Litera tour europeo

Artículo publicado el 5 de Enero de 2007
Artículo publicado el 5 de Enero de 2007
4 festivales literarios, 5 escritores de diferentes nacionalidades, 5 cuentos, 1 solo tema. Enfoque sobre Escrituras Juveniles.

Se busca poeta o novelista de 32 años máximo con al menos una obra traducida para gira literaria europea. Destinos: Mantua, Berlín, Hay-on-Wye y Molde. Este es el perfil de los escritores que participan en el proyecto Escrituras Juveniles lanzado por el Festival de Literatura de Mantua gracias al Programa Cultura 2000 de la Unión Europea y al apoyo de illycaffè. “Un evento esperado por nuestro público y una ocasión para los chicos para darse a conocer en el extranjero”, explica Marella Paramatti, miembro de la secretaría del célebre festival italiano. “Cada festival elige al propio autor que participará en el proyecto”, puntualiza. Además de los cuatro preseleccionados, se añade un quinto escritor proveniente de un país europeo ajeno al círculo de los organizadores.

Rachel Trezise participó en 2002, y en 2006 ganó el premio Dylan Thomas de literatura

La iniciativa propone cinco autores en la escritura de un breve cuento. En la edición de 2006, el tema ha sido “Casablanca”. Cada uno escribe en su propia lengua y ve traducido su propio cuento a la lengua de los otros festivales participantes (lea los cuentos en http://www.scritturegiovani.it/racconti.htm). En segundo lugar, se han previsto lecturas públicas para conocer al público europeo y comparaciones con autores ya consagrados.

“Para los autores es algo increíble: inspiración y contactos”, cuenta Kirsten Fuchs, berlinesa presente en la edición de 2006. Para el italiano Cristiano Cavina, compañero de aventuras de Fuchs, sólo la participación en el Festival de Mantua iba más allá de su “sueño más desenfrenado”. Rachel Trezise, participante en la edición de 2002 y recientemente vencedora del Dylan Tomas Prize 2006, ha visto su libro premiado Fresh apples publicado: ha “sido una fantástica oportunidad para dar a conocer mis trabajos a un público nuevo”. Una oportunidad muy afortunada, dado que justo durante su etapa italiana encontró un editor dispuesto a publicar sus escritos en Italia. Sensaciones contrastantes para la noruega Ingeborg Arvola, de la edición de 2004: “Me sentía al mismo tiempo importante porque estábamos allí, y poco importante, porque éramos nombres desconocidos entre grandes escritores”.

“Me siento principalmente un narrador que escribe sobre argumentos comprensibles para todos”

“Ha sido una oportunidad fantástica para conocer jóvenes autores de otros países y comparar las experiencias”, recuerda Angharad Price, procedente de Gales y presente en 2003. Una particularidad la distingue: escribe en galés. “Una elección natural, no debida a razones artísticas o políticas.” El motivo es que creció en una región que usa el galés normalmente y sólo durante los años en la universidad empezó a usar el inglés a diario.

“¡Hacedla lengua oficial! Hay lenguas habladas por millones de personas en la Unión Europea que merecen ser reconocidas”. Esta es su demanda dirigida a Bruselas.

Lo local también emerge con fuerza en la experiencia de Rachel Trezise, que lleva en sus escritos los hechos de su tierra, la Rhonda Valley británica, que conoció una fuerte crisis después de la des-industrialización de mitad de los ochenta.

También Cristiano Cavina une sus cuentos a eventos y lugares que le rodean. Así pues, en su imaginario, Casablanca no es la fascinante ciudad marroquí, sino una discoteca de la Romagna Occidental, tierra en la que vive. ¿Un problema para el público europeo que se ha encontrado de frente? Para nada. Añade: “las personas encontradas allí eran diferentes, pero entendían lo que escribía. Me siento principalmente un narrador que escribe historias comprensibles para todos.

¿Qué imagen particular llevan consigo nuestros jóvenes autores después de esta aventura? Angharad Price conservará de aquel 2003 “un recuerdo inolvidable y una experiencia formativa”. Para Rachel Trezise fue una feliz oportunidad laboral, dado que su primer escrito se vendió más en Italia que en Gran Bretaña. Ingeborg Arvola recuerda el encuentro con Toni Morrison, la Nobel de literatura en 1993. Para ella abandonó una cita oficial y, aunque estaba “nerviosa, intimidada, emocionada, e incapaz de abrir boca”, llegó a pedirle un autógrafo. Cristiano Cavina, medio bromeando, recuerda las noruegas encontradas en una escuela y se lamenta por no haberse trasladado allí para estudiar cuando era más joven. Mientras, Kirsten Fuchs recuerda a su compañero de aventuras Cavina beber agua, pero en una taza para café sólo: todos están contentos, también el esponsor.