Lo barato sale caro en las aerolíneas

Artículo publicado el 14 de Abril de 2005
Artículo publicado el 14 de Abril de 2005

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El éxito de las aerolíneas de bajo coste amenaza con echar por tierra los esfuerzos para reducir las emisiones de gas con efecto invernadero. ¿Habrá que gravar más los carburantes para reducir la contaminación?

¿Aún no tiene plan para este fin de semana? ¡Berlín-Madrid por 19 €! Las compañías de bajo coste se hacen con el mercado turístico europeo a golpe de precios por los suelos y el avión se convierte en un medio de transporte para todos los días. Pero tiene sus consecuencias sobre el medioambiente. Ningún medio de transporte es más nefasto que el avión. El consumo de carburante de un viaje en avión puede ser cinco veces mayor que el de un tren. Ni siquiera el coche es tan pernicioso para el entorno. Y es que la combustión de carburante en altura potencia mucho más el efecto invernadero.

Kyoto condenado

Cada día, 25.000 aviones surcan el cielo europeo y la circulación aérea no para de crecer. En enero de 2005, el número de pasajeros en los aeropuertos del continente aumentó un 8% respecto al año anterior. A más circulación, mayor emisión de gases, lo cual choca con los esfuerzos de la UE para reducir el calentamiento climático en el marco del proceso de Kyoto. Las emisiones de gas con efecto invernadero de los vuelos internacionales no se toman en cuenta en el cálculo de las emisiones, conduciéndonos a un absurdo: aunque la UE alcanzara los objetivos fijados por el protocolo de Kyoto, todos los esfuerzos realizados se verían traicionados en igual medida de aquí a 2010 por las emisiones de una circulación aérea que no para de aumentar.

El crecimiento actual del mercado aéreo se debe en esencia a la expansión de las compañías de bajo coste. A primera vista, su balance ecológico no parece peor que el de Lufthansa, Iberia o British Airways. Es más, podría decirse que es menos negativo a la vista del intenso aprovechamiento de los vuelos baratos. El problema surge del hecho que sus precios de choque atraen a nuevos grupos de clientes. Por un lado, los nuevos clientes abandonan otros medios de transporte: un sondeo mostró que más de un tercio de los clientes de Ryanair ha pasado, gracias a los nuevos precios, del tren o del coche al avión. Por otro lado, las compañías de bajo coste crean un mercado de masas de nuevo cuño. La escapada de dos días para irse de compras a Londres o el fin de semana de reposo en Mallorca serían, sin Ryanair y otras compañeras de viaje, un lujo reservado a una elite.

Un tren deprimido

El tren, aun con precios muy atractivos, no logra rivalizar con las compañías de bajo coste. En contra de lo que sucede con el tren, los vuelos internacionales no se someten ni a impuestos sobre carburantes ni al Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). “Las líneas aéreas gozan así de una clara ventaja en la competencia respecto a un medio de transporte más ecológico como es el tren”, constata Michael Cramer, portavoz de los Verdes en la comisión de transportes del Parlamento europeo. Las consecuencias climáticas del transporte aéreo se hallan ya inscritas, tras un largo periodo de pasividad, en la agenda de la UE. “Estoy a favor de gravar el queroseno”, declaró el Presidente del Consejo, Jean-Claude Juncker, en febrero de 2005. Los Países Bajos ya han actuado en este sentido y han sido los primeros en introducir, a principios de este año, una tasa sobre el queroseno para vuelos interiores. Los Estados precursores en la materia reciben un apoyo inesperado de la industria turística. Es lo que asegura Willi Verhuven, a la cabeza del tour operador Alltours, en relación al precio mínimo de los vuelos. “Las ofertas de las compañías de bajo coste son, desde un punto de vista ecológico, completamente irresponsables”, ha declarado. Tales opiniones se hallan lejos de la unanimidad dentro del sector turístico. El miedo a una competencia molesta empuja a ciertos profesionales del turismo a apartar a ciertas empresas de bajo coste. Y países como Grecia o España, que son quienes más disfrutan de la expansión del mercado aéreo, no ven esta evolución con los mismos ojos. No está claro que la unanimidad necesaria para la adopción de una tasa sobre los carburantes en el Consejo de ministros pueda conseguirse.

Las cocinas solares como medio de compensación

Son los viajeros quienes tienen la responsabilidad de resistirse a este nuevo problema de los vuelos baratos. Quienes no puedan o no quieran renunciar a viajar en avión tienen la posibilidad de compensar las consecuencias nefastas de su viaje sobre el medioambiente. Fabricantes como Atmosfair en Alemania, MyClimate en Suiza o The Carbone Neutral Company en Gran Bretaña, ofrecen la posibilidad de reparar los perjuicios de las emisiones de gas de efecto invernadero de un vuelo aéreo apoyando económicamente un proyecto de protección del medioambiente. Para los 840 kilogramos de CO2 que un viaje Berlín-Madrid espolvorea por los cielos europeos, Atmosfair se llevará por ejemplo 15 €, una suma que se invertiría en un proyecto de cocinas solares en India. Sin embargo, queda claro que estas iniciativas sólo incumbirán a una minoría de ciudadanos europeos preocupados por la protección del medioambiente, no pudiendo, pues, representar una alternativa real a una medida política. Los próximos meses nos dirán si los Estados de la UE se toman en serio el proceso de Kyoto y si desean ponerle fin a un transporte aéreo que desprecia el entorno natural.