Lituania y sus políticos intocables

Artículo publicado el 18 de Julio de 2006
Artículo publicado el 18 de Julio de 2006

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A pesar de la habitual actitud abierta y democrática de los medios de comunicación de Lituania, su gobierno sigue intentando inmiscuirse en el debate de los medios de comunicación.

En septiembre de 2004, la periodista Ruta Grineviciute fue declarada culpable de divulgar información falsa sobre el fiscal de Klaipeda, la tercera ciudad más grande de Lituania. Para Ruta Grineviciute, esto dista mucho de las aspiraciones que los lituanos albergaban desde la independencia del país en 1991. Con la proclamación de una Lituania independiente, se abolió el monopolio del gobierno acerca de la publicación y distribución mediática, y comenzó a emerger la libertad de prensa. Quince años después, a pesar de las enormes mejoras, los periodistas lituanos se enfrentan a un futuro incierto.

Cómo conseguir la información

Mientras la Constitución lituana asegura que “está garantizado el derecho de cada ciudadano a criticar el trabajo de las instituciones estatales, y a sus funcionarios”, en la práctica, conseguir la información que te lo permite se ha convertido en una difícil tarea, y es que el acceso público legal a la información es imposible; incluso si se consigue la información, no resulta tan fácil publicarla.

Pese al derecho de cada lituano a criticar al Estado, la ley lituana castiga la divulgación de información falsa o que atente contra el honor y la dignidad individual con una multa e incluso un año de prisión. La ofensa pública de un funcionario del Estado se considera un delito aún más grave.

Ruta Grineviciute fue declarada culpable tras un juicio que duró dos años, sin embargo, ella asegura que fue la fuente -el Servicio de Investigación Especial anticorrupción- la que le proporcionó la información corrupta que publicó. Esta institución no fue encausada. A día de hoy, aún mantiene su inocencia: “Considero que estamos ante un caso de provincialismo, resuelto en un partido judicial rural”.

Crítica al Estado

Debido a tales leyes, resulta muy difícil la crítica a funcionarios públicos. En febrero de 2004, un periodista de televisión fue excluido de la oficina del ex Presidente Roland Paksas y su acreditación fue suspendida tras su reportaje crítico a dos de los ayudantes presidenciales. En el mismo año, los Demócratas Liberales intentaron destituir al jefe de la Radio y Televisión Lituana (RTL), a quien acusaron de censura política. La situación aún puede empeorar: en junio de 2006, el Parlamento lituano aprobó nuevas enmiendas por las que los periodistas ya no tendrán derecho a fotografiar a funcionarios ni propiedades públicas sin la aprobación expresa de aquéllos a quienes concierne.

Son los casos de corrupción los que más llaman la atención de los periodistas. En enero de 2004, el tribunal del distrito de Mazeikiai inculpó a Aurimas Drizius, el editor de Laisvas Laikrastis, por revelación de material de investigación antes del juicio sin el consentimiento del fiscal, y es que en 2003 Drizius había publicado un certificado emitido por la oficina del fiscal de Mazeikiai, que contenía la sospecha expresa de blanqueo de dinero por parte de la empresa Mazeikiai Nafta, perteneciente a la compañía estadounidense Williams. Sin embargo, la Corte Suprema absolvió a Drizius en 2005.

La luz al final del túnel

A pesar de estos problemas, los medios de comunicación son bastente libres a la hora de criticar al gobierno, tal y como dejó claro la acusación del antiguo presidente Roland Paksas, muy apoyado por la prensa escrita. Los medios de comunicación de Lituania son libres y proceden de un modo totalmente independiente, y ya no habrá más periódicos que pertenezcan al Estado. La reciente inclusión de Lituania en la UE debería también acelerar el camino de la reforma. En la lista de Libertad de Prensa para 2005 de Reporteros Sin Fronteras, Lituania figura en el vigésimo primer puesto -Francia se encuentra en el trigésimo y EE UU en el cuatrigésimo cuarto-.

Para un país en el que sólo han transcurrido quince años desde el fin del control total de los medios de comunicación por parte del Estado, estar por encima de Francia y EE UU no es un mal comienzo.