Libertad de prensa en Bulgaria: ¿No es país para viejos valores?

Artículo publicado el 25 de Enero de 2016
Artículo publicado el 25 de Enero de 2016

Han pasado 65 años desde que el Consejo de Europa afirmó que la "libertad de tener opiniones propias y de recibir e impartir información e ideas sin la interferencia de la autoridad pública y sin importar las fronteras" era un requisito. En la Bulgaria de hoy, eso todavía es un deseo.

Contrario a mis convicciones previas, la falta de libertad de expresión no sólo existe en Bulgaria debido al poder de los terratenientes "intocables", oligarcas y grandes capitales, sino también debido a la silenciosa complicidad de periodistas, consumidores y autoridades regulatorias.

Una búsqueda rápida desde mi escritorio es suficiente para descubrir problemas, proponer soluciones y exponer esta obediencia hacia la autoridad. La imagen general podría resumirse en una falta de transparencia sobre la propiedad de los medios de comunicación, una disminución del pluralismo y un declive en la libertad de expresión.

Reporteros sin Fronteras y su Índice de libertad de prensa mundial anual del 2015 colocó a Bulgaria en el último lugar de los 28 países de la Unión Europea, y apareció además en el puesto 106 de un total de 180 estados encuestados, con lo que per 6 posiciones en comparación con el año anterior.

Más preocupante aún es el hecho de que en tan sólo unos años (en 2006) el país estaba en el puesto 35. Esto significa que en los últimos 9 años ha bajado 71 posiciones, algo que resulta aún más llamativo si tenemos en cuenta que Bulgaria se unió a la Unión Europea en 2007 y, desde entonces, la situación parece haber ido de mal en peor.

"El abuso generalizado de poder" y "el estrecho vínculo entre oligarcas y poderes políticos, que envenenan el mercado" fueron algunas de las razones que dieron los dueños de los medios extranjeros más grandes para salir del país, como el conglomerado Aleman Westdeutsche Allgemeine Zeitung (WAS), que vendió todos sus títulos en Bulgaria hace pocos años. Esto fue sólo el comienzo. Otros grandes jugadores como la News Corporation de Rupert Murdoch y la editorial sueca Bonnier también salieron del mercado búlgaro, si bien en estos casos su explicación oficial fue la crisis económica mundial del 2008.

Sin embargo, el año pasado, una declaración conjunta de los embajadores de Alemania y Francia en Bulgaria revelaron algunos de los verdaderos motivos, que incluían el aumento de la concentración de la propiedad de medios impresos y electrónicos bajo términos opacos y un modelo de oligarquía que amenaza la democracia, lo que lleva a una creación de "estado dentro del estado".

"¡Léalo todo sobre el tema!" (295 veces...)

¿Cómo llegamos a esto? ¿Es realmenta tan malo? ¿O es que la crítica de la UE se ha vuelto habitual cuando se trata de Bulgaria? Según datos de 2014, existen en el país 295  periódicos en total (entre ellos 55 periódicos diarios), 85 proveedores de radio y 112 proveedors de televisión, de acuerdo con el Institutio de Estadística Nacional. Uno asumiría que esto genera diversidad, pero de hecho "el ambiente de medios comerciales actual en Bulgaria se caracteriza por la prominencia de muy pocos dueños que, por tanto, se colocan en una posición de oligarquía", tal como indica un informe de Nils Muižnieks, comisionado de los Derechos Humanos de la UE, después de su visita a Bulgaria en febrero del 2015.

Otros problemas que aparecían en su informe incluyen la distribución de periódicos en kioscos, que pertenecen a un monopolio cerrado, y la falta de independencia de los medios búlgaros de presión económica y política. En particular, menciona ingresos de publicidad erróneamente utilizados por entidades externas, como compañías privadas, y autoridades públicas que ejercen una influencia en el contenido editorial de los medios.

A pesar del hecho de que no hay subsidios estatales o de negocios oficiales para la prensa, los diferentes cuerpos gubernamentales gastan mucho dinero en publicidad, lo que los convierte en "patrocinadores" de los principales medios. Sería interesante para el señor Muižnieks y sus colegas saber que, durante el período de 2009 a 2013, la administración del estado dirigió más de 19,5 millones de dólares a compañías de medios privados a través de anuncios y campañas de información. La mayoría de ese dinero provenía de programas de fondos de la UE.

Por tanto, resulta lógico que ni el estado ni las empresas tengan interés en refutar esta conviente tapadera concerniente a su cínica relación. Y lo mismo se aplica a la mayoría de los periodistas, pues muy pocos se atreverían a comprometer su existencia hablando en contra de la influencia de sus dueños. De esta manera, la auto censura se ha vuelto la tendencia más negativa en los medios de comunicación búlgaros de hoy. Se trata de un fenómeno que se ha convertido ya en la regla y no en la exepción.

Un "secreto público"

Así que, ¿quiénes son estos dueños? La mayoría diría que es un "secreto público" que el jugador más grande, el New Bulgarian Media Group (NBMG), está relacionado con Irena Krusteva, la madre del controvertido Primer Ministro y hombre de negocios Delyan Peevski. "Oficialmente, Peevski no tiene propiedades, pero todos asumen que tiene el control de diversos intereses económicos y de un grupo de medios poderoso, que está emprendiendo una guerra sucia contra sus oponentes políticos", dice un  informe de EurActiv de abril del 2015.

En el listado hay otros nombres, como Ivo Prokopiev y Sasho Donchev, pero a pesar de la gran influencia que sus medios pueden tener en la opinión pública, la participación general es menor comparada con el imperio de NBMG. Desafortunadamente, el regulador de los medios públicos se encuentra gravemente desacreditado y ha demostrado ser inefectivo. Tampoco hay requisitos legales para divulgar quiénes son los dueños de los medios, por lo que no hay una manera oficial de saber quién es el dueño de qué, o qué otros intereses políticos o de negocios pueden tener.

Por una parte, los medios ejercen presión económica y política. Pero por otra, está el hecho de que todas las reformas legales y regulatorias necesarias dependen de partidos políticos. Combinados, estos dos elementos no nos dan motivos para creer que habrá aunque sea una pequeña mejora en el futuro.

Además, un cuestionario reciente sobre la libertad de expresión realizado por AEJ-Bulgaria entre 143 periodistas locales descubrió que el 53,8% admiten que se les impidió personalmente expresarse libremente en su profesión, mientras que 72% afirmó haber sido testigos de cómo sus colegas sufrían presiones exageradas. Sin embargo, casi ninguno habla públicamente sobre este tipo de censura sin precedentes.

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Este artículo es parte de nuestro proyecto East Side Stories. Luchando contra los clichés más comunes en Europa del Sur y del Este, trata de mantener la idea de Europa viva por medio de concienciación, creación de diálogos, intercambio de ideas e informando más allá de los medios de comunicación principales.