Lech Garlicki y la religión en tela de juicio: símbolos en el banquillo

Artículo publicado el 14 de Junio de 2010
Artículo publicado el 14 de Junio de 2010
Velos islámicos y crucifijos en los colegios, el burka, la seguridad y la situación de la mujer. Uno de los jueces del Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha charlado con cafebabel sobre estos temas y la últimas decisiones del organismo

En Francia, el caso de dos niñas de 12 años que fueron expulsadas del colegio por no quitarse su velo islámico en clase de Educación Física acabó en los tribunales. En Italia, un padre recurrió a la justicia para quejarse por la presencia de crucifijos en las aulas. En Turquía, una joven protestó porque le impidieron presentarse a los exámenes de la universidad con su velo. Religión, derechos y libertades están sobre la mesa en algunos de los casos más conocidos que han pasado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en los últimos años. Uno de sus jueces, Lech Garlicki, nos comenta las decisiones de la sala, los argumentos que se tienen en cuenta y la necesidad de que Europa se siente a pensar sobre estos asuntos.

"Si en un control en el aeropuerto yo me veo obligado a quitarme la chaqueta, es normal que quien lleve burka deba quitárselo", opina (Foto©Ester ArauzoEl debate está abierto. A Europa no le queda más remedio que decidir dónde marcar los límites, por ahora confusos y controvertidos, que se enredan entre libertad de creencias, laicidad de los Estados, derecho a la educación e igualdad. Eso sí, los contextos son muy diferentes en los distintos Estados, apunta Garlicki, que desde 2002 forma parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y que ha participado en un seminario internacional sobre los símbolos religiosos en el espacio público, organizado por la Fundación Euroárabe de Altos Estudios en Granada (España).

Casos polémicos

“La Convención Europea de los Derechos Humanos no persigue la uniformidad, sino marcar unos estándares mínimos”, puntualiza Garlicki, de origen polaco, que explica que en el caso de la estudiante Leyla Sahin, en Turquía, se tuvo muy en cuenta que se trataba de un contexto donde la mayoría del alumnado era de religión musulmana, al contrario de lo que sucede en gran parte de Europa. Esta universitaria acudió al Tribunal de Estrasburgo después de que el Estado turco le impidiera estudiar y examinarse con el velo islámico, pero el alto Tribunal consideró que esta medida era justa. Si no, al haber una mayoría musulmana en las aulas, “se crearía un contexto particular donde llevar o no el velo islámico puede ser utilizado para ejercer presión sobre aquellos estudiantes que se nieguen a llevarlo”, explica el juez.

"Se están generando opiniones extremistas y creo que debería tomarse algún tipo de decisión de compromiso”

No obstante, aunque en Francia la situación sea distinta, tampoco el Tribunal Europeo de Derechos Humanos le dio la razón a los padres de Belgin Dogru y Esma-Nur Kervanci. Estas dos niñas de 12 años fueron expulsadas del colegio al negarse a obedecer a sus profesores cuando les pidieron que se quitaran el velo para las clases de Educación Física. En este caso, se consideró que “dado que la Constitución francesa especifica que se trata de un Estado laico”, indica Garlicki, “se pueden imponer esta clase de normas en los colegios públicos”.

Cuando se trata de vestimentas como el burka, que cubren incluso el rostro, el aspecto de la seguridad puede entrar también en el debate. De hecho, algunos países tienen ya regulaciones que prohíben llevar la cara tapada en manifestaciones públicas, por ejemplo, porque esto hace imposible “reconocer quién hace qué”, apunta el letrado. “Si en un control en el aeropuerto yo me veo obligado a quitarme la chaqueta, es normal que quien lleve burka deba quitárselo”, defiende.

En Italia un padre recurrió a la justicia para quejarse por la presencia de crucifijos en las aulasPero en las situaciones en las que el factor de la seguridad no entra en juego, el asunto de fondo, en su opinión, es el mensaje que se trasmite con estas vestimentas y si es compatible con la naturaleza y la misión de un colegio público, por ejemplo. “Algunos dicen que se trata sólo de una manifestación de la religión y otros que es un símbolo de la subordinación de la mujer”, constata el juez. “Yo no sé cuál es la verdad, pero en la sociedad europea se están generando opiniones extremistas al respecto y creo que debería tomarse algún tipo de decisión de compromiso”.La religión y las aulas son también las protagonistas del caso de Soile Lautsi, un padre que protestó ante el Tribunal Europeo por la presencia de crucifijos en los colegios italianos con el argumento de que esto dañaba la libertad religiosa de padres y alumnos. En este caso, la postura del Tribunal es partidaria de la retirada de este tipo de símbolos y por tanto se impuso una multa por perjuicio moral al Estado italiano, que por el momento ha recurrido la sentencia.

La Convención Europea de los Derechos Humanos, en su artículo 9, defiende la libertad de pensamiento, conciencia y religión y el derecho a manifestarlos. Pero al mismo tiempo abre la puerta a limitar este derecho, pero sólo en los casos determinados por la ley y que sean necesarios en una sociedad democrática en el interés de la seguridad, la protección del orden, la salud, la moral o los derechos y libertades de otros. La labor del Tribunal es decidir qué casos y situaciones están a cada lado de la línea. Para la sociedad europea es algo que, por el momento, no está del todo claro.

Fotos: principal ©roberto_berna /Flickr; Lech Garlicki ©Ester Arauzo; cruz ©ashe-villain/ Flickr