Lívia Járóka: del activismo a la política

Artículo publicado el 14 de Junio de 2006
Artículo publicado el 14 de Junio de 2006

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Lívia Járóka, europarlamentaria húngara, está muy comprometida con la lucha por los derechos de los gitanos en Bruselas, pero eso no significa que haya olvidado su hogar.

Nuestro encuentro tiene lugar el día en que Putin visita Budapest. Mientras toda la atención de los medios de comunicación se focaliza en el líder ruso, en una tranquila callejuela de Budapest se celebra un importante encuentro. Lívia Járóka, europarlamentaria, accede a atenderme durante un descanso en mitad de estas charlas. Mientras los políticos la esperan en otra habitación, Járóka habla con pasión sobre su misión: acabar con el racismo contra los gitanos, y ayudarles a encontrar su lugar en Europa.

Una larga historia de sufrimiento

Los gitanos son una de las minorías que más han sufrido en Europa. Se cree que emigraron desde la India hacia Europa hace un millar de años. En 1471, se promulga la primera “ley anti-gitanos” en Suiza, y los siguientes quinientos años serían testigos de una creciente intensificación de las hostilidades contra ellos. Durante la Segunda Guerra Mundial, los Nazis asesinaron entre 200.000 y 800.000 gitanos en un intento de genocidio conocido como el Porrajmos. Este vergonzoso capítulo de la historia europea tuvo su continuación durante la limpieza étnica de la comunidad gitana en Kosovo. Incluso hoy, el Centro Europeo de los Derechos de los Gitanos continúa tras la pista de la expansión del racismo contra los gitanos en Europa. Gitanos activistas como Lívia Járóka intentan encontrar una solución europea a lo que en realidad es un problema transeuropeo.

Desde el inicio de su carrera, Lívia Járóka ha atraído la atención húngara y europea sobre la situación de la minoría gitana. Esta serena y firme activista nos habla sobre sus comienzos: “como antropóloga que había estudiado la vida de los gitanos durante años, mi nombre no era desconocido para los políticos relacionados con la defensa de los Derechos Humanos. Con cierta regularidad me hacían consultas, y nunca me ha importado hacer comentarios críticos”.

Durante sus estudios en el extranjero comenzó a trabajar con organizaciones civiles de gitanos, fuera de Hungría. En 2004, fue elegida eurodiputada en las listas del primer partido de la oposición en Hungría, Fidesz. Járóka se convirtió en la segunda europarlamentaria de origen gitano. Pronto encontró su lugar, pasando a ser miembro del Partido Popular Europeo (PPE) y vicepresidenta del Intergrupo Europeo de Diversidad y Antiracismo.

Un trabajo el doble de duro

Járóka no se muestra sorprendida cuando le preguntamos si, como joven Europea del Este en un mundo de hombres de mediana edad, ha sido difícil conseguir no ser considerada como un “caso exótico”. “Para que me tomen en serio he tenido que trabajar el doble”, contesta. “Mis compañeros y yo hicimos un trabajo serio y riguroso al convertir la situación de los gitanos en Europa en un foco de atención para los políticos”, continúa. “Al contrario de lo que ocurre con otra minoría, no disponen de una red de organizaciones civiles desarrollada. Es mi misión apoyar el nacimiento de estas organizaciones, así como aclarar las malinterpretaciones que rodean a los gitanos en Europa. Las que toman las decisiones en Europa necesitan aprender sobre la situación de estas personas”, añade.

Sentía curiosidad por saber si es duro preservar el idealismo cuando se trabaja en la política europea. “Después de pelear como activista he tenido que aprender a hacer promesas”, contesta. “No puedes perder de vista tus objetivos, pero incluso en la complicada red de intereses de la Unión Europea se puede llegar a acuerdos muy útiles. Mientras que al principio lo que hacíamos era como tropezar con una pared, en la medida en que nuestros intereses entraban en contradicción con otros intereses políticos, ahora la Unión Europea está comenzando a reconocer que la situación de los Gitanos es algo que no se puede mantener debajo la alfombra”.

Deseos para el futuro

Tras años de lucha, el Parlamento Europeo aprobó en 2005 la Resolución sobre los Derechos de los gitanos. Más que una resolución sustantiva, consistía en una detallada evaluación de la situación actual. Enfatizaba que “de los 12 a 15 millones de gitanos que viven en Europa, entre 7 y 9 millones lo hacen en la Unión Europea, sufren discriminación racial y en muchos casos están sujetos a una severa discriminación estructural, pobreza y exclusión social, así como a múltiples discriminaciones por razón de género, edad, discapacidad y orientación sexual”. Los recientes problemas derivados de la inmigración en Europa, como las revueltas en Francia en noviembre de 2005, ha dificultado sin duda la lucha por los derechos de los gitanos, ya que son una minoría desfavorecida vista como intrusa en la sociedad europea. Lívia Járóka explica que a veces tiene la sensación de que está sola peleando contra toda la burocracia de la UE. Por fortuna, europarlamentarios de todos los partidos políticos apoyan su causa. “Sólo podemos avanzar si aunamos esfuerzos”, subraya.

Járóka está decidida a culminar esta empresa con éxito, aunque tenga que hacerlo con métodos poco ortodoxos. Como parte de una campaña del Partido Popular Europeo por modernizar su imagen, “estamos a punto de lanzar un anuncio titulado “Alianza de Valores”, y yo seré el rostro de esa campaña. Siempre me he mantenido al margen del marketing político. Sin embargo, soy consciente de que la imagen juega un importante papel en este mundo mediático. Como política, tengo que aprovechar esta oportunidad como parte de mi lucha contra la discriminación.”

Manteniendo el contacto

Lívia Járóka pasa la mayor parte del tiempo en Bruselas y viajando por toda la Unión Europea. En ese contexto, pregunto, ¿cómo se mantiene el contacto con la gente a la vuelta a casa? “No hay mayor diferencia en Europa que entre las áreas diplomáticas de Bruselas y los suburbios de Europa del Este”, contesta. “Mantenemos el contacto a diario a través del teléfono y de Internet, y viajamos a casa casi semanalmente.”

A pesar de todo el trabajo, Járóka tiene precaución en no confundir sus prioridades. “Naturalmente, lo más importante para mí es mi familia. Pasamos juntos el mayor tiempo posible. Eso les lleva a viajar conmigo a cualquier parte. Mi familia me da todo el apoyo que necesito en mi trabajo. Esta es mi vida”. Ella no dejará que Europa olvide fácilmente la apremiante situación que viven los gitanos.