Lorenzo Mattotti: “En mi mente no hay fronteras”

Artículo publicado el 4 de Septiembre de 2008
Artículo publicado el 4 de Septiembre de 2008
El dibujante de cómics de colores brillantes pasa su vida entre Francia e Italia. Porque no solo se trata de Tintín en Bruselas ni de Titeuf en Angulema. Encuentro con el representante de un tipo de cómic más “pensado”

Dando vueltas por una exposición, una caja de tubos de colores en la mano y sus pequeñas gafas posadas sobre la nariz, concentrado en los movimientos de sus manos y visiblemente inspirado por la creación, me encontré con Lorenzo Mattotti, un gran maestro del cómic italiano, invitado a todos los festivales celebrados en la célebre bota de Europa. Aunque haya dejado la península para instalarse en Francia, en París, el estilo ineludible de Lorenzo Mattotti, una explosión de colores y poesía, no traiciona sus raíces. Sobre sus láminas, se dibujan las curvas de las colinas de la Toscana y el azul profundo del mar de Calabria. Estos colores y formas son las de la tradición pictórica italiana, según el propio Lorenzo Mattotti. “Creo que todo esto proviene de mi amor por la luz y de mi admiración por los pintores italianos. Los llevo siempre conmigo, son colores muy cerebrales, muy interiores,” nos cuenta con una voz dulce y un poco tímida.

Cómics para sin papeles

Vivir en el extranjero “era también para cambiar de atmósfera, ver lo que hay ahí fuera, tener contacto con nuevas culturas. Mi mente, esa sigue siendo italiana,” explica el ilustrador de 54 años. Hace nueve años, alentado por un gran éxito de crítica en Francia y en Europa, abandona la península de Italia y se convierte en un célebre autor de cómic en el resto continente. Esas obras son entonces publicadas en el mundo entero. Sin embargo, vuelve una y otra vez a su país de origen.

Esta vida de inmigrante, desarraigado, sin duda le ha inspirado, ya que presta sus lápices y sus pinceles a una colección de cómics llamada Paroles Sans Papiers (Palabras sin papeles). Un álbum que cuenta historias de inmigrantes clandestinos camino de Europa. Para contar esta historia, Mattotti había elegido el blanco y negro porque “encuentro un lazo incluso más directo entre la idea, la imagen y sus colores.”

Sin miedo a la profundidad

Es evidente que para Lorenzo Mattotti, la historia y la imagen son inseparables. Tanto la una como la otra no deben de tener miedo a ser profundas. El dibujante estima que “siempre tenemos miedo a la profundidad en cómic, a las cosas serias y dramáticas. Habría que ser irónico. Ya no existe el cómic reservado a un público exclusivamente joven. Al contrario, este formato, hoy en día, va ganando territorio y públicos diferentes. Cada vez hay más lectores adultos. Es esto lo que hace que nuestro trabajo evolucione. Si tienes cincuenta años y te gustan los cómics, ya no te interesas por las historias de adolescentes, te gustaría ver otra cosa. Ese es el tipo de historias que falta hoy en día”.

Lorenzo Mattotti despista a su lector, trastoca los marcos tradicionales del cómic. Así, cambia de modo de expresión y de soportes, yendo de la ilustración al cine de animación. También trabaja en el terreno de la moda y para la revista Vanity, rediseñando los modelos de los más importantes modistos. En prensa, diseña las portadas de revistas para The New Yorker, Le Monde o Suddeustche Zeitung. Territorios que ha podido explorar gracias al cómic. Así pues, el diseñador respira hondo, con aire un poco melancólico: “En mi mente no hay fronteras. No me pongo límites, me gusta mantener la mente bien abierta”.