Lorella Zanardo: “hay que hacer limpieza en la televisión italiana”

Artículo publicado el 1 de Octubre de 2009
Artículo publicado el 1 de Octubre de 2009
El documental Il corpo delle donne (El cuerpo de las mujeres), distribuido desde la pasada primavera de 2009, ha logrado en pocos meses una difusión extraordinaria en la red gracias a su crítica inteligente y despiadada de la televisión italiana. Entrevistamos a una de sus autoras, Lorella Zanardo

Il corpo delle donne es una antología de fragmentos procedentes de la televisión italiana, pública y privada, y está dedicada a la imagen y el papel de la mujer: el resultado es un retrato escalofriante. La autora de este ensayo visual, Lorella Zanardo, empresaria pero ahora sobre todo consultora y profesora de cuestiones relacionadas con el feminismo, nos explica con pasión su compromiso: una campaña de sensibilización sobre el tema del respeto por las diferencias de género y por los derechos que se expresa en el tercer artículo de la Constitución italiana. ¿Cómo lograr que todo este importante trabajo no se diluya y quede reducido a una moda pasajera? Prosigue su empeño de militancia cotidiana, aprovechando el consenso obtenido en la red pero también a través de un proyecto educativo, Nuovi occhi per la TV (nuevos ojos para la televisión), dirigido a las escuelas y los educadores y consultable en su página web oficial.

¿La situación italiana es única o hay otros países europeos en los que la imagen y el papel de las mujeres estén en peligro?

(ilcorpodelledonne.net/)Todo parte del concepto de diferencia de género, de igualdad de oportunidades. En otros países del norte de Europa, como Inglaterra, esto se ha asimilado desde hace tiempo como un derecho constitucional, y por lo tanto no se pone en discusión. En un país como Francia se ha creado un asociacionismo femenino muy fuerte que ha combatido las ocasionales ‘caídas’ en el respeto de la dignidad femenina, así como en España, donde, por otra parte, existe un gran problema de violencia contra las mujeres. En cambio, Italia y Grecia han sido definidos por el Censis (Centro de Estudios e Inversiones Sociales) como países en los que el tema de la igualdad de oportunidades encuentra ‘resistencias’. Es decir, se trata de un problema digno de tratarse en los niveles institucionales, puesto que se considera que posee un valor escaso y no amenaza las instituciones políticas existentes. Y eso lo vemos también en el modo en que se afronta en la política.

¿Durante tu carrera como empresaria has conocido a mujeres que han adoptado actitudes masculinas? 

¡Es lo que más he visto! Yo me he salvado porque siempre he tenido un orgullo innato, quizás heredado de mi madre, pero he trabajado en un ambiente en el que he visto, con dolor, a muchísimas mujeres que abdican de las cualidades del carácter femenino para poder hacer carrera. Las pierden, porque en aquel entonces trabajar y estar solas en un ambiente masculino era difícil, pero ahora es distinto. Ya es hora de que las mujeres asumamos la responsabilidad de afirmar nuestras cualidades propias de mujeres en el seno de las organizaciones. Lo necesitan tanto la sociedad como los hombres. 

¿Cuál es la mejor estrategia para ejercer una militancia concreta y eficaz? 

Yo creo mucho en las campañas de concienciación. Es decir, sensibilizar a los ciudadanos con un blog, páginas web o documentales y crearse una plataforma de consenso bastante sólida, por ejemplo en la red, para después negociar con las cadenas de televisión o las grandes agencias publicitarias. Funciona, y en los Estados Unidos es una práctica muy difundida. No se trata de amenazas, todo lo contrario; son negociaciones educadas pero firmes, que satisfacen los intereses de todos. La marca de agua mineral Rocchetta, por ejemplo, ha retirado un anuncio en el que la modelo Cristina Chiabotto retaba a una chica ‘norma’ para ver a quién le quedaba mejor un vestidito ajustado, porque se ha dado cuenta de que así estaba dañando la imagen del producto mismo. Y ese no ha sido el único resultado positivo de nuestra campaña de sensibilización.

¿Cómo se puede combatir el malestar que causa ver a prostitutas de lujo y a aspirantes a actrices que desfilan pavoneándose por pasarelas históricas como la del Festival de Cine de Venecia? 

Ese malestar lo sentimos todos y vosotras las jóvenes, en mi opinión, tenéis todo el derecho a enfadaros. Yo estuve en Venecia y allí, al ver que los únicos momentos de delirio del público fueron con Briatore en zapatillas y la Gregoraci en bragas, pensé en el Lido, en Silvana Mangano, en Luchino Visconti... En fin, no tiene sentido decir que estamos en un momento fácil. Cesare Lanza, guionista de casi todos los programas mostrados en el documental, estuvo invitado junto a mí en un programa del periodista Gad Lerner y me dijo: “Usted tiene una actitud misionera, ¿no se da cuenta de que Italia desea ver estos programas?”. El que Italia quiera ver estos programas creo que es cierto; pero creo que es todavía más cierto que Italia desea estos programas porque ya hace veinticinco años que es lo único que le dejamos ver. Yo creo que la televisión tiene un deber educativo. Me veo obligada a denunciar las miserias de la televisión para hacer limpieza. En los años sesenta, cuando estaba considerada una de las tres mejores televisiones del mundo, en el programa Non è mai troppo tardi (Nunca es demasiado tarde) el mítico maestro Manzi enseñó la lengua italiana a una nación fragmentada que en la posguerra hablaba en los distintos dialectos. Si al menos tuviéramos las cadenas públicas que respetan su función educativa, las cosas cambiarían. Pero hace falta tiempo. 

En el mundo de la economía nos han inculcado esta idea del corto plazo, de tenerlo todo y ahora. La realidad no es así: hace falta tener mucha paciencia. Cuando ejerzo mi militancia cotidiana, estoy completamente convencida de que las cosas cambiarán, pero sé que no será pronto. Debemos cambiar nuestra actitud: es en el esfuerzo del camino donde debemos hallar el sentido. También podría ser una gran satisfacción para vosotras, la generación de las treintañeras, el sentiros partícipes del cambio de este país.