Lindsey Davis : “Detesto la ecritura terapéutica”

Artículo publicado el 2 de Octubre de 2007
Artículo publicado el 2 de Octubre de 2007
La escritora británica especializada en novela policíaca e histórica, Lindsey Davis, de 58 años, dice ser “como la mayoría de los ingleses”, lo que contrasta bastante con su manera de escribir.

“Mis editores americanos temen por encima de todo que mis primeras novelas en inglés birtánico no logren venderse en los Estados Unidos”, comenta de entrada Lindsey Davis en uno de los salones del hotel Forum de Roma. La Historia de la capital italiana juega un papel esencial en la serie de peripecias históricas y cómicas de su héroe en la ficción, el detective privado Marcus Didius Falco, calificado como el “personaje de ficción más simpático” por los oyentes de la BBC.

“Si fuera el caso”, retoma, “perdería mi identidad de escritora. ¡En Inglaterra, nunca insistimos en que las películas o los libros ambientados en ciudades norteamericanas sean traducidos al inglés británico!”.

A Davis se la conoce por ser mujer temperamental. Los comentarios que publica en su blog como respuesta a lo que le dicen sus lectores dan fe de la agilidad mental de esta novelista varias veces premiada. En 1999, obtuvo el premio Ellis Peter de Novela Histórica y en 2000 el premio Sherlock al mejor “detective cómico” por su personaje Marcus Didius Falco.

Los comienzos

Nacida y criada en Birmingham, Lindsey Davis se interesó pronto por la política, animada por su padre, mientras su profesor de latín le transmitía su pasión por los clásicos y por la arqueología. Ya de niña leía a menudo novelas históricas en las que las heroínas salvaban al héroe. “En aquellas aventuras, los personajes se limitaban a sobrevivir en un mundo injusto”, recuerda.

Davis estudió más tarde en la Universidad de Oxford en el Lady Margaret Hall -célebre por algunas de sus estudiantes convertidas luego en artistas, escritoras o políticas de renombre-. En una nota tomada al azar en su web, le comenta lo siguiente a una lectora: “Siento mucho que haya abandonado sus estudios. Creo que toda chica debería tener un diploma que poder encontrar de vez de en cuando en el fondo de un armario para recordar los tiempos en que hubiera podido ir a cualquier lugar y hacer cualquier cosa en vez de aterrizar al azar junto a un hombre que, las más de las veces, no le conviene”.

Tras licenciarse, Lindsey Davis no abandonó su pasión por la escritura. “A veces tengo noticias de las personas con las que trabajé en la oficina en la que ejercí de chica de los recados durante un buen tiempo”, cuenta al retrotraesre a los años en los que trabajó como funcionaria. “Ahora, envidian mucho mi vida, tal y como esperaba que lo hicieran algún día”, confiesa en tono pérfido. El éxito, no obstante, no ha cambiado su relación con sus amigos de juventud, pero en cuanto al “mundo exterior”, admite que “debería poner más cuidado en sus relaciones”.

1985 constituye el punto de inflexión de su carrera: fue el año en que decidió concurrir por vez primera al premio Georgette Heyer de novela histórica. Cuando recueda su primera novela, la primera aventura del detective Falco Los puercos de plata [Silver Pigs], publicada en 1989, explica que le “costó años de lucha hasta obtener un verdadero éxito como escritora”. Sus historias, a un ritmo de libro por año, trazan las aventuras del detective privado Falco y de su esposa Helena Justina, intrigas típicamente policiacas pero colocadas en el contexto de la Roma del emperador Vespasiano.

Lindsey Davis asegura compartir muchos rasgos de caracter y opiniones con su héroe Falco y su mujer Helena Justina, como el rechazo de la hipocresía, “pero no todos. Los uso tanto para avalar una finalidad concreta en la novela como para reírme de los convencionalismos de la época”, suelta burlona.

Un héroe: Falco

En sus novelas, Lindsey Davis se codea con veteranos escritores europeos como Suetone, Juvenal, Marcial o Virgilio. Su estilo no tiene nada que ver con la escritura de sobremesa las novelas escritas a vuela pluma por su compatriota Agatha Christie. “Lo que hago es original y diferente”, subraya. “Nada que ver con la moda horrorosa de la escritura terapéutica. No me gusta que me cataloguen: ecribo como nadie más lo hace. He visitado todos los países en los que se desarrollan mis aventuras, y más de una vez las ciudades descritas en las novelas para acercarme a su escala, su luz y su atmósfera”. Se olvida de mencionar que sus libros son una guía maliciosa para quienes quieran saber más acerca de esa parte de la Historia que fue el Imperio Romano.

Los lectores de la serie Falco a buen seguro habrán podido descubrir los peligros del trabajo en las minas británicas de plata, a cultivar las opiniones de la Grecia clásica o a acompañar a los soldados internándose en los sombríos y amenazadores bosques alemanes. Dicho esto, muchos fans le reprochan que sus libros no profundicen más en el análisis de la política de aquella época.

Ser publicada

El último proyecto de Lindsey Davis es un relato corto encargado por la BBC Radio 4. Es para un nuevo programa que pretende juntar a los escritores y los grupos de lectura del centro de Inglaterra y que será difundido en 2008. “Le doy mucha más importancia a estos contactos que la mayoría de los autores (¡unos gallinas todos!)”, lanza a carcajada limpia. El próximo episodio de la serie Falco, ambientado en la Alejandría romana, también saldrá editado en formato de audiolibro. En cambio, Lindsey Davis no se fía del todo del séptimo arte y sus adaptaciones cinematográficas de novelas. “No veo el interés de estas versiones inferiores”, afirma.

Davis no es como otros autores que consideran que el envío del manuscrito al editor sella el fin de un proceso. “Encontrar un editor, que te paguen como es debido, que la tirada sea amplia y que haya publicidad suficiente para que los libros se vendan, todo esto es igual en cualquier país, ¡es decir, muy difícil!”

Lindsey Davis confiesa ser una europeísta convencida, en espcial por el éxito de su trabajo y la acogida que recibe en el extranjero europeo. En lo concerniente a la adhesión de Turquía a la Unión europea, dice: “¿Por qué no?, ¡después de todo, formaba parte del Imperio Romano! Además estoy muy contenta por tener un editor turco entregado y eficaz”. Aun así, reconoce ser, como muchos ingleses, “vergonzosamente inculta en lo concerniente a la literatura europea contemporánea. ¡Aunque he leído Simenon! Pero me falta tiempo; el viejo faro y la biblioteca de Alejandría me esperan.