¿Las Vegas de Europa? Está en Estonia

Artículo publicado el 29 de Enero de 2007
Artículo publicado el 29 de Enero de 2007
Negocios, diversión, y a veces, enfermedad. Los juegos de azar en la pequeña república báltica.

Sesenta salas sólo en la capital, Tallín, una por cada 5.000 personas, y tres mil ochocientas máquinas de apuestas en funcionamiento. Nada qué decir, la pequeña república báltica se presenta como candidata a ejercer el papel de Las Vegas de Europa. ¿Qué consecuencias tiene este fenómeno en la vida cotidiana de los estonios que desde 2004 son parte de la Unión Europea? “Vengo al menos una vez por semana” dice Raili, de 26 años, a la salida de uno de los casinos del centro de Tallín. “Aquí me divierto con mis amigos. Hay quien se pasa horas delante de una PlayStation y hay quien prefiere los escalofríos del juego. Es un pasatiempo como otro cualquiera.” Mientras tanto, sólo en 2005, según los datos proporcionados por la asociación de gestores estonios, este pasatiempo ha arrojado unos ingresos de alrededor de 1.162.000.000 coronas (75 millones de euros). Una cifra que da mucho que pensar, sobre todo en un país tras cuya independencia de la Unión Soviética a principio de los años noventa desempeñó el rol de “lavadora” de dinero negro.

305 millones al Estado

“¿Casinos y mafia? No se habla de ello pero es obvio que están relacionados”, explica Karl, ex funcionario de policía. Tonis Ruutel, presidente de la Asociación Estonia de Operadores de Apuestas, defiende a capa y espada la categoría: “Los casinos no son en absoluto la mejor manera de blanquear dinero: con todos los impuestos que pagamos, sería mucho más simple abrir un restaurante”. Es cierto que en el pasado fue un problema, sin embargo, hoy en día, las leyes de blanqueo de capitales en Estonia son más duras que las de la media europea”. El negocio del juego goza de un estado de completa legalidad. El Estado estonio no está exento, y viene al caso decirlo, de tener fortísimos intereses en el juego. Gracias a esta industria, aumentó sus arcas en 305 millones de coronas (19 de euros) en 2006. “En mi opinión, los nombres de todas las personas que han resultado muertas a causa de problemas con el juego podrían cubrir en su totalidad las paredes del museo KUMU, el nuevo museo de arte nacional, construido con el dinero proveniente de los impuestos sobre los juegos de azar”, denuncia Antón, padre de un treintañero que se quitara la vida hace algunos años después de haberlo perdido todo en el juego.

El 1% sufre ludopatía

En un país que cuenta con tan sólo un millón y medio de habitantes, cerca del 1,1% sufre dependencia al juego, una enfermedad real que amenaza con arruinar las vidas de generaciones enteras (véase la encuesta en Italia de Monica Nardini). Como la de Avo Viiol, ex director de un departamento de cultura que hace unos años fue arrestado y recluido en prisión por haber sustraído ocho millones de coronas (cerca de 500.000 euros) de las arcas del Estado para satisfacer su sed de apuestas. Una cantidad impresionante de dinero que una sentencia judicial le ha obligado a restituir.

Llegados a este punto las casas de juego se han movilizado para preservar su imagen, enfrentándose a una legislación que impide la reserva del derecho de admisión a estos lugares. Han ideado un sistema por medio del cual se puede evitar el ingreso de aquellos que hayan tenido el coraje de denunciar su problema al E.G.O.A. Este sistema se ha visto reforzado recientemente con una iniciativa financiada por la Unión Europea , y con la creación de un instituto en el cual psicólogos y psicoterapeutas prestan asistencia a quien sienta que tiene un verdadero problema.

Negocio, diversión y...enfermedad. Un trinomio que muchas veces acaba en tragedia y que como es obvio, el señor Ruutel no acepta, pero tampoco se entretiene en dedicar su tiempo a jugar porque como él dice “Tengo cosas mejores que hacer”.