Las reformas de la PAC lo prueban todo y no llegan a nada

Artículo publicado el 12 de Diciembre de 2005
Artículo publicado el 12 de Diciembre de 2005

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¿A dónde va el dinero de la PAC? En una entrevista con café babel, el economista francés Pierre Boulanger, insiste en la necesaria evolución de una PAC opaca y obsoleta.

PAC: la hora de la verdad en Francia, es el nombre de un estudio redactado por Pierre Boulanger y publicado el pasado mes de noviembre por un centro de investigación de Ciencias Políticas, el Grupo de Economía Mundial (G.E.M.). Lo que revela es que, en Francia, las subvenciones agrícolas acordadas por la Unión Europea se destinan principalmente a los agricultores más grandes: el 1% del conjunto de los productores y percibe un total de subvenciones superior al recibido por el 40% de agricultores al cargo de pequeñas explotaciones.

En su estudio, subraya la opacidad de la información disponible acerca de los beneficiarios en Francia de las ayudas directas de la PAC, ¿cómo ha podido conseguir identificar a 58 de esos propietarios?

Hemos buscado la información de dos maneras: oficial y oficiosa. Oficialmente, le hemos pedido a las Delegaciones Provinciales Forestales y de Agricultura (DDAF) que nos mostraran las sumas de las ayudas directas entregadas a los agricultores, pero se negaron amparándose en la ley de Informática y Libertades de 1978 [que permite que los datos de la Administración puedan mantenerse de forma confidencial]. Por lo tanto, hemos interpuesto un recurso ante la Comisión de Acceso a los Documentos Administrativos (C.A.D.A.), que ha de tomar una decisión en las próximas semanas sobre el carácter público de estas informaciones. Oficiosamente, nos hemos apoyado en la Confederación de Agricultores con el fin de proceder localmente a hacer cálculos basados en las superficies cultivadas y en la rotación de cultivos practicados por los grandes agricultores. Hemos contrastado estas informaciones con las obtenidas por un periodista de la revista Capital y publicadas en noviembre de 2004, logrando establecer una lista de los 58 agricultores que más se benefician de las subvenciones directas.

¿Cómo explica el silencio que rodea la atribución de las ayudas directas? ¿Qué impacto puede tener este secretismo sobre la puesta en marcha y evolución de la PAC?

Casi podría hablarse de ley del silencio. Los latifundistas son elegidos para desempeñar cargos en organizaciones gubernamentales agrícolas a nivel regional y local, desempeñado así una enorme labor de lobby. Si bien la Federación Nacional de Sindicatos Agrícolas (FNSEA) se ha mostrado recientemente a favor de una mayor transparencia, el gobierno no parece decidido a difundir estas informaciones de interés público. Esta opacidad en la atribución de las ayudas directas desemboca finalmente en un reparto aún más desigual del maná europeo. Este reparto de fondos comunitarios refuerza la concentración de las explotaciones y anima el éxodo rural. En este sistema, cuanto más se cultiva, más ayudas se reciben, por lo que los pequeños agricultores no encuentran su lugar. La Agenda 2000 (un programa de acción para fortalecer las políticas comunitarias) y la puesta en marcha de los derechos de pago directo (DPU) no van a modificar fundamentalmente el reparto. Los DPU deberían permitir desacoplar las ayudas europeas y la producción con el fin de que la elección de los cultivos se haga de acuerdo con el mercado y no por las subvenciones europeas. Sin embargo, el cálculo de la cantidad de los DPU se basa en una referencia histórica y por lo tanto renovarán las desigualdades distributivas del pasado. Dicho de otro modo, a partir del año 2006, un agricultor de cereales, produzca o no, recibirá un 75% de las subvenciones que recibía durante el periodo 2000-2001-2002. Además, Bruselas tiende a desprenderse cada vez más de las orientaciones y modalidades concretas de la PAC, la cual, abandonada a los Estados miembro, es cada vez menos comunitaria.

Menos comunitaria, opaca... ¿la PAC tiene todavía futuro? Pensada para reanimar a una población exhausta en los años cincuenta, ¿cómo puede seguir funcionando a la hora de la mundialización?

Por un lado, aunque me sienta profundamente europeo, no puedo más que constatar que las reformas de la PAC lo prueban todo y no llegan a nada. Esta política se mantiene en una lógica que prevalecía en los años sesenta, cuando el sector agrícola se industrializó. Hoy en día, tendemos hacia una mayor liberalización comercial, sea cual sea el sector de la economía. La agricultura se liberaliza de igual forma que los servicios. Por lo tanto, es indispensable replantearse los sistemas de ayuda, todo ello teniendo en cuenta la multifuncionalidad de la agricultura.

La agricultura no son sólo los productos alimenticios, sino también la protección del medio ambiente, el desarrollo rural, los equilibrios demográficos..., etc. Podemos constatar hoy en día una voluntad por transferir los créditos de las ayudas directas hacia la financiación de medidas agro-medioambientales. En este contexto de competición a nivel mundial, la agricultura ha de servir como moneda de cambio entre las negociaciones internacionales. Conviene poner en marcha un proceso de liberalización agrícola no lineal: dejar de subvencionar las grandes explotaciones y ayudar a las pequeñas en cuanto que actores de nuestros campos, teniendo en cuenta la heterogeneidad de las estructuras de producción, y en particular las de los nuevos Estados miembro. El sistema actual de la PAC, decidido en 1999 y completado en 2003, prevalece hasta 2013. De aquí a entonces, parece inevitable una reforma ambiciosa, tanto desde un punto de vista de eficiencia económica como de justicia social.