Lituania: una desconocida al sur del norte

Artículo publicado el 31 de Octubre de 2007
Artículo publicado el 31 de Octubre de 2007
Desde que en 1990 logró la independencia sólo trata de hacer firme su paso. A punto de cumplir la mayoría de edad de autogobierno, Vilnius es como una niña de la que sus vecinos corpulentos han abusado repetidas veces.

Lituania es un país con una Historia reciente agitada. Vilnius, la capital, cambió doce veces de manos el siglo pasado. La última ocupación fue la soviética, y durante casi 40 años Lituania ha recibido órdenes directas desde Moscú.

El río Vilna atraviesa la ciudad y como peaje ésta toma su nombre, así es como se llama Vilnius en lituano. Este idioma de origen indoeuropeo es junto con el letón de los más antiguos de Europa. Lo habla –seguido del ruso y el inglés- los tres millones y medio de habitantes de este Estado centralista, una población menguante. Pronto hará cuatro años que esta república báltica es uno de los 27, aunque colista. Y hasta que su inflación se calme no dispondrá del euro.

Resaca soviética en una mañana de domingo europeísta

Este país pequeño y discreto vierte sus lágrimas en el mar báltico; unas de europtimismo, otras de tristeza por una transición larga y confusa. Los lituanos la llaman “post-soviet”. Perdura en estos tiempos una aversión por lo ruso, y es que “lo ruso” perdura en Lituania, ya que el gigante mantiene las repúblicas bálticas como zona de influencia: está muy presente en los medios de comunicación a través de la radio y las cadenas de televisión y, a diferencia de la Unión Europea –salvo Noruega y Polonia- tiene corresponsales en Vilnius.

Precisamente por televisión los lituanos siguieron de forma muy solidaria las recientes elecciones en Ucrania, con el deseo de que sus vecinos se vayan alejando cada vez más de Rusia y de los partidos a través de los cuales se perpetúa en los gobiernos del Este.

Lituania sabe bien que al desaparecer la omnipresencia soviética es cuando hay que estar más alerta, pues al tener una legislación y una sociedad desprotegidas ante los primeros tentáculos del capitalismo, al primer brindis por la independencia lo siguió el lamento por algunas de las incoherencias que se dan en el seno de esta capital con tintes provincianos. Una de ellas -muy gráfica- son las calles empapeladas de publicidad de ordenadores portátiles, mientras el sistema médico lituano no estará informatizado hasta 2010. Otro caso es la llegada de la prensa libre; libre del Estado para caer en manos de editores que extorsionan a empresas con la amenaza de difundir información negativa sobre ellas. Los pueblos tienen sus tempos, y estos son sólo dos ejemplos de que Lituania no ha tenido el suyo.

Por lo pronto, Vilnius será capital de la cultura en 2009. Para ello sus calles se engalanan con fotos y cuadros. Calles con puertas que se convierten en otras calles, calles estrechas salpicadas de iglesias católicas, alguna ortodoxa y un par de sinagogas. Las calles de Vilnius son como un adoquinado tablero de ajedrez donde en una partida agonizante se retan lo peor del capitalismo y la estela resistente de la época soviética.

Resiste en las escuelas con los profesores del régimen y niños que han nacido independientes y a la espera de una reforma educativa tan necesaria como indefinida. ¿Y qué se les enseña a los alumnos?: quiénes somos ahora, quiénes fuimos...

¿Quién es Vilnius? ¿Qué es Lituania?

A nadie más que a un lituano le gustaría poder decirlo. Mientras Riga es ya oficialmente la capital gay del norte y Tallin su downtown turístico, Vilnius queda más pobre y reflexiva en el sur del norte. Se pregunta qué tiene que decir, qué quiere decir, incluso qué plato gastronómico es suyo o de los invasores. Sin embargo, allí está el presente, más que en ninguno de nuestros gordos países colonizadores. Ahora en Lituania es 'Ahora' y de ello son conscientes muchos de sus ciudadanos, con diferentes ideas, pero en su mayoría críticos. Al no existir esa identidad marcada ni tampoco prisa por etiquetarse, se reconocen desorientados. En paralelo a esa búsqueda identitaria sigue el proceso de adaptación a los estándares de la Unión Europea. La agenda del atareado Parlamento así lo confirma.

Hay camino por hacer, como en todo país, pero cuando el lituano ha podido empezar ya había caído el muro y la libertad ha llegado vieja y un tanto pervertida, conquistada por otros y con motas de polvo heredadas.