Londres: Hackney Wick, Fish Island y su sombra 'cool'

Artículo publicado el 20 de Abril de 2016
Artículo publicado el 20 de Abril de 2016

En 2012, los Juegos Olímpicos fueron celebrados al otro lado del Támesis, en Londres, frente a los distritos de Hackney Wick y Fish Island, hogar de la concentración más grande de estudios de arte en Europa. Hoy han desaparecido los banderines y los atletas se han ido a otra parte; pero para los residentes locales, amenazados con la expulsión, el dolor muscular durará mucho más de lo esperado.

Al abrirse las puertas del tren sobre una plataforma mojada, una parada antes de llegar a Stratford, inmediatamente se puede ver la transformación que el East End londinense ha sufrido en estos últimos años. En primero plano, dos enormes letras rojas –H y W–cubren el frente de una antigua fábrica. Son las iniciales de un distrito que una vez fue una de las joyas de la economía británica.

Más allá, detrás de un laberinto de calles antiguas catapultadas a la edad moderna por sus artistas residentes, se puede ver el canal del Río Lea que separa Hackney Wick de su distrito gemelo, Fish Island. Este último —más discreto, menos llamativo y sin los turistas ni los asiduos de los bares del anterior— está lleno de tesoros similares: Fábricas victorianas, depósitos gigantescos, y también el ahumadero de salmón más viejo de Londres. Todo ésto ha sido parcial o totalmente convertido en espacios compartidos de trabajo y de vivienda, o estudios para actividades sociales, artísticas y culturales.

Al fondo, como salidos de otro planeta para chocar contra estos distritos más viejos, el Estadio Olímpico y la Torre ArcelorMittal Orbit se mezclan con el cielo gris. Son los vestigios de los Juegos Olímpicos de 2012 en Londres.

Pan y circo

En realidad, el grafiti rojo fue cortado de un mural pagado por la compañía Coca-Cola (patrocinador oficial de los Juegos), que cubría toda la pared hasta que fue objeto de vandalismo por parte de residentes indignados, quienes escribieron sobre él la palabra "shame" (vergüenza, ed.).

Hoy en día, no queda ningún rastro de este mensaje (es casi imposible encontrar una imagen de la pared vandalizada excepto aquí), una controversia que sería absolutamente banal si no simbolizase un problema mucho más importante: Un problema que enfrenta a los habitantes de Hackney Wick y Fish Island (de ahora en adelante denominados HWFI). Es un caso muy claro de aburguesamiento y abuso de poder, en una ciudad que tiene uno de los niveles más altos de desigualdad socioeconómica de Europa.

La industria tradicional constituyó en esta zona el corazón de la actividad local hasta su derrumbamiento en los años 80. Dentro de las paredes de estas fábricas se inventó el primer material plástico artificial, Parkesine. Después de su caída, varias hectáreas de espacio y edificios quedaron vacantes, los cuales fueron luego ocupados ilegalmente y, con el tiempo, se convirtieron en viviendas —a menudo para artistas en apuros.

En este estado de atmósfera creativa de autosuficiencia, una nueva generación de habitantes de HWFI sentó las bases para un sistema socioeconómico paralelo basado en los principios de la ayuda mutua, la espontaneidad y la experimentación libre. Durante varios años, este movimiento trajo color a las paredes y las aceras bajo la mirada relativamente indiferente de las autoridades públicas de la capital. Hasta que se anunció que los Juegos Olímpicos estaban en camino. Entonces la promesa de un beneficio rápido hizo que la ciudad comenzase a salivar.

"La regeneración es el nuevo aburguesamiento"

Hace una década, se escuchaba decir que si alguien conocía el significado de la palabra "aburguesamiento" era porque ese alguien formaba claramente parte del mismo. Aunque esta palabra era originalmente un término académico (acuñado por la investigadora londinense Ruth Glass en 1964), ahora se utiliza de forma más común, a menudo de manera acusatoria.

La palabra "aburguesamiento" desapareció gradualmente del vocabulario de los promotores inmobiliarios y fue sustituida por términos con una connotación mucho más positiva tales como "regeneración". Este último, sin embargo, fue identificado como síntoma del mismo fenómeno en el libro Quedarse en el Lugar: Un Manual contra el Aburguesamiento para Viviendas de Protección Oficial en Londres.

En él, encontramos dos preguntas bajo el título "[aburguesamiento] Señales que debe buscar en su vivienda": ¿El ayuntamiento registró su vivienda como sitio potencial de desarrollo? y ¿Su vivienda se encuentra dentro de un 'Área de oportunidad' del Plan de Londres?.

En cuanto a convertir HWFI en un "área de oportunidad", un estudio en los archivos de la Corporación del Desarrollo del Legado de Londres (LLDC) —el organismo a cargo de la regeneración tras los Juegos Olímpicos— resulta revelador. Una frase dentro de un pequeño recuadro indica: "Estamos considerando la cantidad de viviendas accesibles que se pueden incluir en el esquema y trabajamos para alcanzar una meta del 10%".

En cuanto a la recuperación económica que se suponía que los JJOO debían ocasionar gracias a la afluencia de turistas, los habitantes de HWFI han visto muy poco. Esto se debe a que las autoridades locales decidieron cerrar la estación de metro Hackney Wick durante las semanas en las que se celebraron los Juegos con el fin de dirigir a los viajeros hacia Stratford.

En pocas palabras, si usted vivió en Hackney Wick o Fish Island antes de los Juegos Olímpicos, si su presupuesto no le permite acceder a cierto tipo de apartamentos (400.000 libras por un estudio, ed.) y si su familia cuenta con más de dos miembros, sus posibilidades de permanecer en las proximidades de su casa varían aproximadamente entre uno o dos en diez.

De hecho, LLDC posee una cantidad de terrenos en Hackney Wick que va en aumento, donde tiene facultades de planificación que le permiten comprar lo que todavía no le pertenece gracias a una todopoderosa Orden de Expropiación.

Uno podría decidir quedarse y volverse más pobre a la vez los alquileres aumentan, luchando para llegar a fin de mes mientras ve a la gente a su alrededor bebiendo frappuccinos de 5 libras y piensa (erróneamente) que los dueños de esos cafés o los residentes artistas son la causa de sus problemas: Los primeros son sólo un síntoma de un problema más profundo y los últimos son a menudo las víctimas del aburguesamiento.

La historia se repite

"En general, los artistas en Londres buscan alquileres más bajos que las personas de otras categorías sociales y profesionales", dice Richard Brown quien, a través de su iniciativa Wick Accesible, aborda la responsabilidad de los artistas hacia sus comunidades. "Por el momento, tenemos un gran problema porque está claro que los artistas y los llamados 'creativos' son responsables del fuerte aumento actual de los precios en Hackney Wick. Los artistas hacen que un lugar como este sea mucho más aceptable y atraen una economía que no es accesible para muchos de sus habitantes a largo plazo".

En primer lugar, probablemente sería una buena idea distinguir entre las dos facetas de este fenómeno. En HWFI, la faceta más obvia y criticada es sin duda la llamada "place-marking": Un mecanismo sofisticado que intenta transformar un barrio en una marca para hacerlo más atractivo, particularmente a través de un estilo de vida o de la creación de negocios modernos.

En general, los artistas, ya sea deliberadamente o no, son cómplices del proceso que, tarde o temprano, termina expulsándolos de su propia área. Enfrentados con una invasión que se oculta tras la máscara de algo "cool", los gestos de resistencia están prosperando en HWFI de una manera no coordinada, y a veces incongruente. El más conocido sigue siendo la campaña Keep Hackney Crap ("Mantengamos a Hackney como una porquería", ed.).

Pero es bajo la superficie, en su forma menos glamurosa, donde las auténticas etapas de este proceso se están desarrollando —donde las cifras financieras abstractas de los crímenes de guante blanco causan verdadero sufrimiento social. Es muy conveniente para quienes trabajan activamente por el aburguesamiento decir que se trata de algo así como una ley de la naturaleza, como la gravedad o la certeza de que no encontrarás ni rastro de marisco en un paquete de barritas de pescado. Son las mismas personas que insinúan que la expulsión de los habitantes anteriores en nombre de la regeneración es la única alternativa disponible para un lugar empobrecido.

Muchos habitantes de HWFI reclaman una regeneración basada en una mejor organización local de la infraestructura y de la seguridad. Pero es absurdo que sólo puedan conseguirlo a cambio de su propia partida. Frente a este discurso de darwinismo urbano, es necesario oponerse a la idea de que los alquileres altos no son el último bastión contra un caos urbano de fantasía. "La oposición al aburguesamiento está volviéndose rápidamente menos marginal, y más organizada", escribía Dan Hancox en una columna de The Guardian.

De lo contrario, HWFI irá por el mismo camino que Shoreditch o Elephant and Castle siguieron hace algunos años. La clase obrera fue expulsada despiadadamente de esas áreas para dejar espacio a una nueva vida social y cultural, una que sospechosamente parecía un centro comercial. Si no, el hermoso caos de Fish Island será reducido a poco más que una vieja raspa de pescado.

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 Este artículo es parte de la serie de reportajes EUtoo, un proyecto que busca contar la desilusión de los jóvenes europeos, financiado por la Comisión Europea.