Licenciados de 2009 con sabor a crisis: Testimonios desde Irlanda e Inglaterra

Artículo publicado el 20 de Octubre de 2009
Artículo publicado el 20 de Octubre de 2009
Dos graduadas de 2009 en literatura clásica y filología inglesa, de Londres y Dublín respectivamente, comparan sus experiencias al entrar en el mundo laboral. Primera parte de una serie de testimonios sobre jóvenes, el fin de los estudios, la crisis y el mercado laboral

¡Encuéntrame un trabajo en Londres!

Sin duda alguna ahora soy una camarera mucho más experimentada que antes de acabar mi carrera. Cinco largos años hasta ser licenciada, tres meses de paro como tal. Los recuerdos rosas de mi época de estudiante se están desvaneciendo. Mi futuro se me aparece bastante sombrío. Ese fundamental primer peldaño en la escalera de la vida profesional está eternamente fuera de mi alcance. Estudié Filología Clásica más por vocación que por utilidad práctica, por lo que tampoco esperaba encontrar el trabajo de mis sueños. Pero sí que pensaba encontrar algo, sobre todo teniendo en cuenta que estoy más que dispuesta a coger los temidos puestos de profesor en prácticas (largas horas de trabajo en el despacho a cambio de ningún sueldo y ninguna garantía de empleo) si eso supone más experiencia en los puestos adecuados. Uno pensaría que con un expediente académico decente, experiencia en trabajos relevantes y un nivel casi fluido en dos idiomas extranjeros, merecería la pena que me hicieran un poco de caso. Pero la tristemente célebre crisis del crédito ha ensombrecido de tal forma la entrada al mundo laboral de aquellos que se licenciaron en el 2009 ¡que ni siquiera podemos conseguir un trabajo que no valga la pena!

"La crisis nos ha afectado de tal manera, ¡que ni siquiera podemos encontrar un trabajo que no valga la pena"

Simplemente no hay luz al final del túnel. Boris Johnson, el alcalde de Londres, anuncia en Twitter la existencia de una nueva página web para ayudar a los jóvenes londinenses a encontrar empleo, pero apenas hay puestos de trabajo anunciados, ¡ni ahí ni en las demás páginas web de empleo! La mayoría de puestos se los llevan personas más mayores y con mucha más experiencia que perdieron sus empleos el año pasado. Nuestras opciones actuales son extremadamente limitadas. Incluso es difícil encontrar algo en lo que tradicionalmente era la alternativa para los licenciados: el trabajo temporal. Aproximadamente la mitad del casi millón de parados que tienen entre 18 y 24 años en Gran Bretaña han pedido el subsidio por desempleo. De repente, apuntarse a las ayudas ha dejado de ser un estigma. Antes de la crisis económica, eso era algo de lo que se avergonzaban muchos de mis compañeros. Pero al final lo conseguiremos. A los británicos nos encanta quejarnos, pero también sabemos soportar condiciones miserables. Durante demasiado tiempo fue demasiado fácil, y las dificultades ayudan a forjarse un carácter personalidad. Afrontar las adversidades sin que se note y todo eso. No es que esté convencida de que va a ser nuestro gobierno quien nos saque de ahí, pero en un momento dado habrá un futuro mejor para todos nosotros. Eso espero.

Ashleigh Arnott, Londres

Trabajar en Irlanda, "la excepción que confirma la regla"

Tan solo dos meses después de graduarme como licenciada en Filología Inglesa por el Trinity College de Dublín, comencé a hacer prácticas en la Biblioteca Nacional de Irlanda, donde continúo adquiriendo una experiencia impagable y unas habilidades esenciales relacionadas con mi área de interés. Para convertirme en bibliotecario profesional, cursé también un máster en Información y Estudios biblioteconómicos. Por supuesto, el tener un trabajo seguro mientras se busca empleo supone una enorme ventaja. 

"Tengo ventaja porque durante mis estudios ya adquirí experiencia práctica, acompañada de un poquito de buena suerte"

Durante el último año de carrera, ejercí de archivadora en la biblioteca de mi universidad. Este trabajo era incompatible con la vida despreocupada del típico estudiante, ya que había que fichar todos los días a las 8 de la mañana. Aunque en ocasiones me resultó difícil, a la larga mi sacrificio obtuvo su recompensa. En la situación actual de recensión que vive Irlanda, represento la excepción que confirma la regla. El número de candidatos que desean obtener el contrato anual de la Biblioteca Nacional ha aumentado de forma drástica. Mi ventaja sobre el resto de integrantes de esta desproporcionada competencia se explica gracias a la referencia favorable de un bibliotecario profesional cualificado y al tiempo que llevo dedicándome a esta profesión. Después de todo, pasar incontables horas entre libros polvorientos y acosar a estudiantes desprevenidos con multas por entregas tardías ha demostrado ser de un valor incalculable. En resumen, se trata de poseer experiencia práctica, acompañada de un poquito de la buena suerte de toda la vida.

Eimear Blee, Dublín