Leyla Zana, la esperanza de los Kurdos

Artículo publicado el 29 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 29 de Septiembre de 2005

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El Parlamento Europeo le concedió el Premio Sajarov en 1995, pero la líder kurda ha tenido que esperar para recogerlo hasta el pasado 21 de octubre, tras su larga estancia en las cárceles turcas.

Por fin, en octubre de 2004, Leyla Zana pudo viajar a Bruselas para pronunciar su discurso de agradecimiento al Parlamento Europeo, que le había otorgado en el ya lejano 1995 el prestigioso premio Sajarov por su compromiso pacífico a favor de los derechos humanos de la minoría kurda en Turquía. La activista kurda se ha dirigido a la asamblea en turco y en kurdo, una lengua que una vez estuvo completamente prohibida en los medios de comunicación y en el sistema educativo de su país (su uso se encuentra todavía férreamente regulado), subrayando así la igualdad entre todos los idiomas y animando al gobierno de Ankara a implementar cambios revolucionarios en vista de las negociaciones para la futura adhesión a la Unión Europea.

Aquel juramento en kurdo al Parlamento turco

La cerrada ovación de los 732 miembros del Parlamento Europeo (PE) sirvió de homenaje a una mujer fuerte y sensible, y junto a ella, a su propio pueblo, que ha visto sistemáticamente negados sus derechos más elementales, incluyendo el mismo uso del adjetivo "kurdo" en ciudades, calles y nacidos de origen no turco.

La vida de Leyla, de alguna manera, presenta la de toda su gente. Elegida en 1991, durante la sesión constitutiva del parlamento se vistió con los colores de la bandera kurda y prestó juramento en su lengua materna, lo que le costó, junto a otros cuatro diputados la condena a 15 años de cárcel mediante la falsa acusación de separatismo, delito tipificado en el articulo 341/1 del Código Penal. De hecho, esta activista, a pesar de la represión de las actividades políticas, sociales y culturales kurdas, siempre ha luchado por la convivencia pacífica entre los dos pueblos en un marco democrático, sosteniendo, como ha reiterado en Bruselas, la necesidad de una solución política basada en el principio de la integridad territorial de la República Turca.

Liberación tras el encierro

Gracias a las presiones ejercidas por la Unión Europea, que siempre ha sostenido la injusticia cometida con la condena de Leyla Zana y de sus cuatro compañeros con los que fue encarcelada, el gobierno turco se ha visto obligado a liberalos el pasado junio, concediendo por fin la posibilidad al Premio Sajarov de 1995 de pronunciar su discurso en Bruselas.

Como consecuencia de las actuales negociaciones sobre la eventual adhesión de Turquía a la Unión, se empieza a entrever un rayo de luz y de democracia en la oscura historia de las relaciones entre estos dos pueblos tan diversos, obligados a vivir en el mismo territorio por las exigencias políticas de las grandes potencias en la primera posguerra mundial.

Gracias al fuerte impulso realizado por las instituciones comunitarias, Turquía ha acometido en 2001 importantes reformas constitucionales, incluyendo la tipificación del genocidio como delito, el endurecimiento de las penas por delitos de tortura, la eliminación de la pena de muerte y de las restricciones a las libertades de asociación y expresión. Recientemente, se han adoptado las últimas reformas del Código Penal que anuncian una revolución en las relaciones sociales en el país Anatolio.

Estos pasos hacia adelante -en realidad, el mínimo imprescindible en la universalidad de los Derechos Humanos- nos invitan a confiar en que Turquía intensifique sus esfuerzos de democratización y siga por la senda de las reformas políticas necesarias para satisfacer los criterios de adhesión. Por otro lado, Europa, reservándose un alto grado de injerencia en la determinación de las condiciones relativas a la ampliación, y disponiendo de instrumentos particularmente incisivos para influir en la evolución política e institucional de los Estados candidatos, no debería dejar escapar la ocasión de contribuir pacíficamente a la difusión mundial de los valores democráticos, y de garantizar al pueblo kurdo los derechos más básicos y fundamentales que Ankara siempre ha violado.

Publicado el 29 de octubre de 2004 en la sección Espresso