'Lejos de los hombres', un western europeo 

Artículo publicado el 7 de Octubre de 2015
Artículo publicado el 7 de Octubre de 2015

Presentada en el Festival de Venecia de 2014 e inspirada en un relato de Albert Camus, el filme Lejos de los hombres, del director francés David Oelhoffen, llega a las pantallas para ofrecernos el viaje de dos personajes solitarios en busca de su identidad y sus raíces.

Las palabras que escribió uno de los pensadores más importantes del siglo XX, el franco-argelino Albert Camus, en su ensayo El huésped, adquieren hoy una gran relevancia en un mundo sin fronteras marcado por la gravedad del continuo tráfico de seres humanos que son arrancados de sus raíces por los conflictos bélicos. Parece que el director francés David Oelhoffen supo ver en este breve texto de su compatriota un paralelismo con los terribles acontecimientos que están sucediendo en países como Siria, Irak o Afganistán, los cuales acaban repercutiendo en la gestión política, económica y humanitaria dentro de nuestras fronteras europeas. Lejos de los hombres viene a ser una libre adaptación de ese texto de Camus y es un excelente ejercicio de reflexión humanista y de asunción de responsabilidad histórica del viejo continente con estos países, sobre todo, con los refugiados. 

El filme ha recorrido varios festivales y fue presentado en el Festival de Cine Francés que tuvo lugar en Madrid el pasado mes de junio, al que acudieron el director de la cinta, el actor protagonista y co-productor Viggo Mortensen y la intérprete española Ángela Molina, que cuenta con un breve papel. Esta película remite necesariamente al género western, pero “a la europea”. Los vastos parajes desérticos de Argelia, la situación político-social postcolonial y dos personajes apátridas son los elementos de los que se vale este relato para narrar una dura “odisea quijotesca”.  

Daru (Viggo Mortensen) ejerce como profesor en una escuela situada en el escarpado y solitario paisaje del Atlas, un necesario y merecido refugio tras haber vivido años de violencia en la guerra franco-argelina y desde donde transmite a sus pupilos sus inalterables convicciones morales. Sin embargo, esta paz se ve alterada cuando las milicias francesas enfrentadas a los “rebeldes” argelinos en pos de la liberación colonial, encargan a este reconvertido maestro la tarea de llevar a Mohamed (Reda Kateb), un preso común, para que sea juzgado por la ley occidental y no la tribal, que busca su muerte inmediata.

A partir de aquí el personaje de Mortensen se ve obligado por las circunstancias a tener que “cargar” con el reo en un camino en el que el aprendizaje será mutuo y el concepto de fraternidad, amistad y lealtad afloran de manera significativa. Daru y Mohamed son la cara de dos formas de ver el mundo y de entender la ley y la justicia y, sin embargo, ambos son capaces de encontrar puntos en común, vías de entendimiento que van más allá de lo dictado por las palabras de los hombres –y la de Dios– y el sinsentido de algunos de sus actos. 

Lejos de los hombres se antoja pues como un filme necesario y reflexivo que pone de manifiesto la sorprendente vigencia de un texto con poso filosófico, humanista y existencial que Camus escribió en los años 50. El mérito de Oelhoffen es el de haber convertido este breve pero rico texto en una magnífica plasmación del concepto de convivencia y comprensión entre culturas, así como en hacer recaer el peso del relato en dos actores –brillantes, por cierto– parcos en palabras, pero locuaces en miradas y gestos, que en su peregrinaje buscan un lugar en el que la justicia sea entendida en el sentido más universal del término: La paz con uno mismo.