'Lib-Dems': ¿Qué fue de la tercera fuerza política de Reino Unido?

Artículo publicado el 16 de Marzo de 2016
Artículo publicado el 16 de Marzo de 2016

Unos 9 meses después de que el tercer mayor partido en Reino Unido –y socio en el gobierno de coalición con los conservadores– fuera castigado en las elecciones generales, echamos un vistazo al rol que podría tener aún dentro de la política británica. ¿Es el uso del hashtag #LibDemFightBack en las redes sociales pura ilusión o su lento y largo regreso al escenario político británico?

El 8 de mayo de 2015, un día después de las elecciones generales británicas, se produjo la dimisión de Nick Clegg, el líder de los Liberal-Demócratas (o Lib-Dems), que hasta hace poco era el tercer mayor partido en Reino Unido y socio en el gobierno de coalición con los conservadores de David Cameron. Aunque Clegg ha conservado su asiento en el Parlamento, ha sido testigo de la reducción del número de parlamentarios de su partido de un saludable 57 a un raquítico 8. Los Lib-Dems han rozado su propia extinción, además de estar sufriendo una absoluta crisis existencial.

Esa mañana, en su excelente discurso de dimisión –incongruente con el resto de la campaña–, Clegg afirmó: "Hay una cosa que me parece que está clara: Al liberalismo, aquí, así como en toda Europa, no le está yendo bien contra la política del miedo". Fue una opinión entregada, potente, digna de ser tenida en cuenta y, sin embargo, tardía e inútil en el contexto del resultado de unas elecciones.

Para Clegg, si los Lib-Dems pretenden seguir siendo una fuerza política significativa, el partido tendría que articular un mensaje complejo: Un mensaje enraizado en el centro político, en la moral, en nociones abstractas y absolutas. Y, lo más importante, este mensaje debería traducirse en un éxito electoral, que lograra de nuevo a la gente joven que se ha alejado del partido y aliviara los miedos del votante medio.

Los conservadores, después de todo, han avanzado hasta conseguir una mayoría absoluta debido a las preocupaciones del electorado respecto a una coalición entre el Partido Laborista y el Partido Nacional Escocés, a la seguridad económica y al fantasma de la imagen del entonces líder laborista, Ed Miliband, convirtiéndose en Primer Ministro. A veces, en las elecciones nacionales, el miedo predomina por encima de todo.

¿La voz del liberalismo?

En su discurso, la alusión de Clegg a la situación política polarizada en toda Europa –quizá tuviera en mente los casos de la Syriza griega y el Podemos español en la izquierda, y la Jobbik húngara y el Front National francés en la derecha– resultó algo profético en relación a asuntos muy cercanos a casa. Jeremy Corbyn, un parlamentario común, veterano, desleal y periférico, ganó las elecciones al líder de los laboristas con un programa de izquierdas sincero que resonó con fuerza entre los miembros de las bases del partido.

La elección del líder de los Lib-Dems fue, en comparación, un asunto civil y tibio, con solamente dos candidatos peleando por el puesto vacante: Tim Farron y Norman Lamb. Farron triunfó y se convirtió en una feliz alternativa (como Corbyn) para limpiar el partido de sus tóxicas asociaciones con la derecha tras la Coalición.

Sin haber sido corrompido por un trabajo ministerial en el anterior gobierno, Farron tenía un perfil modesto en los medios, una figura de "hombre del pueblo" hecha a su medida y un CV aparentemente decorado que incluía la presidencia del partido Lib-Dem –un cargo puramente ceremonial y de vaga importancia. Además, su apariencia era un cruce entre un hurón animado por Aardman y un emoji con expresión escéptica.

Todo deseo por parte de Farron de mover su partido hacia la izquierda, sin embargo, se ha desinflado ante el ascenso de Corbyn. Farron, un hombre en posesión de una melancolía inescrutable tras su sonrisa, tiene ahora que hablar de forma elocuente desde un punto liberal centrista que los laboristas parecen haber abandonado, a pesar de sus instintos de repudio de la retórica centrista y las prescripciones políticas.

Joshua Dixon, miembro del ejecutivo federal de los Lib-Dems y candidato a las elecciones generales derrotado, habló sobre cómo Farron ha estado intentando llenar este vacío político articulando una "visión de una Gran Bretaña más liberal frente a un Gobierno conservador cada vez más cruel y a una oposición laborista cada vez más encerrada en sí misma". Añadió que el partido ha intentado atraer a la gente joven, que es "instintivamente liberal".

¿La voz de los jóvenes?

Esa gente joven, como Maria (24), una productora cinematográfica que hace tiempo estuvo de parte de los Lib-Dems, sentía que la pérdida de "la principal política del partido es imperdonable" –en referencia a su apoyo a las subidas de las tasas académicas mientras estaban en el Gobierno, después de haber prometido hacer justo lo contrario en su programa. Antes de la coalición, los Lib-Dems eran vistos como un partido que entendía el funcionamiento proporcional de un Gobierno. Ahora, el partido parece débil o, peor, mentiroso.

Nick Clegg, sin embargo, sí se disculpó. ¡En una canción!

Caron Lindsay, editora del Liberal Democrat Voice –un blog para miembros del partido y activistas– habló sobre los objetivos morales del partido: "Somos, en esencia, un partido internacionalista, respetuoso con el planeta, en lucha contra el sistema y que defiende la libertad y los derechos humanos". Farron ha combinado esta retórica con un énfasis en temas como la crisis de los refugiados, una vivienda más asequible y la relación con Europa y el referéndum de la UE –el partido, según Lindsay, tiene "una postura pro-UE realmente inequívoca".

El año pasado, en la conferencia de otoño de los Lib-Dems, Farron adoptó la etiqueta en Twitter #LibDemFightback como el nuevo mantra político del partido. Este eslogan fue difundido por un grupo de partidarios locales. Hay quien comenta, con cierto cinismo, que este lema resulta hueco y, quizá, ligeramente enternecedor.

Los Lib-Dems veteranos aseguraron que este optimismo renovado tenía su base en hechos: 20.000 nuevos miembros se unieron al final de las elecciones. Farron sugirió la posibilidad de mantener conversaciones con los laboristas moderados que no estuvieran satisfechos con el liderazgo de Corbyn, y el partido se ha apuntado la victoria en las elecciones parciales locales.

Como demostrarán los laboristas, una afiliación creciente no se traduce necesariamente en una mayor popularidad pública: Los datos de la encuesta de los Lib-Dems alcanzan un 9%. Las conversaciones propuestas por Farron con los parlamentarios laboristas desencantados resultó en un total de cero deserciones hacia su partido. Las elecciones parciales locales son un ojo por ojo y sufren una baja participación crónica.

Las victorias esporádicas de los Lib-Dems suelen deberse a una sinergia de factores, que incluyen una organización local fuerte o candidatos populares y con experiencia. Esto puede extenderse a nivel nacional: Frank (23), estudiante universitario, votó a los Lib-Dems en las últimas elecciones generales porque Norman Lamb, el otro candidato al liderazgo, era un "buen parlamentario local".

La voz de... ¿Alguien?

Un problema grave al que se enfrentan los Lib-Dems en este momento es que "parecen estar fuera del radar", tal como señaló Maria. Del mismo modo, lo único que Frank había leído recientemente sobre este partido es que el grupo favorito de Farron es Prefab Sprout. Mientras las tendencias fratricidas tanto de los parlamentarios laboristas como de los conservadores acaparan las noticias actuales, los Lib-Dems luchan para que alguien se acuerde de que existen.

Un ejemplo: El mes pasado en las Preguntas al Primer Ministro, Farron, ansioso y salivando, preparó una pregunta para David Cameron. En el mismo momento en el que pronunciaron su nombre, antes de que pudiera abrir la boca siquiera, un parlamentario gritó en la cámara: "¿Quién?".