Las redes sociales, reino de los pecados capitales 2.0

Artículo publicado el 13 de Septiembre de 2013
Artículo publicado el 13 de Septiembre de 2013

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Con el crecimiento de las redes sociales pasamos cada vez más tiempo delante de nuestros perfiles virtuales. Tras el triunfo de Facebook, que ya ocupaba y complicaba bastante nuestras vidas, han surgido Twitter, Instagram o Pinterest, entre otros. Administrar y actualizar nuestros múltiples perfiles (o personalidades) en internet se ha convertido en casi una actividad cotidiana a tiempo completo.

Nos sentamos frente a la pantalla y perfeccionamos nuestra imagen en la red.

Sabemos eliminar cuidadosamente las fotos que han salido mal y destacar los vídeos publicados. Creemos presentar lo mejor de nosotros mismo, pero, insidiosamente, las redes sociales nos hacen volver más feo. Y no solo porque exponemos únicamente nuestra cara frente a la luz de la pantalla, sino que también caemos en el pecado.

La lista oficial de los pecados capitales se estableció en 1215, durante el Concilio de Letrán. Tras 900 años, los vicios siguen siendo los mismos, pero esta vez podemos caer en ellos sin salir de nuestra casa. ¡Bendito siglo XXI!

EL INFIERNO EN LA TIERRA

Soberbia: Facebook, el escaparate de nuestra vida en formato HTML

No busquemos más a los narcicistas en los baños porque han encontrado una nueva forma de admirarse. Las redes sociales, con Facebook a la cabeza, se alimentan de nuestro orgullo, una fuente inagotable. Enamorados de nosotros mismos y buscando sin ningún descanso la aprobación de los otros, salimos a escena como si vendiéramos un objeto. Para promocionarnos utilizamos fotos de nuestras vacaciones en las islas o de la última noche de fiesta de un sábado, eso sí, siempre después de haberlas seleccionado. Y para someter el producto a examen, tenemos un panel de consumidores: nuestra lista de "amigos".

Envidia: Pinterest, la última garantía del buen gusto justificado

En los tiempos que corren, sabemos que aún no podemos comprar la casa de nuestros sueños. Lo que sí podemos es construirla en nuestra pantalla. Añadimos a nuestra larga lista de tableros uno nuevo con los objetos que nunca llegaremos a tener mientras se nos cae la baba con la decoración de un loft de Brooklyn.

Con Pinterest ya no hay que esperar a las navidades para escribir nuestra carta a los Reyes Magos; podemos agregar todos los días a nuestro collage aquello que envidiamos. Y la verdad es que viene bien porque, con 847 amigos en Facebook, ¡hacen falta bastantes ideas para los regalos!

Gula: Instagram, ¡yo soy Master Chef!

La moda de los años 2000 es llevar ropa ajustada, así que nada de comer comida grasienta, ya sea salada o dulce. Por eso, la gula resalta a la vista. Ya os habréis dado cuenta: nuestras pantallas están invadidas de fotos de deliciosos manjares. Y todo gracias a la magia de Instagram, con la que todos somos fotógrafos profesionales. Pero realmente no lo somos, ni tampoco tenemos modelos a nuestra disposición para calentar al objetivo, así que fotografiamos lo que nos encontramos en el frigorífico. Esto es la gula versión 2.0.

Ira:  Twitter y Youtube, el Coliseo de los tiempos modernos

Estas aplicaciones son verdaderos rings de boxeo. Los insultos vuelan y se pone verde a todo el mundo, ya sea a aficionados o a profesionales de la música en Youtube, o a políticos y a otros personajes públicos en Twitter. La gente se irrita, las peleas cobran una importancia desmesurada, los agresores pasan a ser agredidos... Twitter y Youtube se han convertido en herramientas privilegiadas para discutir a través de la pantalla. Cuando sintamos cólera, no lleguemos a las manos, tuiteémoslo.

Lujuria: Make Love Not Porn, hacer clic no es engañar

Ahora es más fácil ligar escondido tras nuestro perfil de Facebook. Tras el éxito que ha tenido en las páginas web de contactos para solteros, más o menos exigentes, y para aquellos que se dedican a manener relaciones extramatrimoniales, el sexo  ha llegado a las redes sociales. Cindy Gallop ha presentado su nueva red social para encuentros sexuales en el último encuentro sobre música, cine y medios interactivos SXSW. El objetivo: intercambios centrados en el sexo, a través de vídeos y comentarios. Es cierto lo que dicen: ¡las redes sociales satisfacen todos nuestros deseos!

Avaricia: el tiempo es oro

Con nuestro yo Facebook, nuestro avatar Twitter, nuestro doble Linkedin y nuestra personalidad Pinterest, ya tenemos suficiente trabajo para gestionar. No es de extrañar que uno sea tacaño con su tiempo y dedicarlo menos a los otros. Es una comunicación mucho más personalizada. Actualizamos nuestro estado con las últimas noticias, y ya que responda quien quiera. En fin, solo esperemos que dos o tres personas lo lean, porque ya sabemos lo que puede pasar con una publicación sin respuesta...¡Nos pueden tomar por tonto!

Pereza: ¡todos unidos contra la productividad!

El pecado por excelencia de las redes sociales es la pereza, sin ninguna duda. Facebook, Vimeo o Youtube, entre otros, son los reinos del "dejarlo todo para mañana" y los templos de la holgazanería. Una página nos lleva a la otra. Apenas hemos terminado de ver un vídeo cuando nos proponen doce más. La famosa frase "si te ha gustado este, también te gustará este" nos muestra el recorrido a través de la red interminable y nuestro camino hacia el trabajo cada vez está más lleno de trampas.

sólo para falsos

¿Quién reuniría 500 personas en su casa para anunciar que se ha quemado tomando el sol? ¿Quién insultaría a alguien cara a cara de forma tan violenta como se hace en Youtube? Internet parece desinhibir nuestra personalidad. Como todo es virtual, creemos que todo lo que decimos no tiene verdadera importancia. Dejarse llevar por la red parece no tener consecuencias. Y, francamente, los hacemos igual que en un videojuego: tiramos a bocajarro a alguien sin reflexionar. Aquí la excepción es que el "enemigo" es verdaderamente real. Existen muchos ejemplos de polémicas, indemnizaciones y acosos nacidos por los comentarios en Twitter o Facebook. Los videojuegos y las redes sociales son la misma cosa. ¡Consuman con moderación!