Libertad de Expresión: ¿de qué no podemos reírnos en Europa?

Artículo publicado el 22 de Enero de 2015
Artículo publicado el 22 de Enero de 2015

En Francia, el humor se puede definir con una frase del humorista Pierre Desproges: "podemos reirnos de todo pero no con todo el mundo". Un principio con el que siempre ha funcionado el semanario Charlie Hebdo. Pero, ¿qué hay de otros países europeos?

En el trabajo, durante algunas reuniones de redacción o yendo a beber algo, nos ha pasado con frecuencia que caemos en varios de los clichés más banales. En general nos reímos y, a veces, nos ofendemos esperando que la camadería nos conduzca a un debate de ideas. Katha, la editora de la versión en alemán de Cafébabel, lo sabe bien. Durante los ocho años que lleva en Francia, esta treintañera de origen alemán ha conocido más puntos Godwin (la sempiterna evocación de la Alemania nazi durante una conversación) que nadie. Cuando a veces la picamos con alguna broma recurrente sobre Hitler, reconoce que "aún le fastidia". Sin embargo, afirma tener la impresión de que "en Alemania las cosas están cambiando". "Antes no nos reíamos mucho de Hitler pero en 2012 una sátira sobre él se convirtió en un best-seller", afirma. Se trata del libro Él ha vuelto (Er ist wieder da) de Timus Vermes

El tabú judío

En Alemania, Katha precisa que "en principio", podemos reírnos de todo. "En todo caso eso es lo que dice la ley y lo que proclamó para la eternidad, Kurt Tucholsky, periodista y escritor alemán de principios del siglo XX con su famosa cita: 'la sátira tiene el derecho a todo'. De hecho, esta idea se encarna en la actualidad en la figura de Martin Sonneborn, líder del partido alemán Die Partie y redactor jefe de la revista satírica Titanic, que ha sido elegido como miembro del Parlamento Europeo". Sin embargo, existiría, según ella, un verdadero tabú que la mayoría de humoristas nunca se atreverían a tocar: los judíos. "Este asunto crea todavía malestar. Es bochornoso, incómodo y nada divertido". Tal vez pueda parecer extraño pero los alemanes comprtirían este hecho con los italianos. Cecilia, recién aterrizada en París, explica que jamás sería posible lanzar pullas sobre un escenario contra la comunidad judía. "Es algo que hacemos en privado, cuando estamos entre amigos", dice casi en un susurro. "En Italia, el holocausto tiene todavía una influencia real sobre los jóvenes". 

En el radar mediático, Italia cae de nuevo en la omisión de otra comunidad religiosa: la Iglesia. "Ya sea para una obra de teatro, una emisión satírica o un dibujo, la Iglesia tiene una influencia considerable sobre la recepción de este tipo de mensajes en la opinión pública", precisa Cecilia. Como prueba de ello, cita el rocambolesco caso del mensual satírico italiano Il Vernacoliere que, en 2005, publicó una caricatura del antiguo papa Joseph Ratzinger, alias Benedicto XVI. El periódico nunca fue condenado pero la Iglesia promovió una ley "completamente imaginaria", para ejercer su poder: "infracción contra la religión católica y desprecio hacia el Papa". 

Accidentes de coche y la cólera de Dios 

Muchos son los que hablarían de autocensura para calificar la desgana de los medios y de la sociedad civil a la hora de bromear sobre ciertas instituciones. En Polonia, tendríamos que hablar incluso de "miedo". Pia, una joven polaca expatriada en París, afirma: "los polacos no se ríen de las cosas a las que temen por miedo a que se convierta en una provocación. Y el polaco teme sobre todo a dos cosas: los accidentes de coche y la cólera de Dios". Cualquiera que abra un periódico en Polonia, un país en el que cerca del 80% se declara católico, verá que resulta difícil encontrar una sátira del Papa o de Jesús. ¿Tratará en 2015 la nueva generación de dibujar algo más que las figuras impuestas? "La nueva generación tiene una actitud menos conservadora y menos regresiva pero si por algo está caracterizada es por una cosa: el pasar absolutamente de todo", responde Pia. 

Del otro lado de los Pirineos, el humor tiene un precio y la inflación está fijada por el humor de la familia real. Según el Código Penal Español, las calumnias y las injurias contra la Monarquía pueden comportar hasta dos años de prisión. A Ainhoa, una joven española de 23 años, le hizo mucha gracia una portada de la revista satírica El Jueves del año 2007 en la que aparecía Felipe VI, actual rey de España, haciendo la postura del perrito con su mujer. El problema es que el país entero tuvo que esperar a que la imagen se colara en Internet para poder verla; el día en el que tenía que llegar a todos los kioscos, un juez confiscó la edición de la revista. Otras publicaciones también han sido objeto de censura por motivos similares y es que la justicia española no es precisamente un reflejo de una socidad civil que se ríe fuera de los tribunales. Cuando se le pregunta a Ainhoa si en España algo es tabú, reflexiona un momento antes de responder: "habría dicho el franquismo pero en realidad también nos reímos de eso. Entre amigos y con la familia podemos hacer bromas sobre todo: la reina, el rey, los rumanos, los pobres, los parados...". 

Lo políticamente correcto en el mundo anglosajón 

El debate sobre los límites de expresión, cada vez más intenso a raíz del atentado contra Charlie Hebdo, encuentra en Reino Unido una mayor resonancia  que en el conjunto de países anglosajones. La elección por parte de la mayoría de los medios del país de no publicar las caricaturas de Charlie Hebdo testimonia esta tendencia. ¿Supone esto que el humor irreverente se desvanece en las sociedades que se preocupan por la unidad entre sus diferentes comunidades? Kait, una joven canadiense de 25 años, responde que los medios "nunca se ríen de las características de la gente, ya estén relacionadas con la religión, la sexualidad, la discapacidad...". Esta periodista, a caballo entre Europa y América, asegura también que "Canadá es probablemente el país más políticamente correcto del mundo. Siempre me llama la atención cuando escucho que los franceses hacen bromas que en mi opinión son racistas, sexistas y homófobas. Es el choque cultural más grande que conozco respecto a Francia y a Europa en general".

Cada país en Europa tiene su sensibilidad y sus tabúes más o menos reconocidos. La preocupación universal respecto al humor, como con todo tipo de mensaje, es que no podemos disociar el fondo de la forma. A la hora de bromear, siempre podremos formularnos cuestiones como ¿a partir de qué momento hemos ido demasiado lejos? ¿Se trata de una parodia de la verdadera toma de conciencia? ¿El humor del humor? En Francia, el humor también tiene sus propias preguntas y problemas se llame, o no, Charlie o Dieudonné