Lo que cuenta son los resultados de la UE

Artículo publicado el 9 de Mayo de 2007
Artículo publicado el 9 de Mayo de 2007
Viaje en autostop de Bruselas a Berlín: ambiciones y frustraciones de los europeos que encontramos en el camino.

El 50º aniversario de los Tratados de Roma a finales de marzo de 2007 motivaron un viaje por autopista desde Bruselas a Berlín para hablar con los ciudadanos que nos encontramos en el camino acerca de la Unión Europea. Desde la “capital de Europa” hasta la Puerta de Brandenburgo se extienden 804 kilómetros. Allí, donde una vez se dividiera Europa, se encontraron aquel fin de semana los jefes de Estado y de gobierno de 27 países. “Nosotros, los ciudadanos europeos nos enfrentamos a un destino común”, se podrá leer más tarde en una accidentada declaración de Berlín. ¿Qué piensa el ciudadano de a pie? 14 horas de viaje durante las que varios europeos tendrán la oportunidad de narrar su propia historia.

“Europa debe mostrarse como un lugar de paz”

El camino de Bruselas a Berlín atraviesa Bélgica y Alemania, dos Estados federales con fuertes identidades regionales y no demasiada conciencia nacional. “Brujas se encontraba entre las cuatro ciudades más importantes de la Liga Hanseática”, nos cuenta un conductor llamado Luk; “por aquel entonces Europa se situaba alrededor del Mar del Norte y el Mar Báltico, que aún estaban unidos”. Luk nació en Brujas y vive en el casco antiguo de la ciudad, considerado patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO. “Los tiempos de la Hansa se han acabado, pero yo estoy orgulloso de mi ciudad. En el futuro me puedo imaginar perfectamente una Europa unida, en la que Bélgica sea sólo uno de los Estados federales”.

De igual forma que con Luk, cuando se saca a colación el tema de Europa, enseguida salen a la superficie las distintas identidades, ya sean locales, regionales, nacionales, europeas o a nivel mundial. En las conversaciones que surgen durante el viaje se hace patente que, para lo bueno y para lo malo, la Unión Europea no hace que se afiance una sola identidad. Luk nació en 1955, dos años antes que se creara la UE, y ha crecido con ella.

"Nos hemos olvidado que creamos la UE ante todo para conseguir la seguridad que proporciona la paz”, dice él. "Hemos sobrevivido a dos guerras mundiales y hemos conseguido la paz dentro de Europa”. Por ello debe mostrarse como un lugar de paz en el mundo. Hoy en día, nadie habla ya de eliminar las armas nucleares, e Irán se aprovecha de ello”. Por ello, la Unión Europea intenta desde hace tiempo establecer una política exterior y de seguridad común para todos. El caso es que la UE no cuenta con suficiente competencia para enfrentarse a los Estados miembro; aún no se habla con una misma voz.

Soluciones fáciles y europeas

Aquellos que vamos conociendo en la ruta se interesan menos por la división de tareas en Europa que por los resultados. De este modo, se quejan de que los alemanes inviertan miles de millones en un nuevo sistema de peaje en lugar de aliarse con Austria y el Benelux, o incluso de buscar juntos una mejor solución a nivel europeo. Emplear sistemas diferentes cuesta tiempo y dinero, y lo bueno es lo que hace la vida de todos los europeos más sencilla.

Michael, de Baviera, que ha viajado por Europa en un camión desde hace 12 años, cuenta que los nuevos Estados miembro de Europa central y del Este no inspiran tanta confianza. Michael transporta una bebida de yogur cuya producción se trasladó provisionalmente a Polonia. Durante cierto tiempo la distribución partía de Polonia hasta los almacenes para su venta; en el envoltorio debía especificarse el lugar de producción, y las ventas cayeron en picado, de modo que ahora ha vuelto de nuevo a producirse en Bélgica.

Miedo al fraude dentro de la Unión

Sin embargo, la integración va avanzando, también en las calles. Günther, un ingeniero de unos cincuenta años que se dedica a programar maquinaria en el extranjero, a menudo recoge en su vehículo a gente de dudoso aspecto. En estos momentos hay ya muchos habitantes de Europa del Este, y eso le hacía desconfiar: “Un día recogí a un estudiante de Bielorrusia y me causó muy buena impresión. Era muy agradable, abierto, culto, y estaba muy contento de poder hacer este viaje a través de Europa. Desde entonces no juzgo a las personas antes de conocerlas”.

Durante la última etapa viajamos con Helmut, un director de teatro de la Europa del Este. Helmut, que había sido estudiante de arte dramático represaliado en la Alemania del Este, desconfía por principio cuando la unificación se hace desde arriba. Ante la pregunta de si participaría en las celebraciones del fin de semana por el cincuenta aniversario del tratado de la UE, su respuesta es breve y algo brusca: “Eso ya lo tuvimos una vez aquí en Alemania, el fraude de la Unión”.