Lo que esconde el plan de renta básica en Suiza

Artículo publicado el 7 de Junio de 2016
Artículo publicado el 7 de Junio de 2016

[OPINIÓN] En pleno auge del debate en Europa sobre una renta universal, los suizos han votado en referéndum y han decidido no seguir adelante con la propuesta. Pese a las voces partidarias de este plan, la aplicación de un salario mínimo, sin embargo, puede suponer un deterioro de los servicios públicos. 

"Suiza rechaza el plan de renta básica garantizada para todos". Podemos quedarnos con el titular, pero seguramente, por extraño que nos parezca, ya nos permite adivinar que detrás se esconde algo más. Suiza ha rechazado de manera amplia (un 77% de los votos) una renta universal de 2.250 euros al mes que se otorgaría por el simple hecho de ser ciudadano del país. Esta negativa puede resultar más comprensible si tenemos en cuenta que el sueldo medio en Suiza ronda los 4.000-5.000 francos, [3.600-4.500 euros] y que ese dinero en Suiza solo da para vivir dignamente. Un paseo por las calles de Zúrich quita las ganas de abrir la cartera.

Lo curioso es que los impulsores de esta propuesta en Suiza comparten ideologías de centro-derecha, como también lo hace el partido que trata de implantar la renta universal en Finlandia. ¿Por qué ese ingreso básico, bandera hasta ahora de los movimientos alternativos y de izquierda, está empezando a ser adoptado por el conservadurismo europeo? Fácil: en una Europa en la que cada vez hay menos puestos de trabajo por el desarrollo de la tecnología, un renta universal garantiza unos niveles mínimos de estabilidad social. No sería mala idea, si no fuera porque lo que se propone en Suiza o Finlandia es sustituir con este ingreso la cobertura de los servicios públicos. Así, la renta universal, sueño de la izquierda, acaba convertida en la pesadilla neoliberal perfecta. El Estado concede una cifra al mes por persona y se despreocupa así de la prestación de servicios esenciales como la sanidad y la educación. Todo a la vez que disminuye el número de ciudadanos que trabajan, privándoles de participar en un puesto de trabajo, lugar de realización personal e interacción con los demás.

Los suizos lo han visto claro, han dicho no. Una renta universal puede ser muy necesaria para muchos, pero aplicarla de forma regresiva a todos, además de ser injusto, generaría unos gastos que los Estados no dudarían en aprovechar para justificar el recorte en lo que de verdad importa, el Estado del bienestar. Tengamos cuidado, por tanto, con los titulares grandilocuentes; una renta básica bien merece un debate sosegado.