Lorne Walters: “Rumania corre el riesgo de convertirse en un centro de redes mafiosas”

Artículo publicado el 11 de Diciembre de 2006
Artículo publicado el 11 de Diciembre de 2006

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El día que UNICEF publica su informe anual sobre la infancia, Lorne Walters, investigador belga independiente, ataca a una justicia “a dos velocidades”: la de los derechos del hombre y la de los derechos del niño.

Hay un desconocimiento generalizado de lo que supone el sufrimiento de un niño”, afirma Lorne Walters. Desde hace 5 años, este investigador independiente especializado en el maltrato de los niños es también asesor de varias administraciones en Bélgica. Según las cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados de la ONU (UNHCR), en el año 2000, 50.000 menores habrían sido abandonados en toda Europa. La mitad de estos niños errantes provendría de Europa oriental.

¿Quiénes son los niños mendigo en las grandes aglomeraciones europeas?

Son, en su mayoría, niños que vienen de Grecia o de los antiguos países del Este: Albania, Eslovaquia, Rumania y Rusia. Estos países poseían -antes de la caída de la antigua Unión Soviética en 1991- estructuras sociales que permitían que la gente comiera y tuviera un techo. Han sido víctimas de una degradación fulgurante. Hoy en día, se vende, se roba, se abandona a estos niños, para ser luego atrapados por las redes mafiosas. La mendicidad, pero también la pedofilia, la pornografía, el tráfico de órganos o la prostitución son negocios jugosos. Los niños son considerados como mercancía barata. Rumania corre el riesgo de convertirse en un centro de estas redes.

Entonces, ¿el origen de estas redes se encuentra en factores económicos y sociales?

La pobreza viene acompañada de una criminalidad especial, que va más allá que la de la droga o las armas. No existe división entre estos distintos tipos de tráfico. Es como una cuenta bancaria en la que el dinero fluye en un sentido o en otro. Los traficantes actúan como hombres de negocios pragmáticos. Ciertamente, los hogares víctimas de la violencia doméstica facilitan la trata de menores: algunos padres descargan su frustración a base de gritos y golpes. A veces se llega incluso a la venta o el abandono del niño.

¿Cómo reaccionan los gobiernos frente a la situación de los jóvenes mendigos?

En la mayoría de los países de Europa se trata de un fenómeno clandestino. Como las víctimas, aterrorizadas, no quieren hablar, asistimos a una especie de reflejo xenófobo. Nos decimos: “estas personas vienen de fuera; mientras permanezcan en sus esquinas todo va bien”. Pero la legislación europea, en su decisión marco del 19 de julio de 2002, relativa a la lucha contra la trata de seres humanos, obliga a los países miembro a preocuparse de ello. En Francia, Nicolas Sarkozy, con la ley sobre la delincuencia quiere prohibir que los niños menores de seis años sean acompañados por adultos cuando mendiguen en el metro. Entonces, a los siete años, ¿está permitido? Esto supone un grave vacío legal que apunta malas maneras.

¿Cómo se puede luchar contra la mendicidad de los niños?

Incluso aunque se trate de un problema político-económico, no disponemos de ninguna estadística. Las personas que utilizan a los niños como cebo son, en un 90%, víctimas en sí, obligadas y forzadas por terceros. Incitar a la mendicidad con un niño supone en Bélgica un delito con factor agravante, punible con diez años de prisión. Es esclavitud moderna. Ni siquiera sabemos si la gente que mendiga con ellos son sus padres.

Para usted, ¿la solución es entonces la represión?

Nadie desea utilizar la represión. Pero es la única manera de sacar a estas personas de las garras de sus perseguidores. Según la UNICEF, entre 4.000 y 16.000 menores cruzan las fronteras de Europa de forma clandestina. El fenómeno se agrava cada vez más. Ahora bien, existe en la actualidad un vacío jurídico que favorece la criminalidad transnacional. Podemos incluso especular respecto a la gente que se encuentra en el poder y preguntarnos si están corruptos. Existe un desconocimiento generalizado de lo que supone el sufrimiento de un niño. ¿Por qué crear derechos “a dos velocidades”? Los del hombre y los del niño. Ya es hora de realizar encuestas, de informar al público y de liberar fondos.

Foto micro: Antonio Martin / Flickr

En Europa también hay niños invisibles

2 PREGUNTAS A: Zofia Dulska, especialista en comunicación del Comité Nacional Polaco de UNICEF.

¿Cuál es la situación de los niños en Europa?

A pesar de que es mucho mejor que en los países en vías de desarrollo -pues índices como el de mortalidad antes de los cinco años o el de escolarización no son preocupantes-, también hay muchos "niños invisibles" que necesitan ayuda. En toda Europa se dan casos de violencia contra niños –en algunos casos muy pequeños– que nos pillan por sorpresa porque ni los vecinos ni los conocidos sospechan que puede suceder una tragedia. Estos niños necesitan que se les preste atención. En algunos países hay serios problemas con minorías étnicas como la gitana, donde hay un gran problema de falta de escolarización: a las niñas no las mandan al colegio y a menudo las casan muy temprano. No se trata de un problema sólo de una minoría, sino de un problema europeo, porque entre la minoría musulmana en los países de Europa occidental también hay casos similares, aunque por suerte este no es nuestro principal campo de acción.

¿Hay algún caso de empleo infantil positivo que no sea sinónimo de explotación?

No existe el empleo infantil positivo. En los datos que da sobre empleo infantil, UNICEF hace la distinción: 246 millones de niños trabajan; de ellos, 180 millones realizan trabajos que ponen en peligro su salud y su vida.

Naturalmente, todo depende de la cultura de la que hablemos. Hay culturas en las que el niño ayuda en los trabajos de la casa y esa ayuda no le es en absoluto perjudicial. Sin embargo, allí donde se llega a la violación de los derechos de ese niño, donde por culpa del trabajo no puede estudiar, o donde se le vende con el fin de ganar dinero -como los niños de los países asiáticos vendidos en el Golfo Pérsico que se quedan allí como jinetes-, estamos ante una evidente violación de la Convención de los Derechos del Niño. Donde quiera que exista alguna forma de empleo, no es buena. Aunque, desde luego, hay que considerar cada caso concreto por separado.

Natalia Sosin, Varsovia

Traducción: Inés García