos, parece claro que la gran mayoría de los europarlamentarios apoyan una única sede en Bruselas antes que en Estrasburgo. Desde hace poco, estos europarlamentarios pro-Bruselas, tienen un apoyo en la Comisión Europea.

Margot Wallström, vicepresidenta de la Comisión, ha declarado hace poco en la revista E!Sharp que “lo que ha sido un símbolo muy positivo de la Unión Europea reconciliando a Francia y Alemania, se ha convertido en un símbolo negativo, de despilfarro de dinero, burocracia y de locura en las instituciones de Bruselas.”

Wallström tiene razón. Durante alrededor de cuatro días al mes, los europarlamentarios deben trasladarse de Bruselas a Estrasburgo para sesiones plenarias, en lo que se llama la “Semana Europea”. Esto le cuesta al Parlamento europeo unos 200 millones de euros anuales tan sólo en costes de transporte. El coste en la ya deformada reputación de la Unión Europea entre sus ciudadanos es también muy grande. Hoy, la opinión pública sobre la Unión Europea se halla tocada tras el rechazo de la propuesta de la Constitución el pasado año. A Europa le vendrían bien buenas noticias.

Aferrarse a Estrasburgo

Con todo, los defensores pro-Bruselas reconocen que son los 25 Estados miembro los árbitros de la solución. Corbett reconoce que Estrasburgo necesita una compensación por la pérdida del Parlamento. El edificio del Parlamento Europeo en Estrasburgo podría albergar las cumbres del Consejo Europeo o un nuevo instituto de alta tecnología. Dicho esto, ¿los incentivos empujarán finalmente a Francia a abrazar la idea de un Parlamento sin Estrasburgo?

El año que viene, o Nicolas Sarkozy o Ségolène Royal sustituirán a Jacques Chirac. El 8 de septiembre de este año, Sarkozy criticó la necesidad de unanimidad en las decisiones clave de la política europea. Será interesante ver si piensa lo mismo cuando llegue a presidente.

Eso sí, la estupidez de procesionar de una ciudad a otra todas los meses es un absurdo injustificable. Los tiempos en que se invocaba la concordia franco-germana como símbolo que justificase la elección de Estrasburgo frente a Bruselas como sede parlamentaria terminaron en 2004 con la nueva ampliación hacia el este. La Campaña por una sola sede parlamentaria y la recogida de firmas debe hacernos reaccionar.

Durante mucho tiempo los Estados miembro se han escondido detrás de la fachada europea para aprobar las medidas más impopulares. Los europarlamentarios ya han hecho lo que han podido para acabar con la farsa de las dos sedes. Ahora les toca a los Estados miembro asumir la responsabilidad y persuadir a Francia de las ventajas de una sola sede en Bruselas o el fracaso de no lograr tal cosa.

Copyright foto 2: Mel y John Kots - Flickr