Lo que queda de aquella primavera en Praga

Artículo publicado el 29 de Abril de 2008
Revista publicada
Artículo publicado el 29 de Abril de 2008
En unos meses, Praga conmemorará los 40 años de su famosa “primavera” democrática, que sublevó a la ciudad el pasado siglo. Una protesta espontánea que sorprendió al mundo entero, antes de ser reprimida por el régimen soviético. Imágenes.

República Checa, Praga, 03/2008 (Foto: ©Boris Svartzman)

República Checa, Praga, 03/2008 (Foto: ©Boris Svartzman)

Barrio de Vršovice (Foto: ©Boris Svartzman)

Plaza Venceslas. Guiño a Josef Koudelka, fotógrafo francés de origen checo, en el mismo lugar donde retrató un reloj de pulsera indicando el mediodía, en la plaza vacía después de la invasión de tanques soviéticos. (Foto: ©Boris Svartzman)

Placa conmemorativa con el nombre de Jan Palach y Jan Zajíc, dos estudiantes que se autoinmolaron para protestar contra la ‘normalización’ impuesta por la URSS. (Foto: ©Boris Svartzman)

Praga, Ujezd, Malá Strana, marzo de 2008. Monumento en recuerdo de las víctimas del comunismo realizado por el escultor checo Olbram Zoubek y los arquitectos Jan Kerel y Zdenek Hoelzel, inaugurado el 22 de mayo de 2002 (Foto: ©Boris Svartzman)

Jana Neupauerova, joven eslovaca empleada en la fundación Forum 2000, fundada por Vaclav Havel. "Para mí, el fin del comunismo es la apertura al mundo, pero si queremos trabajar en lo que nos interesa, tenemos que abandonar Eslovaquia y venir a Praga". (Foto: ©Boris Svartzman)

Vestigios de chimeneas de fábricas en un barrio residencial de Praga. (Foto: ©Boris Svartzman)

Petr Fleischmann, consejero en el ministerio de Asuntos Exteriores en Praga, me traduce de viva voz su último artículo. "El cambio visual de la ciudad es el que más me emociona después del fin del comunismo, así como la libertad de circulación de personas y de ideas”. (Foto: ©Boris Svartzman)

Niños jugando en la calle. (Foto: ©Boris Svartzman)

El comienzo de la primavera en Praga. (Foto: ©Boris Svartzman)

Michal y Petr, en el popular barrio de Vršovice, donde creció Petr Fleischmann. (Foto: ©Boris Svartzman)

Petr Uhl, cofundador de la Carta 77, creada en oposición al periodo de normalización, todavía activa políticamente. "Estoy profundamente unido a la Plaza de la Paz, que está en el barrio donde siempre he vivido." Después de la división del país, Uhl pidió la nacionalidad Checa y Eslovaca, caso no contemplado por la ley. Ha tenido que luchar cinco años para recuperar la nacionalidad Checoslovaca, " y fue allí donde lo celebré". (Foto: ©Boris Svartzman)

Parada de autobús. (Foto: ©Boris Svartzman)

Tranvía en la calles de Praga. (Foto: ©Boris Svartzman)

República Checa, Praga, 03/2008 (Foto: ©Boris Svartzman)

Una primavera en Praga. (Foto: ©Boris Svartzman)

No hace tantos años de la toma de poder por parte del Partido Comunista checo, y sus miembros comprendieron las necesidades de la sociedad checa. Los nombres de ciudadanos disidentes, Vaclav Havel o Petr Uhl, y de hombres del partido, como Dubcek, marcan el fin de los años 60 y la llegada de una sociedad nueva y libre. El socialismo con cara humana, origen de la indiferencia progresiva de la población hacia la lógica sistemática impuesta por la URSS, parecía finalmente posible.

Pero el aniversario de ‘la primavera de Praga’ nos recuerda, sobre todo, el apoyo que la represión soviética recibió de los países firmantes del Pacto de Varsovia. Una realidad que congeló toda autonomía, del todo anormal para ese poder que no dudó en llamar al periodo siguiente ‘de normalización’. Más que la represión, ¿no deberíamos celebrar la larga lucha por conquistar la libertad, paralizada el día de la intervención soviética?

Petr Fleischman es consejero de asuntos exteriores de la República Checa. En 1968, estaba en las barricadas de París: “me divertía con los compañeros, pero en cuanto podía acceder a un aparato de radio, lo encendía para ver cómo evolucionaba la situación en Praga. Lo que pasaba allí era simbólicamente mucho más importante que el Mayo del 68”, recuerda.

En el Oeste, los países occidentalizados protestaban por conseguir un concepto de libertad que seguía limitada en el espacio por el bloque comunista. Para Petr Fleischman, los sucesos de Praga permitieron “a la izquierda de los países democráticos, soñar, por un momento, que un régimen económico y político que eliminara los perjuicios del capitalismo respetando las libertades humanas, era posible”. Ahora bien, la conmemoración de tal evento en un mundo regido por el liberalismo económico es susceptible de olvidar las aspiraciones dirigidas a hacer más humano un sistema del que no nos queremos deshacer.

Entonces, con el fin del comunismo, ¿ha llegado la libertad? Si el país se construye sobre una purificación de su pasado y no deja ninguna oportunidad de redención a la idea del comunismo, ¿no se suprime el recuerdo de que un día el comunismo fue una aspiración común? Podemos pensar como Fleischmann que “si el régimen cayó, las estructuras mentales establecidas en ese tiempo continúan existiendo en un anticomunismo también dogmático”. Como si la historia olvidada se las ingeniara para emerger en las siguientes generaciones.

Artículo elaborado con la ayuda de Vítek Nejedlo