Líbano, epicentro de la crisis de los refugiados sirios 

Artículo publicado el 8 de Octubre de 2015
Artículo publicado el 8 de Octubre de 2015

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Mientras que el Líbano es un país en el que los refugiados sirios constituyen más del 25% de la población, Europa -con 500 millones de ciudadanos- se pelea por la repartición de menos de un millón de refugiados.

El Líbano, ese pequeño país fronterizo con Siria de casi 4 millones de habitantes, cuenta hoy en día con más de un millón y medio de refugiados sirios en un territorio no más grande que el departamento [lo que en España es una provincia] Norte en Francia. A título de comparación, los refugiados sirios en Europa alcanzan la cifra de 1 millón en 2015, el 0.2% de la población europea.

Aunque el país es presa de nuevo de una grave crisis política debido a la «crisis de los deshechos» tras el cierre del vertedero de Naame el pasado 17 de julio, el Líbano tiene que hacer frente a numerosas problemáticas ligadas a la afluencia de refugiados (superpoblación, desestabilización política, gestión de necesidades primarias, obligaciones financieras, gestión de los campamentos de refugiados).

«Los refugiados tienen que someterse a una dura prueba. Desde su llegada, se encuentran ya en situaciones difíciles, puesto que tienen que soportar las consecuencias directas de la violencia y han sufrido pérdidas. (…) Algunas patologías ya poco frecuentes afloran de nuevo. Pierden toda esperanza. Al mismo tiempo, las condiciones de vida de los refugiados se deterioran cada día un poco más, pero de todas formas un número creciente de sirios atraviesa las fronteras para llegar al Líbano. Wadi Khaled, en el norte del Líbano, y Aarsal, situado en el valle de la Becá, tienen serios problemas de superpoblación, mientras que los alquileres en Trípoli son superiores a lo que estas personas pueden pagar», explica Fabio Forgione, jefe de misión de la organización Médicos sin Fronteras en Líbano.

Según Amnistía Internacional, el Líbano es el «epicentro de la crisis de los refugiados sirios». Según Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional, «el Líbano cuenta con un refugiado por cada cinco habitantes, la mayor concentración de refugiados por habitante en el mundo. Hemos visitado el valle de la Becá. Cada uno de los refugiados que nos hemos encontrado lo único que quería era regresar a su casa, una opción surrealista de cara a un futuro próximo». Sin embargo, el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas (PMA) anunció a primeros de julio la reducción de su ayuda a los refugiados sirios en Líbano por escasez de fondos. El pasado miércoles 23 de septiembre, los jefes de estado y de gobierno acordaron proporcionar a los países limítrofes la cantidad de mil millones de euros (contando los 500 000 000 de euros de la Comisión Europea y los 500 000 000 que han prometido dar los Estados miembros) con cargo a las agencias de Naciones Unidas y al Programa Mundial de Alimentos: Turquía, Jordania y Líbano. Pero en este contexto tan tenso y ante el desastre humanitario en el que se encuentra el país, ¿será ese dinero suficiente ? El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados estima que se necesitan 5 mil millones de dólares para ayuda humanitaria este año, incluida la ayuda a los países que acogen a estos refugiados.

La crisis de los deshechos

A mediados de julio del 2015, Naamé -el vertedero más grande de Líbano- se cerró. Abierto de urgencia en 1998, este vertedero no debía sobrepasar los 2 millones de toneladas de basura. Pero después de cuatro ampliaciones en casi 20 años, el vertedero alcanzó los 18 millones de toneladas este año. El 17 julio del 2015, no soportando ya los efluvios nauseabundos, los habitantes de los pueblos vecinos cortan la carretera por la que pasan los camiones de la empresa Sukleen. A partir de ese momento deja de recogerse la basura en Beirut. La acumulación de desperdicios en la calle hace crecer el descontento de los habitantes, que se organizan en torno a un colectivo llamado «Tú apestas» y se manifiestan contra la «basura política». De hecho, los representantes políticos son incapaces de tomar decisiones sobre el tratamiento de los deshechos desde hace 20 años, paralizadas por la corrupción y el bloqueo entre bandos políticos.

 Líbano, tierra de asilo y crisis políticas

La política libanesa se organiza sobre la repartición del poder entre las comunidades religiosas. Así, según la Constitution, el presidente de la República debe ser cristiano maronita, el primer ministro musulmán suní y el presidente del Parlmento musulmán chií. Esta frágil repartición es el resultado de la presencia de 18 comunidades confesionales, de las que el 31 % son musulmanes chiís, el 22 % sunís, el 5 % drusos, el 23 % cristianos maronitas, el 13 % griegos ortodoxos y católicos, y el 3 % armenios. Históricamente, el Líbano ha acogido a cientos de miles de refugiados que huyen de las zonas de conflicto, principalmente de Palestina (la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina -UNRWA- registró 465.000 refugiados palestinos en 2015) , y esto con muy poca ayuda internacional. El flujo de refugiados palestinos en los años 60 desestabilizó profundamente al país y condujo a décadas de inestabilidad política (guerras civiles, invasiones, ocupación del sur del Líbano por parte de Israel, invasión de Syria). Esta inestabilidad política hace que a día de hoy el Líbano siga sin tener un presidente de la República desde hace más de un año. Actualmente, en este contexto, 1.18 millones de refugiados sirios son los que ha contabilizado ACNUR y 50 000 palestinos de Siria ha contabilizado la UNRWA.