Lo único que no se puede recuperar es el tiempo

Artículo publicado el 15 de Octubre de 2014
Artículo publicado el 15 de Octubre de 2014

“Cuando un minuto se va, se va para siempre”. Con este homenaje al tiempo, el bien más preciado que tiene el hombre, el periodista José María Carrascal presenta su nuevo libro El Mundo visto a los 80 Años, unas memorias en las que los protagonistas son los hechos de los que su autor fue testigo en momentos claves de un Siglo XX que él mismo titula como “El Siglo de la Ciencia”.

La llegada a la Luna, los transplantes de órganos, la revolución informática, la liberación femenina, el ascenso de China a primera división mundial o la desintegración del átomo son algunos de los tantos acontecimientos que presenció y contó como corresponsal en Alemania y Estados Unidos este octogenario periodista, pero quizás este último, la división de lo que Demócrito postuló como indivisible, sea el descubrimiento que más haya impactado a Carrascal.

Lo extraordinario del Siglo XX en lo que a progreso se refiere también deja el pasado más sangriento de la historia de la humanidad occidental. Dos bombas atómicas, Dresde, estrategias desarrolladas en laboratorios químicos... Es precisamente en este punto donde el periodista se muestra más escéptico al interrogarse sobre la verdadera necesidad de enviar a un ser humano fuera de nuestro sistema solar en un futuro, no como avance científico, sino como consecuencia vital.

El Más Acá frente al Más Allá

“Hemos cambiado el mundo a nuestro favor, hemos traído el yo a nuestro centro”. La concepción de este mundo como un Valle de Lágrimas imperante en el primer tercio del Siglo XX hacia la, entonces entendida, vida auténtica ha desaparecido. “Hemos dejado el Más Allá en el Más Allá, la única vida constatada es esta que tenemos, es la única certeza”.

Carrascal invita a la reflexión sobre el origen de la actual laxitud en distintos campos de la vida. Si la justicia ante la que rendimos cuentas es la terrenal y ésta funciona muy dudosamente, “al desaparecer el temor, se relajan nuestras posturas”. Reconociendo que el estado de bienestar de hoy es infinitamente mejor que el de su niñez y adolescencia, recuerda con cierta nostalgia que en su generación “gozamos más de lo que se da por sobreentendido en los días que corren”.

España y el afán de ser el mejor

Como no podía ser de otra manera, con una distancia suficiente para colmar de rigor informativo el espacio dedicado a España, Carrascal se remonta al origen de los dos imperios españoles del siglo XV para analizar las posibles causas de nuestra compleja situación actual.

“El Imperio es el mayor enemigo de la nación”, explica Carrascal, “y nosotros tuvimos dos al mismo tiempo: el creado en la Reconquista y el de América. La nación es un plebiscito diario”. Este modus operandi español no dejó cuajar a la nación y cuando en 1898 España pierde su última colonia en Cuba los reinos unificados retoman la conciencia de sus orígenes. Algo que hoy, con Cataluña, tenemos más presente que nunca.

Citando a Ortega y Gasset, el periodista y escritor insta con su obra a recapacitar sobre si España, situada en una encrucijada geográfica, debe europeizarse o africanizarse. Estamos todavía con ese dilema, aunque de algo está seguro Carrascal y es que a pesar de todo, “hay muchas más cosas que nos unen a todos los españoles que elementos de diferenciación y Europa no va a permitir que acabemos como en el año 36”.

Para Carrascal el vicio de España no es la Envidia como siempre defendió Unamuno, sino el afán de ser el mejor en todo: “la mejor liga de fútbol, los mejores trenes… Es muy peligroso seguir al pie de la letra el refrán: lo mejor es enemigo de lo bueno, a veces ser bueno, desear a los demás lo mismo que para uno mismo es lo verdaderamente admirable”.

El plumilla de extravagantes corbatas pasa así su testimonio a nuevas generaciones de españoles y periodistas con un mensaje nítido y conciso: “lo único que no se puede recuperar es el tiempo”.

Nota: Como aprendiz de periodista, recibí como consejo de este gran colega veterano de profesión la siguiente lección: “si la vocación es pura y auténtica, atenta a la oportunidad que pueda estar en el lugar más inesperado, resiste porque llegará, abre los ojos”.