Lo probamos por ti: ser parisino por un día

Artículo publicado el 25 de Agosto de 2009
Artículo publicado el 25 de Agosto de 2009
Una asociación de parisinos de siempre recibe a visitantes extranjeros para hacerles descubrir la capital, lejos de los autobuses de turistas y otros barcos mosca. Y con una sonrisa. Vuelta por los bares, museos o el Montmartre de detrás de los muros... Paseando

Metro Anvers, 10 horas. Y ya, decenas de turistas se amontonan para invadir las calles de Montmartre. Montmartre, pequeño pueblo en la capital parisina, verdadero paraíso preservado. Llega con algunos minutos de retraso, nos indica rápidamente y nos reagrupa con discreción. Jean-Michel, cincuentón, camiseta desaguisada, será nuestro guía durante la mañana. ¡Un guía que nos repartiremos cuatro solamente! Y la visita será gratuita. Jean-Michel forma parte de la asociación parisinos por un día. Un comité, nacido hace dos años y medio, inspirado en el fenómeno anglosajón de los Greeters. Una asociación que cuenta hoy con cerca de 110 guías en París, de todas las edades y todos voluntarios. Estos parisinos de siempre proponen hacerles descubrir París desde otro ángulo, lejos de las sendas turísticas y de las fotos-recuerdo habituales.

Ojeada en los jardines

Foto: Parisien d'un jour Y nuestro guía no evita la regla. La visita comienza a lo largo del bulevar Rochechouard. Y allí, los turistas no son numerosos. Cruzamos algunos bobos (esa subespecie tan típicamente parisina mezcla de rollo alternativo y clase alta) en bicicleta, fotografiados que juegan a la petanca, una joven pareja y sus hijos. ¡Verdaderos parisinos! La ascensión del Montmartre se inicia con la subida de una decena de escaleras a través de un camino privado. “Sé que la puerta queda abierta durante el día así que aprovecho para pasar por aquí” cuchichea Jean-Michel. La ocasión de descubrir magníficos inmuebles y jardines. Volvemos a salir a la calle de los Tres hermanos, pasamos a la calle de Orsel, luego la de Martyrs, antes de llegar a la plaza de Abbesses. Nos encontramos con otros visitantes y les compadecemos. Una veintena alrededor de un guía, algo difícil para seguir sus explicaciones. Paso obligado ante la célebre tienda de ultramarinos de El Fabuloso destino de Amelie Poulain donde no tardaremos, pequeño rodeo al molino de la Galette y persecución de la grimpette. Este barrio de París es evidentemente conocido por ser un lugar turístico muy concurrido. Paradójicamente, las calles que atravesamos están, por lo común, desiertas de turistas. Esto es ser parisino por un día. Una visita diferente, agradable, al ritmo que queremos y lleno de anécdotas de un guía habitante del barrio.

La hora del aperitivo

francescominciotti / FlickrSon las doce y media cuando llegamos a los pies de la Basílica de Sacré Cœur. Tras más de dos horas en marcha, nuestro guía nos abandona. “No olviden pasar por nuestra sede para firmar nuestro libro de oro. Y no duden en contactarnos para otras visitas. ¡A veces, muchos voluntarios también nos invitan a tomar el aperitivo en sus casas!” Una pareja suiza, venida por azar, parece completamente encantada: “Tengo la impresión de haber descubierto otra cosa, es mucho más interesante visitarlo así”. “Como sugerencia, no duden en precisar sus gustos, el motivo de su visita, la lengua y la edad de su guía”, puede leerse en el sitio: vuelta por los bares o monumentos ineludibles, es ‘el parisino por un día’ que elige.